4 de enero de 2011

PACTAR CON EL DIABLO

La leyenda del Dr. Fausto nace en Alemania a fines del siglo XV, basada en un personaje de la vida real, tal vez de nombre Georgius Faustus, nacido alrededor del año 1480 y muerto en 1540. Se decía que era un hombre con poderes diabólicos. A partir de esta leyenda numerosos autores produjeron obras literarias y musicales de la mayor importancia, siendo la mayor el Fausto de Goethe, pasando por obras de Marlowe, Calderón de la Barca y mas recientemente por autores de la talla de Valery, Thomas Mann e inclusive Fernando Pessoa. La historia es bien conocida: El Dr. Fausto es un sabio que ha invertido su vida en busca de la sabiduría y el conocimiento y cuando llega a la vejez se da cuenta que sus metas son inalcanzables por lo que decide invocar al diablo y venderle su alma a cambio de satisfacer su infinita curiosidad. El diablo accede y le envía a su subalterno Mefistófeles quien durante 24 años le satisface todos sus deseos. No solo responde sus preguntas insaciables, sino le da juventud, le abre las puertas al amor, a la riqueza y a otros placeres mundanos. El Dr. Fausto quiere arrepentirse pero el diablo no lo permite. Al final sufre una muerte muy violenta y es llevado al infierno para la condenación eterna.

La leyenda y las obras literarias en torno a ella tienen muchas lecciones aún vigentes hoy en día. En los tiempos en que se escribió e inclusive aún hoy para millones de creyentes, el pactar con el Diablo a cambio del alma es el precio más alto que se pueda pagar por algo, ya que toda la vida está orientada a lograr la salvación y evitar una vida eterna de sufrimientos en el Infierno. Paradójicamente pactar con el Diablo implica un cierto grado de confianza en él esperando que cumplirá su parte y le dará lo que quiere a las personas que acuerdan con él. Pero ¿quién puede confiar en el Diablo?

Hoy en día seguramente habrá personas que deseen pactar con el Diablo para alcanzar sus inconfesables fines, pero seguramente no están bien de sus facultades mentales. Sin embargo lo que se ve con mas frecuencia es a amplios sectores de la sociedad dispuesta a hacer lo mismo con las versiones del Diablo encarnadas en delincuentes que la sociedad padece y tolera, permitiendo que estos personajes hagan de las suyas.

Pareciera que en nuestro país se ha desatado el mal. Las acciones y los crímenes de la delincuencia organizada parecen producto de las mentes mas perversas que tengamos memoria. La violencia y la inseguridad dominan las noticias y las conversaciones de las personas. Se ha desatado una guerra entre los delincuentes y contra las autoridades con una violencia que no se veía en nuestro país desde los años veintes cuando terminaron los últimos movimientos revolucionarios.

Hoy se vive una guerra diferente a las revolucionarias porque se trata de un enemigo sin rostro, sin uniforme, agazapado en la clandestinidad, camuflajeado como persona respetable, confundido con los ciudadanos comunes y corrientes, con empresarios, con autoridades, entre nuestros vecinos. Se vive una guerra porque se ha decidido enfrentarles a fondo. Por muchos años se prefirió “pactar” con ellos, hacer la vista a un lado para que desarrollaran sus negocios ilícitos. Se prefirió enriquecerse con las complicidades para que se desarrollara todo bajo el agua, discretamente sin hacer ruido; en paz porque a todos alcanzaba un poco del beneficio: a empresarios, a autoridades, a simples campesinos sin mejores opciones, a sacerdotes, a jóvenes sin futuro. Así fue creciendo el problema a lo largo de los años. Cambiaron las circunstancias, se recrudecieron las pugnas entre ellos, se dificultó el acceso al país del norte, cambió el gobierno.

Ahora hay quienes proponen que se “pacte” nuevamente como se pactaba en el pasado a cambio de una aparente y engañosa paz. Pero no es posible una tregua, puesto que esto no es una guerra común contra un enemigo tradicional. No se puede pactar el permitir el libre asesinato de personas, el libre cobro de extorsiones, el libre secuestro de personas, la libre venta de drogas a menores de edad y jóvenes, el libre robo de jovencitas para ser prostituídas, el libre robo de casas, coches, mercancías o el asalto a personas. Esta es una guerra sin retorno en la que hay que tomar partido forzosamente. Las complicidades disfrazadas de pactos, sólo permitirán que la delincuencia se apodere de todo.

Al Dr. Fausto lo pudo haber salvado el arrepentimiento. El Diablo no lo dejó. A nuestra sociedad la puede salvar la acción decidida. No lo hará la complicidad. Porque quien pacta con el Diablo se asegura un lugar en el Infierno.

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