7 de junio de 2026

EDGAR MORIN: EL DESAFÍO DE LA COMPLEJIDAD

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

     Todos hemos experimentado situaciones que nos recuerdan que la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta. A veces tomamos una decisión convencidos de que producirá un resultado determinado y terminamos enfrentando consecuencias inesperadas. La vida cotidiana está llena de acontecimientos donde intervienen múltiples factores, interacciones y el azar. Comprender por qué ocurren y cómo se relacionan entre sí es una tarea mucho más difícil de lo que suponemos.

 La búsqueda de un método para comprender la realidad

    El pasado 3 de junio falleció en París el filósofo, sociólogo y antropólogo francés Edgar Morin, uno de los pensadores más influyentes de los siglos XX y XXI. De origen sefardí, Morin dedicó buena parte de su larga vida intelectual a desarrollar una forma distinta de comprender la realidad, convencido de que los enfoques tradicionales fragmentaban el conocimiento y resultaban insuficientes para explicar el mundo. Su legado más importante consiste en haber impulsado lo que llamó el “pensamiento complejo”, una propuesta destinada a entender los fenómenos humanos, sociales y naturales a partir de sus relaciones e interdependencias.

 La muerte como punto de partida

    Ante el fallecimiento prematuro de su madre cuando él tenía diez años y que le afectó profundamente, su preocupación filosófica inicial fue la muerte. Morin observó una paradoja fundamental: el ser humano comparte con todos los seres vivos la certeza de la muerte, pero es el único que posee plena conciencia de ella. Esta conciencia lo lleva a construir complejos sistemas religiosos, filosóficos y culturales destinados a explicar, negar o trascender ese destino inevitable.

 El proyecto intelectual de Edgar Morin

     Más tarde, su pensamiento fue evolucionando al ir recurriendo a disciplinas muy diversas. En su libro autobiográfico Mis demonios, explica cómo incorporó conocimientos provenientes de la biología, la teoría de la información, la cibernética, la informática y las ciencias sociales para construir su obra más ambiciosa: El Método, una serie de seis volúmenes, considerada uno de los mayores esfuerzos intelectuales del siglo XX, para elaborar una teoría general del conocimiento que fuera capaz de superar la fragmentación disciplinaria que provoca la especialización.

 Un accidente de tránsito

    La teoría de Morin puede parecer abstracta, pero se aclara cuando se aplica a situaciones comunes. Imaginemos que una mañana salimos de casa rumbo al trabajo. Calculamos que llegaremos en treinta minutos, como siempre. Sin embargo, unas cuadras adelante descubrimos que hubo un accidente. El tránsito se detiene. Decidimos tomar una ruta diferente, pero cientos de conductores hacen exactamente lo mismo. Las calles secundarias se congestionan. Finalmente llegamos tarde a una reunión importante, la reunión se pospone y afecta a otros proyectos.

 Principios para interpretar la complejidad

   Morin propone una serie de principios que, desde mi punto de vista, están basados en la teoría de sistemas y nos ayuden a entender esta situación compleja:

 El principio sistémico señala que el retraso no puede explicarse únicamente por el accidente. Intervinieron la infraestructura vial, las decisiones de cientos de conductores, los horarios laborales, la programación de los semáforos y muchos otros factores. El resultado surge del sistema completo y no de un único elemento.

 El principio hologramático sostiene que cada conductor forma parte del embotellamiento, pero al mismo tiempo el embotellamiento se expresa en cada conductor. La totalidad está presente en cada una de sus partes.

 El principio de retroalimentación muestra cómo los intentos de evitar el embotellamiento generan nuevas congestiones. Los efectos regresan sobre las causas y las transforman.  

 El principio recursivo indica que el tráfico modifica las decisiones de las personas y que esas decisiones vuelven a modificar el tráfico. El producto se convierte a su vez en productor.

 El principio dialógico revela que orden y desorden coexisten permanentemente. La ciudad cuenta con reglas, semáforos y sistemas de planeación, pero basta un accidente para introducir el caos. Ambos elementos son necesarios para comprender lo que ocurre.

 Finalmente, el principio de incertidumbre recuerda que nadie puede prever con exactitud las consecuencias de un hecho aparentemente menor. Un accidente puede provocar apenas unos minutos de retraso o desencadenar una cadena de acontecimientos que afecte a miles de personas durante todo el día.

  Por ello, una explicación simple como “llegué tarde porque hubo un accidente” resulta insuficiente. La realidad está formada por redes de relaciones e interacciones que producen consecuencias inesperadas y difíciles de anticipar.

 El legado de Morin

    Edgar Morin no resolvió todos los problemas que plantea la complejidad. Sin embargo, nos invita a abandonar las explicaciones simplistas y a reconocer que el mundo está formado por múltiples relaciones, influencias recíprocas e incertidumbres. Su obra nos recuerda que comprender exige conectar, relacionar y contextualizar.

    El mundo intelectual pierde a uno de sus grandes pensadores, pero su legado seguirá guiando a quienes buscan comprender una realidad que es mucho más compleja de lo que parece.

EMPRESARIOS E IDEOLOGÍA

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

    En los países donde existen condiciones para que los emprendedores prosperen, han surgido empresas tecnológicas de alcance mundial que han transformado la vida cotidiana de miles de millones de personas, y han sido capaces de modificar hábitos, formas de comunicación, consumo, trabajo, entretenimiento y hasta participación política.

 Del negocio a la visión del mundo

     Algunos de estos empresarios han adquirido un protagonismo que va mucho más allá de sus negocios. Elon Musk es quizá el caso más visible. La adquisición de Twitter, hoy X, le dio un foro de 600 millones de usuarios activos mensuales a los que comunica diariamente sus ideas. Así,  los grandes empresarios tecnológicos ya no son solo innovadores o inversionistas; algunos se han convertido en actores ideológicos promoviendo una determinada interpretación del mundo.

Peter Thiel y la filosofía de la innovación

    Un caso interesante es Peter Thiel. Filósofo y abogado formado en Stanford, cofundador de PayPal y cofundador de Palantir Technologies, Thiel ha sido uno de los personajes más influyentes y polémicos de Silicon Valley.  Thiel sostiene que el progreso tecnológico radical —especialmente en inteligencia artificial, biotecnología, software, energía y exploración espacial— es una de las principales vías para revitalizar a Occidente al que considera estancado por exceso de burocracia, regulación y conformismo.

     Su visión parte de la idea de que la innovación verdaderamente relevante no consiste en competir dentro de mercados existentes, sino en crear algo nuevo, dominante y difícil de replicar. Para Thiel, la competencia excesiva puede ser una forma de imitación destructiva: todos copian a todos, los márgenes se reducen y la innovación se diluye. Por eso defiende el concepto de monopolios creativos: empresas que evitan la competencia porque así resuelven problemas únicos y generan nuevas categorías de valor.

     Piensa que unas pocas personas muy talentosas pueden transformar la historia, por lo que apoya a emprendedores e innovadores disruptivos. Además, se interesa en el transhumanismo y la longevidad, financiando proyectos orientados a extender la vida humana y superar límites biológicos mediante tecnología.

 René Girard y el deseo mimético

     Una de las mayores influencias intelectuales de Thiel fue René Girard, filósofo, crítico literario y antropólogo francés que desarrolló buena parte de su carrera en Stanford. Girard desarrolló la teoría del deseo mimético, según la cual los seres humanos no desean de manera autónoma, sino que aprenden a desear imitando los deseos de otros. Esa imitación puede generar rivalidad, competencia y conflicto.

    Girard elaboró también su teoría del chivo expiatorio: las sociedades, cuando acumulan tensiones internas, tienden a canalizarlas contra individuos o grupos a los que culpan simbólicamente de sus conflictos. Ese mecanismo permite restaurar temporalmente el orden, pero lo hace a costa de una víctima.

   Thiel trasladó esa filosofía al mundo empresarial y tecnológico. Si el deseo mimético lleva a las personas y a las empresas a copiarse unas a otras, entonces la verdadera innovación exige escapar de la imitación. Las compañías más valiosas no son las que compiten haciendo lo mismo que las demás, sino las que descubren un espacio propio.

 Deconstrucción contra tecnología creativa

     Los críticos del posestructuralismo tales como Girard y Thiel sostienen que pensadores como Foucault, Derrida y Deleuze propagaron una visión donde toda verdad, institución o jerarquía se interpreta principalmente como una construcción de poder que debe ser deconstruida o cuestionada. Esto favorece el cinismo, la fragmentación social, la política identitaria y una cultura centrada más en denunciar, deslegitimar o destruir estructuras existentes que en construir proyectos duraderos.

       En contraste, la visión de Girard considera que el verdadero progreso exige escapar de la imitación destructiva para crear algo genuinamente nuevo y valioso. De ahí que Thiel interprete a Girard como una filosofía orientada a la innovación, trascendencia y creación —empresas, tecnología, ciencia, descubrimientos— mientras que gran parte de la cultura posestructuralista queda reducida a una crítica permanente, resentimiento y luchas de poder.

 El empresario como actor ideológico

      Empresarios como Thiel no solo transforman la vida material de las personas mediante sus innovaciones; también proponen una visión del mundo. En México, Ricardo Salinas Pliego lo ha intentado,  aunque con un discurso menos sofisticado intelectualmente: una defensa frontal del capitalismo, la libertad económica y la crítica a los excesos del gobierno.

 Empresas que producen ideas

    La empresa moderna, particularmente la tecnológica, ya no solo produce bienes y servicios. También produce cultura, símbolos e ideología. Sus fundadores en algunos casos son líderes de opinión que influyen en debates sobre libertad, competencia, innovación, regulación, democracia y futuro.

 Las grandes empresas tecnológicas no solo compiten por consumidores o mercados sino por definir qué entendemos por progreso, qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel debe ocupar la iniciativa privada frente al Estado. En esa disputa, los empresarios se han convertido no solo en creadores de riqueza sino en intérpretes del futuro.

  

14 de mayo de 2026

DE NUEVO EN LA LUNA

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La misión Artemis II circunnavegó recientemente la Luna. La última presencia humana en nuestro satélite había ocurrido hace 54 años, con la misión Apolo 17. Para quienes atestiguamos aquella etapa de la exploración espacial, parecía entonces que las travesías espaciales se volverían algo cotidiano. Se pensaba que quizá nosotros, pero, con mayor certeza nuestros hijos, veríamos viajes regulares hacia la Luna e incluso hacia otros planetas. La visión de Stanley Kubrick en su película 2001: Una Odisea del Espacio reflejaba ese futuro posible, al tiempo que advertía sobre los riesgos de una inteligencia artificial desquiciada.

 El abandono del programa Apolo

     Sin embargo, ese impulso se detuvo. El fin del programa Apolo no obedeció a una falta de capacidad técnica, sino a la pérdida de su justificación política, económica y estratégica. Las misiones eran muy costosas y, una vez cumplido el objetivo de imponerse en la carrera espacial frente a la Unión Soviética, pasó el interés por seguir enviando humanos a la Luna y el proyecto fue cancelado en 1972.

  El nuevo contexto geopolítico y tecnológico

     Hoy el interés ha resurgido. Por un lado, la competencia geopolítica ha vuelto a colocar al espacio como un ámbito estratégico. Estados Unidos no puede ignorar el avance de otras potencias, particularmente de China, que desarrolla su propio programa lunar. Por otro lado, el surgimiento de empresas privadas ha transformado profundamente la industria. Compañías como SpaceX y Blue Origin han demostrado que es posible reducir de manera significativa los costos mediante la reutilización de cohetes y procesos más eficientes. Esto ha permitido a la NASA modificar su papel: ya no es la única entidad que diseña y construye toda la tecnología, sino que puede adquirir servicios y sistemas desarrollados por el sector privado, disminuyendo riesgos y acelerando la innovación.

 Control estratégico y visión de largo plazo

     No obstante, tampoco resulta aceptable para el gobierno estadounidense dejar en manos de empresas privadas, sobre las cuales no tiene control total, el rumbo de la exploración espacial, ni mucho menos ceder la iniciativa a otra nación. El programa Artemis no busca únicamente repetir las hazañas del pasado, sino sentar las bases para una presencia sostenida en la Luna, con la posibilidad de aprovechar recursos, desarrollar tecnologías de supervivencia fuera de la Tierra y, en el largo plazo, preparar la llegada del ser humano a Marte.

 El dilema del gasto público

     En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó una pregunta pertinente: si recursos de tal magnitud deberían destinarse a la exploración espacial en lugar de utilizarse para mejorar las condiciones de vida de millones de personas en situación de pobreza. Se trata de un dilema que ya se formulaba en los años sesenta durante el programa Apolo. Y es una inquietud legítima. Siempre habrá necesidades urgentes que compitan por el gasto público. Sin embargo, también es cierto que la inversión en exploración espacial ha generado avances tecnológicos, desarrollo industrial, empleos altamente calificados y ventajas estratégicas para los países que la impulsan.

  México puede mejorar su gasto

     Pero si se trata de cuestionar el uso del dinero público, conviene también mirar cómo se utiliza en México. La cancelación del aeropuerto en Texcoco implicó un costo cercano a cinco veces el de la misión Artemis II,  sin traerle ningún beneficio al país, sino solo un enorme daño. La refinería de Dos Bocas ha representado entre cuatro y cinco veces el costo de Artemis II,  siendo que su producción es limitada y sus pérdidas elevadas.  La inversión en el Tren Maya es casi ocho veces el costo del Artemis II y no se espera que sea un proyecto rentable en muchos años. Pemex pierde en un año el equivalente al costo de dos misiones Artemis II. La NASA ha invertido cerca de 90 mil millones de dólares en el programa Artemis, pero la comparación anterior es solo sobre el costo de la misión Artemis II.

     Por otra, la pobreza ha disminuido mediante incrementos al salario mínimo y programas de transferencias sociales, pero estas políticas dependen de la disponibilidad de recursos fiscales y, esto no se logra sin crecimiento económico (llevamos ya 7 años prácticamente sin crecimiento). Además, incrementos salariales por decreto, sin aumentos en productividad,  pueden traducirse en presiones inflacionarias y mayor informalidad. El problema no es cuánto se gasta, sino la eficacia y el sentido de ese gasto.

 Prioridades y futuro

     Es válido preguntarse si la exploración espacial debe ser prioritaria frente a necesidades sociales urgentes. Pero también es indispensable reconocer que los países que lideran la innovación científica y tecnológica son los que aseguran su desarrollo futuro. Quizás, antes de cuestionar si otras naciones deben invertir en llegar a la Luna, valdría la pena preguntarnos si en México estamos utilizando de la mejor manera posible nuestros propios recursos.

PARÁBOLA DE LAS CUCARACHAS Y LA SOBERANÍA

 

Por: Octavio Díaz García de León


     Supongamos que su vecino le dice que hay una plaga de cucarachas en su casa y que ha detectado que vienen de la casa que usted habita. Usted ya había notado su presencia desde tiempo atrás, pero decidió no fumigar porque considera que hacerlo podría ser dañino para usted y su familia. Cuando las cucarachas se vuelven insoportables, las aplasta una por una con un zapato, sin intentar erradicar realmente el problema.

    Su actitud obedece además a una extraña convicción: cree que convivir con cucarachas es útil para mantener limpia la casa de restos de comida y sirven para alejar visitas indeseables. Así, nadie querrá acercarse demasiado a su hogar ni interferir con su vida privada. Su familia, aunque padece la infestación, guarda silencio. Le teme al jefe de familia y ha aprendido a convivir resignadamente con sus manías.

     El vecino, cansado de la situación, le advierte que, si usted no actúa, llamará a la policía para fumigar de manera forzosa. Usted responde indignado que eso sería una invasión intolerable a su propiedad privada y una violación a sus derechos y los de su familia y que no lo permitirá. Sin embargo, usted no podrá oponerse a la policía pues aparte de que ellos tienen armas, el vecino también tiene derecho a impedir que la plaga siga propagándose.

   Entonces usted decide colocar letreros defendiendo su “derecho” a vivir con cucarachas y exigiendo respeto absoluto a su propiedad, sin importar el daño que la plaga cause al vecindario o incluso a su propia familia.

    Pero como la plaga afecta a todos, el interés colectivo termina imponiéndose. Nadie pretende despojarlo de su casa; lo que buscan es eliminar aquello que pone en riesgo a todo el entorno. Y si usted insiste en proteger la infestación mientras protesta por todas partes, llegará un momento en que los demás concluirán que el problema ya no es solamente sanitario, sino también de falta juicio e irresponsabilidad suya y probablemente termine en la cárcel o un manicomio.

 El narcotráfico como plaga

    La metáfora resulta aplicable a la relación entre México y Estados Unidos frente al narcotráfico. La reciente solicitud del gobierno estadounidense para extraditar al gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, al Senador Insunza y al presidente municipal de Culiacán, los tres en funciones y miembros destacados de MORENA, además de otros exfuncionarios públicos sinaloenses, por investigaciones relacionadas con delincuencia organizada, reflejan que Estados Unidos considera que México no ha podido —o no ha querido— combatir eficazmente a los grupos criminales que operan desde nuestro territorio.

     El mensaje de Washington es claro: el tráfico de drogas, el lavado de dinero, el trasiego de armas y las redes de corrupción afectan simultáneamente a ambos países y generan consecuencias económicas, sociales y de seguridad a escala continental.

    La reacción del gobierno mexicano se ha centrado en la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, invocar la soberanía como argumento mientras el crimen organizado continúa expandiendo su control territorial, infiltrando instituciones públicas y diversificando sus actividades hacia la extorsión, el secuestro, el robo y el homicidio, termina pareciendo más una complicidad que una solución al problema.

 La soberanía y sus límites

    Ningún Estado moderno vive aislado. Menos aún México y Estados Unidos, cuya relación es una de las más interdependientes del planeta: las remesas enviadas desde Estados Unidos a México ascendieron en 2025 a 61.8 mil millones de dólares. El comercio bilateral ronda los 840 mil millones de dólares anuales, ubicándose entre los más grandes del mundo y millones de familias mexicanas y estadounidenses dependen de esa relación económica.

        Por otra parte, resulta imposible sostener que los problemas de seguridad de uno no afectan inevitablemente al otro. Se estima que México exporta droga ilegalmente por 100 mil millones de dólares anuales hacia Estados Unidos y desde Estados Unidos ingresan ilegalmente cientos de miles de armas de fuego que fortalecen a las organizaciones criminales. Se trata de un fenómeno binacional cuya solución difícilmente puede alcanzarse mediante discursos nacionalistas o descalificaciones mutuas.

 Cooperación o confrontación

    Reducir el debate a una supuesta agresión imperialista o a una conspiración política simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. Estados Unidos no solo persigue a personajes vinculados a MORENA; también encarceló a Genaro García Luna, quien fue una de las figuras más importantes de la estrategia de seguridad durante gobiernos anteriores. Lo que busca Washington no es exclusivamente capturar narcotraficantes, sino desmantelar las redes de corrupción política, financiera y policial que hacen posible el funcionamiento de los cárteles.

     El gobierno de México haría mejor en construir mecanismos de cooperación real con Estados Unidos, en lugar de convertir cada señalamiento en un conflicto diplomático. La alternativa no es entre soberanía o sumisión, sino entre colaboración inteligente o deterioro progresivo de la relación bilateral.

  

26 de marzo de 2026

EN BUSCA DE LA MEXICANIDAD

 

 

Por: Octavio Díaz García de León

                                                                 “El mexicano no quiere ser ni indio ni español.

Tampoco quiere descender de ellos.  Los niega.

Y no se afirma en tanto que mestizo

sino como abstracción: es un hombre.

Se vuelve hijo de la nada.

Él empieza en sí mismo”

Octavio Paz (El Laberinto de la Soledad)

 

    El encontrar que es la mexicanidad ha sido una de las grandes preocupaciones intelectuales de los mexicanos.  Es la consecuencia de una historia marcada por la Conquista, la fusión de pueblos, la herencia virreinal, la independencia y el prolongado esfuerzo por construir una nación unificada a partir de una realidad plural.

 Construcción de la identidad nacional

   Durante el virreinato se fue configurando una sociedad nueva, en la que el español se consolidó como lengua predominante, enriquecida por vocablos indígenas, mientras que el catolicismo se extendió mediante un amplio proceso de sincretismo religioso. Esto lo vislumbraron intelectuales del siglo XVI como Sor Juana Inés de la Cruz quien escribió los poemas mas hermosos del idioma español, a la vez que escribió poemas en náhuatl.

   La independencia no resolvió el problema de la identidad nacional. En sus primeras etapas, el movimiento insurgente fue una reacción a la invasión napoleónica de España y en defensa de la monarquía española, antes de transformarse en un proyecto político emancipador, encabezado por criollos que buscaban autonomía y poder propio.

   Tras la consumación de la independencia, México buscó distanciarse del pasado virreinal. Aun así, innumerables instituciones virreinales que reconocían diferencias y privilegios a los diferentes grupos que integraban la sociedad novohispana, prevalecieron hasta la Reforma de los liberales a mediados del siglo XIX, cuando se impuso una concepción igualitaria y abstracta del ciudadano. Como señala Octavio Paz: “La República no está compuesta por criollos, indios y mestizos […] sino por hombres, a secas. Y a solas.” Esta idea refleja la aspiración liberal de eliminar distinciones legales basadas en origen étnico o condición social.

 El mestizaje como explicación de la nación

   A partir del siglo XX y hasta el presente, una de las interpretaciones más influyentes de lo que define la mexicanidad ha sido la del mestizaje, que tiene un fuerte contenido racial al referirse a la fusión de dos “razas”:  indígenas y europeos. Así, el mestizo fue elevado a figura central de la nación. Esta narrativa fue promovida como eje de cohesión e identidad pero a costa de minimizar la pluralidad étnica y cultural del país.

 El problema del concepto de raza

   El concepto de “raza” que en su origen sustentaba el concepto de mestizo,  presenta problemas fundamentales. Surgido en el siglo XIX, este término fue utilizado para clasificar a los seres humanos según características físicas. Sin embargo, la genética contemporánea ha desacreditado esa visión. A nivel de ADN, los seres humanos compartimos aproximadamente más del 99.9% de su material genético, lo que invalida cualquier jerarquización racial. Hoy se reconoce que se trata de una construcción social e ideológica, históricamente empleada para justificar el colonialismo y, en casos extremos, políticas genocidas como las impulsadas por Hitler durante el nazismo.

Vasconcelos y la “raza cósmica”

   José Vasconcelos llevó la idea del mestizaje a su formulación más ambiciosa con el concepto de la “raza cósmica”. En esa visión, el mestizaje no era solo una realidad histórica, sino el anuncio de una nueva síntesis civilizatoria y ofrecía una narrativa optimista de integración nacional.  Ahora, la discusión contemporánea sobre la mexicanidad ha evolucionado hacia el reconocimiento de la pluralidad cultural: desde los pueblos indígenas hasta las comunidades menonitas y mormonas, que conservan prácticas culturales propias.

 Diversidad cultural y derechos humanos

   El reconocimiento de la diversidad cultural no implica la aceptación irrestricta de todas las prácticas sociales ni aceptar sin más cualquier práctica en nombre de la tradición. En un Estado moderno, el respeto a los derechos humanos constituye un límite infranqueable. No pueden justificarse prácticas que vulneren derechos fundamentales bajo el argumento de usos y costumbres. La diversidad merece respeto; la violación de derechos, no.

Hacia una nueva concepción de lo mexicano

  La mexicanidad no puede definirse únicamente en función del pasado. Una nación no se explica únicamente por su origen; también se define por el proyecto de futuro que es capaz de construir. El mexicano deberá ser, ante todo, un ciudadano cosmopolita: abierto al mundo, receptivo a las ideas científicas y tecnológicas, y comprometido con la democracia, la libertad y el desarrollo de su comunidad.

  México continúa buscando una identidad que no excluya, sino que integre; que no se ancle en el pasado, sino que proyecte una visión moderna hacia el futuro. La mexicanidad no debería entenderse como una esencia fija ni como una herencia racial, sino como una tarea colectiva: la de articular memoria, ciudadanía, diversidad y futuro dentro de un moderno proyecto nacional.

 

16 de marzo de 2026

EL NUEVO AUDITOR SUPERIOR: FISCALIZACIÓN O POLÍTICA

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

    La Cámara de Diputados eligió por amplia mayoría al nuevo Auditor Superior de la Federación, Aureliano Hernández Palacios Cardel, para un periodo de ocho años. Se trata de una designación relevante porque marcará el rumbo de una institución clave para la supervisión del uso de los recursos públicos en México.

    Se anticipa que podría existir continuidad respecto a la gestión anterior, ya que el nuevo Auditor formó parte del equipo del Auditor Superior anterior. También se ha señalado su cercanía política con la presidenta Sheinbaum, lo que ha generado cuestionamientos sobre el grado de independencia que ejercerá la institución frente al Poder Ejecutivo.

 Independencia formal y realidad política

     La Auditoría Superior de la Federación (ASF) fue concebida como un órgano técnico dependiente de la Cámara de Diputados para garantizar un mayor grado de autonomía frente a los Poderes Ejecutivo y Judicial. Desde esta posición institucional tiene la facultad de fiscalizar el gasto federal ejercido en todo el país, no sólo por las dependencias del gobierno federal sino también por los gobiernos estatales y municipales cuando administran recursos federales. Sin embargo, la independencia formal no siempre se traduce en independencia efectiva. En el pasado reciente se ha cuestionado si la institución ha actuado con suficiente independencia frente al poder político.

     También podría ser que, dada la cercanía política del nuevo Auditor Superior con la presidenta, la ASF podría hacer revisiones sobre irregularidades heredadas de la administración anterior, para desplazar a actores políticos indeseables. En todo caso, el nuevo Auditor Superior cuenta con preparación técnica y experiencia en la administración pública, lo que permite esperar una gestión con cierto grado de profesionalismo.  Pero todavía es demasiado pronto para anticipar cuál será el rumbo que tomará su gestión.

 Resultados recientes de la fiscalización

     De acuerdo con los informes del resultado de la fiscalización superior correspondientes a la Cuenta Pública 2024, cuyos resultados se presentaron en diversas entregas durante 2025 y febrero de 2026, la ASF contaba con aproximadamente 2,560 plazas entre personal de base y de confianza. Durante ese proceso de fiscalización se realizaron 2,264 auditorías y se generaron alrededor de 2,028 acciones u observaciones derivadas de los procesos de revisión. En conjunto, los montos por aclarar ascendieron a aproximadamente 65,169 millones de pesos. Esta cantidad representa cerca del 0.71 por ciento del presupuesto público federal ejercido en 2024, que fue el ejercicio fiscal revisado.

 Fiscalizar no es lo mismo que combatir la corrupción

    A menudo se atribuye a la ASF la función de combatir la corrupción. Sin embargo, esta interpretación resulta imprecisa. El propósito fundamental de la ASF es fiscalizar el uso de los recursos públicos y verificar el cumplimiento de la normatividad aplicable. Cuando en el proceso de auditoría se detectan irregularidades que podrían constituir actos de corrupción, ello suele ser un resultado indirecto del proceso de revisión.

    Las auditorías se concentran en verificar el cumplimiento de normas administrativas y presupuestales, mientras que muchos esquemas de corrupción se diseñan precisamente para aparentar legalidad. Por esa razón, los actos de corrupción rara vez son detectados directamente mediante auditorías tradicionales. Su identificación requiere herramientas propias de las investigaciones criminales, como análisis patrimoniales, inteligencia financiera o técnicas de investigación especializadas que normalmente corresponden a instituciones de procuración de justicia.

Desafíos de la nueva gestión

    El nuevo Auditor Superior inicia su mandato en un momento en el que la exigencia social de transparencia y rendición de cuentas es cada vez mayor. Su principal desafío será fortalecer la credibilidad de la institución y demostrar que la fiscalización del gasto público puede realizarse con rigor técnico y sin sesgos políticos. También deberá hacer uso más amplio de las facultades que fueron ampliadas a partir de las reformas de 2016, las cuales permiten a la ASF investigar, substanciar y resolver faltas administrativas no graves e investigar faltas graves para prevenir e inhibir de irregularidades administrativas.

    Al mismo tiempo, será necesario atender diversos señalamientos formulados por exfuncionarios de la propia ASF sobre presuntas irregularidades internas durante la gestión del Auditor Superior saliente. Aclarar cualquier duda sobre el funcionamiento interno de la institución será fundamental para fortalecer su legitimidad.

Una oportunidad para fortalecer la rendición de cuentas

    La responsabilidad que asume el nuevo Auditor Superior es considerable. Si la nueva administración logra ejercer sus facultades con independencia, profesionalismo y transparencia, la ASF podrá ser uno de los pilares del sistema de rendición de cuentas del país. No queda sino desear que la gestión del Mtro. Aureliano Hernández Palacios Cardel se distinga por su rigor técnico y deje una huella positiva en la supervisión del uso de los recursos públicos federales y, en la medida de lo posible, contribuya también a mitigar prácticas de corrupción en la administración pública.Principio del formulario

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7 de marzo de 2026

LA MUERTE DEL “MENCHO”: PUNTO DE QUIEBRE

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La captura y muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oseguera, alias “El Mencho”, sacudió al país. No solo por la relevancia de la noticia al haber eliminado a uno de los lideres criminales más notorios, sino por la oleada de ataques que siguió a su caída. La respuesta violenta mostró el alcance del CJNG: su presencia territorial, sus recursos, su capacidad operativa, su armamento y, sobre todo, el factor sorpresa con el que logró desbordar a la Guardia Nacional y poner contra las cuerdas a buena parte de las fuerzas de seguridad. Lo más grave, sin embargo, fue el saldo humano y social: la pérdida de 28 integrantes de la Guardia Nacional, decenas de víctimas adicionales, daños considerables a propiedades y una parálisis temporal de todo tipo de actividades en varios estados.

 La sorpresa y la débil respuesta

     Más allá del impacto mediático, el episodio dejó una lección: el Estado sigue teniendo dificultades para responder con rapidez y coordinación ante ataques simultáneos en distintos puntos del país. La logística criminal —bloqueos, agresiones, incendios y hostigamiento directo a instalaciones— se desplegó con una sincronía que evidenció planeación, mando y disciplina operativa. Fue una ofensiva diseñada para generar confusión, exhibir fuerza y, de paso, enviar un mensaje: aun sin su líder, el CJNG conserva capacidad de hacer daño.

 Estados Unidos: presión creciente

     Este golpe no redujo la presión del presidente Trump. Su primera reacción apuntó a que México “debe hacer más” contra el narcotráfico, acompañada de su insistencia en una participación más directa de tropas estadounidenses. Tras el despliegue de poder mostrado por el CJNG, esta propuesta debería tomarse en cuenta.

 Logro táctico, pero no el fin del CJNG

     Sin demeritar el logro de las fuerzas armadas mexicanas, conviene no confundir un golpe táctico con una victoria estratégica. La muerte de un líder desorganiza, reconfigura y abre disputas, pero no elimina el entramado que sostiene a la organización. Mientras permanezcan las condiciones que dieron origen a esta fuerza narco-militar, esta seguirá existiendo, quizá bajo nuevos dirigentes, con otro nombre o con nuevas alianzas, pero con la misma vocación de control territorial y desafío al Estado.

 Causas estructurales  

     El fenómeno se explica por los factores que la alimentan: la enorme demanda de drogas en el país vecino; la facilidad para contrabandear armas de alto poder; la corrupción de autoridades; la captura de municipios y gobiernos estatales mediante elecciones financiadas por los narcos; las complicidades con mandos de seguridad; y el desgaste institucional que implicó asignar a las fuerzas armadas, desde el sexenio pasado,  tareas ajenas a su función principal, que las distraen, las debilitan y, en algunos casos, las corrompen.

 Del “dejar hacer” a la confrontación

    El cambio de enfoque en la estrategia de seguridad de la presidenta Sheinbaum es relevante. Se ha transitado de una política tolerante a los criminales, resumida en el lema “Abrazos, no balazos”, que ya tenía 7 años de vigencia, hacia una estrategia de confrontación abierta que tiene similitudes con la estrategia de Calderón. Con este paso dado, será difícil volver a esa política de tolerancia con delincuentes.  Además, la presión de Estados Unidos vuelve políticamente inviable reabrir espacios de negociación informal con los cárteles.  Al mismo tiempo, el costo interno de tolerar la libertad con la que los estos asaltan, extorsiona y asesinan empieza a erosionar el sustento político de MORENA. Recuperar territorios ya no es solo una necesidad de seguridad: es una necesidad de gobernabilidad, y también de supervivencia política.

 La “Guerra de Sheinbaum”

    Las repercusiones políticas para la presidenta se reflejan en la reacción del crimen organizado. Los ataques a instituciones emblemáticas del sexenio anterior —como el Banco del Bienestar y la Guardia Nacional— pueden interpretarse como una señal de que hay un rompimiento, aunque haya tratado de suavizarlo permitiendo un sepelio de lujo exorbitante a "El Mencho",  protegido por las mismas fuerzas que lo abatieron y a las cuales causó tantas bajas.  En paralelo, se percibe un ambiente de alerta en el gobierno que confirma que podrían esperarse nuevas confrontaciones ya sea entre las facciones del CJGN para asegurar nuevos liderazgos y/o con las fuerzas federales.  

     Estamos quizás ante un punto de quiebre. Podría ser el inicio de una nueva etapa, con el precio político, institucional y humano que implica enfrentar al narco para recuperar gobernabilidad y apoyo popular. Si la confrontación con la delincuencia organizada se sostiene, podría llevar a la liberación del país de su yugo y la recuperación de la paz. Tal vez este sea el parteaguas que muchos esperaban del gobierno de la presidenta Sheinbaum, y quizá con el tiempo, esta decisión de enfrentar al crimen organizado acabe por conocerse con el nombre de “La Guerra de Sheinbaum”. Pero sin importar etiquetas, lo perdurable será pasar a la historia como la presidenta que pudo quitar a los delincuentes el control de buena parte del país.

14 de febrero de 2026

EMPODERAR AL CIUDADANO: LA NUEVA REFORMA ANTICORRUPCIÓN

 

Por: Octavio Díaz García de León


    Recientemente, la presidenta Sheinbaum anunció la intención de reformar al Sistema Nacional Anticorrupción. En sus declaraciones señaló que el objetivo es empoderar al ciudadano en el combate a la corrupción, al considerar que el sistema no ha funcionado adecuadamente y que se requieren modificaciones para que las denuncias presentadas por la población tengan consecuencias efectivas. Su anuncio es relevante, ante la muy baja calificación de México en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional (Calificación 27/100 y lugar entre países: 141/182) pero exige una transformación más profunda del sistema anticorrupción.

 Antecedentes históricos

   La posibilidad de denunciar actos indebidos de servidores públicos no es una innovación reciente. Desde la época virreinal existía la figura del Visitador que recibía denuncias de cualquier súbdito, y era el encargado de inspeccionar, corregir y, si era necesario, sancionar a las autoridades locales, incluido el propio virrey. Durante el siglo XIX se desarrollaron diversas disposiciones sobre responsabilidades administrativas. Posteriormente, la Constitución de 1917 incorporó en su Título Cuarto las bases del régimen de responsabilidades de los servidores públicos, estableciendo un marco constitucional que sigue vigente.

    En la etapa contemporánea, un punto de inflexión se dio en 2002, durante el gobierno de Vicente Fox, cuando se fortalecieron los mecanismos para recibir y atender denuncias ciudadanas desde la entonces Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo, posteriormente denominada Secretaría de la Función Pública y ahora Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno,  y sus equivalentes en estados y municipios. Desde entonces, la recepción de denuncias forma parte estructural en los tres órdenes de gobierno.

La reforma de 2015-2016

    La transformación institucional más significativa ocurrió en 2015 y 2016 con la creación del Sistema Nacional Anticorrupción y la expedición de la Ley General de Responsabilidades Administrativas. Estas reformas redefinieron competencias, establecieron la separación entre autoridades investigadoras, sustanciadoras y resolutoras, y dotaron a los procedimientos de una estructura más formal y garantista. Sin embargo, el rediseño procesal incrementó la complejidad de los expedientes sin que se fortalecieran los recursos humanos, tecnológicos y presupuestales de los encargados de aplicarla. La consecuencia fue un sistema más complejo en lo normativo e ineficaz en los resultados.

 La denuncia ciudadana

   Como vimos, la posibilidad de presentar denuncias ciudadanas ha existido a lo largo de nuestra historia. Así, los órganos internos de control reciben miles de quejas y denuncias cada año y cuentan con atribuciones para investigarlas. El problema central no radica en la ausencia de mecanismos de denuncia, sino en la calidad de las investigaciones, la capacidad probatoria y la obtención de sanciones firmes.  

   Hablar de empoderamiento ciudadano requiere definir con claridad su alcance. Facilitar la presentación de denuncia es deseable, pero no debe traducirse en la afectación de garantías constitucionales como la presunción de inocencia y el debido proceso.

Problemas estructurales en la práctica

    Uno de los desafíos más frecuentes es la baja calidad de muchas denuncias. En numerosos casos los escritos carecen de datos verificables o elementos mínimos para iniciar una investigación formal. Otras denuncias corresponden a conflictos laborales o personales que no constituyen faltas administrativas. También existen denuncias anónimas que, aunque legítimas, dificultan la ampliación de información cuando no contienen pruebas suficientes. Otro elemento crítico es la falta de homologación y robustez tecnológica en los sistemas de recepción y gestión de denuncias. Además, no se cuenta con acceso ágil a bases de datos patrimoniales y herramientas analíticas que permitan investigar redes complejas de corrupción.

    A esto se suma la carga de trabajo derivada de incumplimientos formales, como la omisión en la presentación de declaraciones patrimoniales o actas de entrega-recepción, que absorben gran parte de la capacidad operativa de las áreas investigadoras.

 Hacia una reforma sólida

    Si se pretende que las denuncias tengan consecuencias reales, la reforma debería orientarse a fortalecer las capacidades técnicas de investigación, profesionalizar al personal, homologar sistemas y mejorar la coordinación entre la vía administrativa y la penal.

    Incrementar el número de denuncias sin mejorar su calidad ni dotar de mejores herramientas a las autoridades podría traducirse en mayor saturación, pero no necesariamente en más sanciones efectivas.  La administración de la presidenta Sheinbaum podría aprovechar la experiencia de décadas para encontrar las mejores prácticas e introducir herramientas de investigación más adecuadas para descubrir actos de corrupción y que permitan ser judicializados para que puedan ser sancionados.  

 El combate a la corrupción exige fortaleza institucional. Es indispensable garantizar canales accesibles para la ciudadanía y asegurar que toda denuncia sea atendida con seriedad. Pero también es fundamental preservar la presunción de inocencia, el debido proceso y la certeza jurídica.

 Solo mediante procedimientos sólidos, con sustento probatorio suficiente y capacidad real de judicialización, el empoderamiento ciudadano podrá traducirse en resultados tangibles y en un fortalecimiento auténtico del estado de derecho.

7 de febrero de 2026

¿SIGUE CUBA DESPUÉS DE VENEZUELA?

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

    El deterioro de la industria petrolera de Venezuela hizo que en los últimos años se redujera de manera significativa el suministro energético a Cuba,  a quien el régimen chavista siempre apoyó. Con la caída de Maduro, el control sobre el petróleo venezolano ha permitido a Estados Unidos reducir aún más el suministro de petróleo a la isla y el presidente Trump ha amenazado con aplicar aranceles significativos a los países que vendan petróleo a Cuba.  

     México intentó sustituir parcialmente a Venezuela como proveedor de petróleo pero a un costo muy elevado. Entre julio de 2023 y septiembre de 2025, México envió a Cuba crudo y derivados con un valor cercano a los 26 900 millones de pesos. Todo indica que una parte relevante de estas operaciones terminarán como cuentas incobrables para Pemex, profundizando la crisis financiera de esta empresa. Sin embargo, recientemente la presidenta Sheinbaum suspendió el suministro a Cuba a petición del presidente Trump, acentuando la crisis cubana.

     El embargo estadounidense

     En el contexto de la Guerra Fría y tras la expropiación de propiedades estadounidenses, Estados Unidos impuso un embargo económico y financiero a Cuba. Si bien el embargo ha tenido costos reales para la isla, no explica por sí solo el colapso económico del país. No se trató de un bloqueo total que impidiera cualquier comercio con terceros países, sino de una ruptura bilateral y de restricciones a la inversión y al financiamiento. Cuba ha comerciado y comercia con múltiples países, incluido México, e incluso mantiene intercambios limitados con el propio Estados Unidos en rubros como alimentos y medicinas. Si bien el embargo ha tenido costos reales para la isla, no explica por sí solo el colapso económico del país. Su economía fallida fue sostenida muchos años por la Unión Soviética hasta el colapso de esta.

     Más de seis décadas en el poder

     El régimen castrista suma 67 años en el poder. Durante este periodo se instauró un sistema comunista de partido único, sin elecciones competitivas y con libertades civiles severamente restringidas, en el que las decisiones se toman de manera centralizada por una élite política.  

     En lo político, el modelo se asemeja al de China o Vietnam; sin embargo, mientras China y Vietnam abandonaron la planificación central rígida y permitieron la expansión del mercado, la inversión y la iniciativa privada, Cuba mantuvo un sistema económico mayoritariamente estatizado, con apenas espacios marginales para pequeñas empresas. Este modelo ha demostrado su fracaso desde el colapso de la Unión Soviética y hoy solo sobrevive, con matices, en Corea del Norte y Cuba, con un deterioro severo del nivel de vida de sus poblaciones. A los dirigentes cubanos pareció no importarles nunca la miseria en la que sumieron a su país, sino únicamente su permanencia en el poder. Optaron por preservar un modelo económico fallido y hoy están a punto de perder el poder al que tanto se aferraron.

     Dificultad para regresar a la democracia

     La historia demuestra que para las sociedades sometidas a regímenes autoritarios perniciosos es extremadamente difícil deshacerse de las camarillas enquistadas en el poder. Algunos de los casos más longevos incluyen: Corea del Norte (78 años) China (77 años), la Unión Soviética (74 años), México bajo el PRI (71 años), Cuba (67 años), Singapur (67 años), Siria (61 años), Vietnam (50 años), Irán (47 años), Rusia con Putin (27 años) y Venezuela con Chávez y Maduro (27 años).

     Lo central para los dictadores es perpetuarse en el poder, aunque, como en el caso de China o Singapur, cuando hay dirigentes inteligentes, logran sacar de la pobreza a sus ciudadanos, que no ha sido el caso de Cuba.  Por ello,  el régimen castrista podría estar acercándose a su fase final, ante la miseria extrema de su pueblo y el interés de Estados Unidos por reconfigurar su influencia hemisférica y de paso,  transformar  el sistema político y económico cubano para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

     Cuba sin aliados

     Bajo la renovada doctrina de seguridad hemisférica de Washington, Estados Unidos considera a América Latina y el Caribe como su zona de influencia estratégica.  En ese contexto, resulta improbable que Rusia, China, Irán o México apoyen a la dictadura cubana, ante una transformación del orden mundial en zonas de influencia de las grandes potencias.  Por ello, Cuba queda prácticamente aislada, profundizando gravemente su crisis económica.

     Una lección para México

     Para México, el caso cubano deja una lección clara: el riesgo de caer de nuevo en un autoritarismo, como en la época del PRI hegemónico, que frene el desarrollo y lleve al país a la pobreza, en beneficio de una camarilla. Cuando esto ocurre, quedan pocas opciones para recuperar la prosperidad y la democracia: el recurso a la violencia o la intervención de potencias extranjeras para poder recuperar libertades y prosperidad perdidas. Ojalá no sea necesario.