27 de septiembre de 2026

INTELIGENCIA PARA LA GESTIÓN PÚBLICA

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La inteligencia suele asociarse con la seguridad nacional y la seguridad pública, pero su lógica es igualmente útil para empresas y gobiernos: reunir información, contrastarla y convertirla en conocimiento para anticipar riesgos. En el sector privado puede servir para estar alerta contra la competencia o para descubrir fraudes. En el sector público, una de sus aplicaciones está en la identificación de riesgos en contrataciones públicas, donde una revisión preventiva puede detectar señales de alerta.

 Riesgos en contrataciones públicas

    Cuando se realizan licitaciones públicas y las convocatorias para dichas licitaciones no están elaboradas de manera adecuada, pueden llegar a participar empresas fantasma, empresas fachada, intermediarios, empresas con vínculos entre sí, empresas que siempre se ven favorecidas por los funcionarios de las instituciones, empresas quebradas o sin el personal para hacer el trabajo. También se pueden identificar vínculos con funcionarios, licitaciones dirigidas y otros riesgos de corrupción.

 Casos del pasado

    El periodismo de investigación ha venido haciendo uso de estas herramientas y ha descubierto importantes casos de corrupción en el gobierno. Por ejemplo, la Estafa Maestra documentó contratos por 7,670 millones de pesos canalizados por 11 dependencias federales y ocho universidades; 128 de las 186 empresas investigadas presentaban irregularidades graves o carecían de capacidad para prestar los servicios. Más recientemente, Fantasmas del Erario, de Quinto Elemento Lab y el Observatorio de la Corrupción e Impunidad, identificó 3,529 contratos otorgados entre 2002 y 2022 a 834 empresas que facturaron operaciones simuladas por 11,492 millones de pesos. El caso de la Casa Blanca de Peña Nieto exhibió, en otro plano, los riesgos derivados de la cercanía entre altos funcionarios y contratistas gubernamentales con el consecuente conflicto de interés.

 Casos recientes: INE y Olinia

    Los riesgos no son únicamente las empresas fantasma. En 2024, el periódico Reforma cuestionó el contrato del INE con la empresa Bell-Krom para producir 25,302 chamarras de identificación para capacitadores electorales por 18 millones de pesos pese a que otra propuesta rondaba los 8 millones. La empresa terminó entregando únicamente 1,606 prendas dentro del plazo y, según la investigación, había distribuido la fabricación entre ocho pequeños talleres cuya propiedad no acreditó, realizando una subcontratación prohibida. El propio Instituto documentó después el incumplimiento y rescindió el contrato.

    Algo similar ocurrió con el carro eléctrico del gobierno, Olinia. En 2025, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación contrató por 5.9 millones de pesos a Rocketel, empresa conocida por servicios de telefonía y sin trayectoria conocida en la industria automotriz, para la conceptualización y coordinación del proyecto del automóvil eléctrico. La investigación de El CEO señaló además que la contratación se realizó mediante invitación restringida. Fotografías difundidas en redes mostraron un domicilio de la empresa que resultó ser una casa, lo que hizo dudar sobre su capacidad técnica. Aunque eso no demuestra irregularidades, combinando la falta de experiencia de la empresa y una asignación restringida, sí podría ser una señal de alarma.

 Qué puede aportar la inteligencia

    La inteligencia puede provenir de varias fuentes: la OSINT— inteligencia de fuentes abiertas— permite revisar registros públicos, antecedentes corporativos, sanciones, contratos, litigios, socios y experiencia. La exploración de presencia en la internet y redes sociales ayuda a comprobar si la huella digital de una empresa es congruente con la capacidad que declara. GEOINT— inteligencia geográfica— e IMINT— inteligencia de imágenes— permiten contrastar domicilios, instalaciones, obras o evidencia fotográfica. FININT— inteligencia financiera— ayuda a detectar riesgos financieros.  HUMINT —inteligencia humana— puede revelar conflictos de interés, acuerdos verbales u otras prácticas ocultas. También son útiles el análisis documental, el análisis de contratos y el análisis de vínculos, los cuales pueden revelar competencia simulada, sobrecostos, fraccionamiento, criterios de evaluación dirigidos, redes entre personas, empresas y representantes, beneficiarios comunes, prestanombres y proveedores relacionados. Además, se pueden potenciar estos métodos con inteligencia artificial.

     Estas herramientas aplicadas con una metodología sistemática permiten que las autoridades eviten contratar empresas incumplidas o fantasma. Un buen diseño de las bases de licitación, el aplicar controles de confianza al personal que realiza las contrataciones y otras medidas de prevención, evitan la comisión de actos de corrupción y/o delitos. También evitan el daño reputacional hacia los funcionarios de las instancias de gobierno,  pues se ha visto como el periodismo de investigación puede descubrir casos de corrupción.

 De la auditoría reactiva a la preventiva

    Las auditorías tradicionales revisan hechos consumados, mientras la inteligencia aplicada a la gestión pública es preventiva.  Las fianzas y requisitos administrativos que se solicitan en las licitaciones son necesarios, pero no suficientes, para disminuir los riesgos de una mala contratación. Si bien, la inteligencia no pretende sustituir controles jurídicos ni suponer culpabilidades, busca encontrar información que permita identificar riesgos para concentrar la prevención en estas áreas. El objetivo es detectar antes lo que, con demasiada frecuencia, se descubre cuando el recurso público ya se perdió.

12 de septiembre de 2026

EQUILIBRIOS DIFÍCILES

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La presidenta Sheinbaum ha conseguido, hasta ahora, administrar una relación particularmente difícil con Estados Unidos. En una relación asimétrica, su estrategia ha sido evitar la confrontación innecesaria, mantener abiertos los canales de negociación y hacer concesiones cuando es necesario.  Ese equilibrio ha producido resultados, pero no se trata de una estabilidad permanente. Basta con que haya un sobresalto en alguno de los temas sensibles para que la relación vuelva a tensarse.

 Comercio: avances dentro de una negociación incierta

    El frente comercial ofrece un ejemplo más claro. La revisión conjunta del T-MEC sigue abierta y las conversaciones abarcan asuntos particularmente delicados para México, entre ellos acero y aluminio, automóviles, reglas de origen, agricultura, trabajo y seguridad económica. Hasta ahora, México ha logrado mantener negociaciones sin ruptura con Washington, en contraste con la escalada que ha marcado la relación entre Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el éxito de la estrategia mexicana se medirá por la preservación del acceso al mercado estadounidense y por las condiciones que finalmente se acuerden.

 Migración: menor presión

   La migración también ha perdido parte de la importancia que llegó a tener en la agenda bilateral. El endurecimiento de la política estadounidense y las acciones mexicanas para contener los flujos hacia el norte han reducido la presión política inmediata sobre este tema. Para el gobierno mexicano, eso libera espacio de negociación. Pero se trata de un equilibrio dependiente de decisiones que México no controla por completo: un nuevo aumento de los flujos migratorios o un cambio en la política interna de Estados Unidos podría devolver el asunto al centro de la relación en muy poco tiempo.

 Estabilidad política

   En el ámbito interno, el gobierno mexicano cuenta con una posición política dominante y con capacidad suficiente para tomar decisiones y no enfrenta, por ahora, un movimiento antisistema de alcance nacional capaz de poner en riesgo  la continuidad del Estado, aunque existe malestar social, violencia regional y una elevada concentración del poder político. Esta estabilidad facilita la interlocución con Washington, porque Estados Unidos encuentra a un gobierno con quien negociar. Sin embargo, la concentración del poder en la presidencia y el partido dominante genera riesgos: cuando se debilitan los contrapesos institucionales, disminuye la capacidad de corregir errores y aumenta la posibilidad de tomar decisiones equivocadas.

Economía estable en el corto plazo con fragilidad estructural

    La economía presenta una señal parecida: estabilidad en el corto plazo, pero fragilidad estructural. El segundo trimestre de 2026 mostró una expansión, pero el crecimiento de los últimos ocho años ha sido insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante y ampliar la base fiscal. A ello se suma una informalidad laboral que todavía comprende a más de la mitad de la población ocupada. Mientras aumentan las necesidades de gasto  por pensiones, programas sociales, salud, seguridad, infraestructura y servicio de la deuda, el margen presupuestal se vuelve más estrecho. Para sostener este modelo se requiere una economía que crezca, invierta y recaude más.

 Seguridad: el principal punto de tensión

     El punto de mayor riesgo sigue siendo la seguridad. Las organizaciones criminales han desarrollado capacidades económicas, territoriales y políticas que rebasan el problema tradicional de la delincuencia. Su presencia afecta la inversión, encarece el transporte de mercancías, deteriora la vida cotidiana y, en algunas regiones, desplaza al Estado. Todo ello en medio de advertencias de Estados Unidos que no tolerará que actores políticos mexicanos sean cómplices de la delincuencia.

El caso Rocha Moya

  El caso de Rubén Rocha Moya ilustra esa vulnerabilidad. En abril, fiscales federales estadounidenses acusaron al gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios de delitos relacionados con narcotráfico. Rocha se separó temporalmente del cargo, regresó después de 112 días de licencia y volvió a solicitar licencia indefinida poco más de un día después.  Se ha especulado que el Gobierno de México negoció separarlo del cargo a cambio de evitar su extradición, por lo que  su regreso provocó una crisis que se manifestó a través del rechazo de la presidenta Sheinbaum y de su propio partido. Esta situación mostró como un caso de seguridad puede convertirse, en cuestión de horas, en un problema que afecte los frágiles equilibrios construidos.

  Equilibrio, posible, pero frágil

     Por ello, el equilibrio que ha construido Sheinbaum debe entenderse solo como un punto de partida. México necesita mantener una relación funcional más sólida con Estados Unidos, pero también fortalecer las condiciones internas que le permitan mejorar: seguridad, crecimiento, energía confiable, infraestructura, capital humano, certeza jurídica y contrapesos institucionales. Sin estos elementos, no habrá avances duraderos para el país. Los equilibrios pueden servir para ganar tiempo, pero lo importante será obtener resultados permanentes que beneficien a México.

EL RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Por: Octavio Díaz García de León

    En julio de 2026, las empresas OpenAI y Hugging Face dieron a conocer un incidente de seguridad ocurrido durante una evaluación interna de capacidades cibernéticas. Un conjunto de modelos de inteligencia artificial, que estaba sometido a una evaluación para ver si podía vencer un ambiente de ciberseguridad, logró salir del entorno aislado en el que estaba siendo evaluado y atacar la infraestructura de Hugging Face en busca de cumplir el objetivo de la prueba. Todo ello sin intervención humana. Esto no significa que estemos ante una rebelión de robots. Pero sí muestra que algunas herramientas de inteligencia artificial pueden recibir un objetivo y por sí mismas,  planear, utilizar herramientas digitales, escribir código de computación, ejecutar instrucciones y adaptarse a obstáculos para lograr una meta.

 Qué es la inteligencia artificial 

    La inteligencia artificial es un conjunto de sistemas capaces de realizar tareas que antes asociábamos sólo con la inteligencia humana: entender lenguaje, reconocer imágenes, identificar patrones, traducir textos, resolver problemas, generar contenidos, programar, diagnosticar, clasificar información, tomar decisiones e incluso moverse y operar como humanos. El campo de la inteligencia artificial no es nuevo. Personas como el filósofo alemán Leibnitz en el siglo XVIII pensaron en programas y dispositivos que pudieran hacer tareas pensantes. Pero fue hasta mediados del siglo pasado cuando Alan Turing planteó el problema clave de si una máquina podía imitar el pensamiento humano,  al grado de ser indistinguible de una persona,  y a partir de allí empezó a tomar un gran impulso este campo.  

 Bases filosóficas de la inteligencia artificial

    Uno de los debates de fondo en la inteligencia artificial es cómo se produce el conocimiento. Existen dos grandes formas de entender la inteligencia: por un lado, la razón, asociada a la capacidad de ordenar ideas y llegar a conclusiones mediante reglas lógicas; por otro, la experiencia, entendida como el aprendizaje que surge de observar el mundo. Durante buena parte del siglo XX, la inteligencia artificial siguió una ruta racionalista: se pensaba que bastaba con programar reglas claras para simular el razonamiento humano. Este enfoque permitió avances importantes, como los primeros sistemas expertos y programas capaces de jugar ajedrez. Sin embargo, con el tiempo se hizo evidente que la realidad es demasiado compleja para reducirla a reglas fijas. Por ello, la investigación se desplazó hacia modelos capaces de aprender a partir de grandes cantidades de datos. La inteligencia artificial actual combina ambas tradiciones: razona con estructuras lógicas, pero aprende principalmente mediante la experiencia acumulada en datos.

 ¿Deberíamos tener miedo a la inteligencia artificial?

     Es necesario entenderla y prever su impacto en la sociedad, pero no temerle como para paralizarnos. La historia muestra que toda tecnología poderosa tiene usos positivos y riesgos evidentes. La energía nuclear puede producir electricidad o destruir ciudades. La biotecnología puede curar enfermedades o producir armas biológicas. La inteligencia artificial entra en esa misma categoría de tecnologías de doble uso. Puede aumentar la productividad, mejorar diagnósticos médicos, personalizar la educación, acelerar investigaciones científicas, automatizar trámites, traducir idiomas, detectar fraudes y apoyar a empresas. Pero también puede tener su lado oscuro al utilizarse para vigilar ciudadanos, manipular elecciones, cometer delitos cibernéticos, desplazar empleos, producir desinformación o tomar decisiones injustas si se alimenta con datos sesgados. Por eso, el problema no es la existencia de la inteligencia artificial. El problema es cómo se diseña, quién la controla, con qué límites opera y para qué fines se utiliza.

 El impacto en el trabajo

     Uno de los efectos más importantes será laboral. La inteligencia artificial no sólo afectará trabajos manuales o repetitivos. También alcanzará actividades profesionales que antes parecían protegidas: abogados, contadores, médicos, ingenieros, periodistas, programadores, diseñadores, analistas financieros, profesores y consultores. Muchas tareas que requieren educación universitaria ya pueden ser asistidas o parcialmente automatizadas. Pero el riesgo es que sustituya a quienes no aprendan a trabajar con ella.

  El nuevo valor humano

     Ante esta tecnología, el valor del ser humano no estará en competir con la computadora en velocidad de cálculo, memoria o procesamiento de datos sino en formular buenas preguntas, interpretar resultados, verificar información, tomar decisiones prudentes, asumir responsabilidad, entender contextos y distinguir entre lo técnicamente posible y lo socialmente deseable. Para ello debemos entender la tecnología digital; aprender a verificar los resultados; proteger la información; regular su desarrollo sin obstaculizarla; y repensar la educación, la cual enfrenta una revolución.

 México frente a la inteligencia artificial

     México no puede darse el lujo de mirar esta revolución desde la distancia porque inevitablemente será usuario masivo de estas herramientas. El riesgo no es sólo que se pierdan empleos. También lo es quedarse rezagado. Si otros países usan inteligencia artificial para elevar productividad, mejorar servicios públicos y formar trabajadores más preparados, la brecha tecnológica se ampliará.

8 de agosto de 2026

LA NUEVA ARQUITECTURA DEL CONTROL SOCIAL

 

Por: Octavio Díaz García de León

     Imaginemos que usted olvida pagar a tiempo la mensualidad de su casa; se retrasa en el pago de una tarjeta de crédito; se retrasa con su hipoteca; invade con su automóvil una línea de tránsito que no debía cruzar; rebasa el límite de velocidad en su auto; entrega tarde un proyecto en su trabajo; deja de visitar a sus padres adultos mayores, que requieren cuidados especiales; en un chat de amigos critica a políticos del partido gobernante. Todo ello registrado cuidadosamente por su gobierno en un sistema de puntuación global.

     De pronto, un día le anuncian su despido del trabajo; lo echan de su casa; le quitan el coche, le prohíben viajar en tren o en avión; le quitan el pasaporte. En su sistema de “afinidad social” (por ponerle nombre), el gobierno detecta que su puntuación negativa rebasa los límites tolerados y por ello se han tomado esas medidas. De inmediato también se ve objeto de ostracismo y se le señala como indeseable.    

     En sistemas tradicionales, cada uno de esos hechos tendría consecuencias distintas y por separado. El riesgo surge cuando todas estos incidentes empiezan a integrarse en un esquema unificado de vigilancia, registro y evaluación. La vida entera de una persona se convierta en una secuencia de datos acumulables, comparables y sancionables, bajo criterios definidos por gobiernos o corporaciones con gran capacidad tecnológica.

 La reputación como mecanismo de control

     La ciencia ficción ya ha planteado escenarios parecidos. En el episodio “Nosedive”, de la serie Black Mirror, las personas viven en una sociedad donde cada interacción social se califica con estrellas. Entre más se agrade a otras personas, más estrellas. La puntuación determina el acceso a vivienda, transporte, empleo, servicios y estatus. Quien baja de calificación pierde oportunidades y empieza a ser tratado como una persona indeseable. El episodio critica una sociedad en la que la reputación digital se convierte en una forma de control social.

 China y el Sistema de Crédito Social

     Actualmente algo similar empieza a surgir en el mundo. El ejemplo más citado es China, aunque conviene precisarlo. No existe, al menos como sistema nacional unificado, una sola puntuación social que sume todos los comportamientos de una persona y determine automáticamente su destino. Lo que sí existe es algo más complejo: un Sistema de Crédito Social formado por registros públicos, listas negras, mecanismos administrativos, sanciones y restricciones específicas para personas o empresas incumplidas.  Una persona que se niega a cumplir una sentencia puede ser incorporada a listas de incumplimiento y enfrentar restricciones para ciertos gastos o actividades, como viajar en avión, usar trenes de alta velocidad o acceder a ciertos servicios. No se trata de una “calificación total” de la persona, pero no está lejano el día en que se convierta en un sistema de control social integral.

La acumulación de datos personales

    El avance de la digitalización facilita este proceso. Dejamos rastros digitales constantemente: trámites en línea, compras electrónicas, uso de redes sociales, pagos con tarjeta, geolocalización del teléfono, cámaras de vigilancia ubicuas, aplicaciones de transporte, plataformas de hospedaje, servicios bancarios, expedientes médicos, historiales laborales y comunicaciones digitales, entre otros. Por separado, muchos de estos registros parecen inofensivos o incluso útiles. El problema surge cuando esos datos se usan con propósitos de control social.  

Los ejemplos cercanos

     Pero no hace falta ir hasta China para encontrar mecanismos de calificación. En México por ejemplo, el buró de crédito califica el comportamiento financiero de las personas y con ello se condiciona el acceso a préstamos, tarjetas o arrendamientos. En la Ciudad de México existe el sistema de Fotocívicas, que asigna puntos a los vehículos locales y los descuenta cuando se cometen infracciones captadas por cámaras o radares. Al traspasar ciertos límites, el propietario debe tomar cursos o realizar trabajo comunitario para recuperar el derecho a verificar.

 El peligro de una sociedad calificadora

     El problema no está en toda calificación. Sin ellas, sería difícil otorgar créditos, sancionar infracciones, detectar fraudes o administrar servicios públicos. El problema surge cuando empiezan a invadir la totalidad de la vida social. El riesgo mayor es su uso político. En manos de gobiernos autoritarios, estas tecnologías pueden servir para frenar las protestas, identificar disidentes, castigar opiniones críticas y premiar la obediencia. En lugar de recurrir a formas visibles de represión, el poder puede operar mediante mecanismos más sutiles: negar oportunidades, degradar reputaciones, dificultar trámites, limitar movilidad o aislar socialmente a quien incomoda.

 Sociedad eficiente o vigilante

     La pregunta de fondo es ¿qué tipo de sociedad queremos construir?  La tecnología puede facilitar la vida, pero también puede convertirse en una infraestructura de vigilancia permanente. La diferencia dependerá de los límites que se impongan desde la ley, la democracia y la cultura cívica. Es tiempo de poner límites.

 

12 de julio de 2026

NUEVO CÓDIGO DE ÉTICA DEL GOBIERNO FEDERAL

 

Por: Octavio Díaz García de León


    Como ocurre en cada sexenio desde que el presidente Fox introdujo en 2002 el primer código de ética para el gobierno federal, en noviembre de 2025 la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno publicó una nueva versión de este instrumento (Código 2025).

 De la conducta individual a la integridad institucional

   El Código 2025 representa un avance respecto del anterior emitido en 2022 porque este último estaba más centrado en el cumplimiento formal y en el combate a la corrupción y el nuevo documento incorpora temas como sostenibilidad, igualdad, trato digno, prevención del acoso, uso responsable de los recursos públicos, cuidado del entorno y solución de dilemas éticos.

   La corrupción y las malas prácticas no se combaten únicamente sancionando conductas indebidas. También se requiere construir instituciones capaces de prevenir riesgos, orientar decisiones y generar ambientes laborales donde la integridad sea una práctica cotidiana. En ese sentido, el Código 2025 reconoce que la ética pública no depende sólo de la voluntad individual de cada servidor público, sino también del diseño institucional y de los mecanismos de seguimiento.

 Un documento demasiado amplio

   Sin embargo, el Código 2025 también presenta limitaciones importantes. Una relevante es su dimensión excesiva. El documento contiene demasiados conceptos, lo que afecta su eficacia a la hora de aplicarse. La extensión del código —con 12 principios, 6 valores, 11 reglas de integridad y 170 conductas deseables y prohibidas — dificulta la memorización y supera fácilmente lo que una persona puede recordar o aplicar en la práctica cotidiana.

    Un código de ética debe ser claro, breve y funcional. Su utilidad depende de que una persona pueda entenderlo, recordarlo y usarlo cuando toma una decisión. Si el código contiene demasiadas categorías, principios y reglas, corre el riesgo de convertirse en un documento formal que se firma al ingresar al gobierno, pero que rara vez se consulta o interioriza.

 La confusión entre ética y responsabilidad administrativa

  Otro problema es la relación entre el Código de Ética y la Ley General de Responsabilidades Administrativas (LGRA). En términos generales, los códigos de ética buscan orientar comportamientos y construir una cultura institucional. Por ello,  resulta inapropiado sancionar violaciones al código de ética como pretende la LGRA.  En ella se estableció que la violación al código de ética era también una falta administrativa no grave. Así, se mezcló indebidamente el cumplimiento de un código de ética con el cumplimiento de esta Ley.  Para agravar la confusión, diversos artículos del Código 2025 se refieren a conductas que, de no cumplirse, de todas maneras ya están contempladas en la LGRA como faltas administrativas. Así, se producen contradicciones importantes: por una parte, la violación al código de ética es una falta no grave, pero algunas conductas violatorias del código, serían una falta grave bajo dicha Ley. (Ver artículo)

Lo que enseña el sector privado

   En mi experiencia en empresas multinacionales, los códigos de ética funcionan porque suelen ser breves,  estar vinculados a riesgos concretos y promueven comportamientos deseados. Además, son impulsados desde el más alto nivel de la organización. El presidente del consejo, el director general y los principales ejecutivos participan en su difusión, explican su importancia y dejan claro qué conductas son inaceptables. El seguimiento diario recae en áreas con jerarquía, recursos y autoridad suficiente.

   En contraste, en el gobierno federal estos instrumentos suelen quedar en manos de comités de ética, áreas administrativas de bajo nivel u órganos internos de control. El código de ética gubernamental pierde fuerza cuando no es promovido y cumplido de manera visible por los titulares de las dependencias, entidades y máximas autoridades de organismos y poderes autónomos.

 Un avance que puede quedarse en aspiración

   El Código 2025 representa un avance sobre el de 2022. Introduce una visión más moderna de integridad pública, incorpora herramientas para atender dilemas éticos y reconoce la necesidad de prevenir riesgos antes de que se conviertan en irregularidades. Sin embargo, mantiene debilidades estructurales: exceso de conceptos, baja operatividad, confusión con el régimen de responsabilidades administrativas, ausencia de indicadores claros y poca vinculación con los riesgos específicos de cada institución.

   El comportamiento ético de los servidores públicos no mejora sólo con publicar un nuevo código. Mejora cuando entienden qué se espera de ellos, cuando sus superiores predican con el ejemplo, cuando existen canales confiables de consulta y denuncia y cuando las instituciones responden de manera consistente frente a conductas indebidas. Por ello, el éxito del Código 2025 dependerá de que se traduzca en capacitación práctica, liderazgo institucional, indicadores verificables y comités de ética con verdadera capacidad de actuación. De lo contrario, seguirá siendo un documento bien intencionado, pero de eficacia limitada.

27 de junio de 2026

ELON MUSK, EL HOMBRE DEL BILLÓN DE DÓLARES

 

Por: Octavio Díaz García de León


   Hace unos días tuvo lugar uno de los acontecimientos financieros más importantes de las últimas décadas: la salida a bolsa de SpaceX, la empresa aeroespacial fundada por Elon Musk. La operación no solo representó una de las ofertas públicas iniciales más grandes de la historia, sino que convirtió a Musk en el primer individuo cuyo patrimonio supera el billón de dólares.

  SpaceX se ha consolidado como la empresa líder en el sector espacial privado. Su negocio principal abarca el lanzamiento de satélites, servicios de transporte espacial y su objetivo más ambicioso es establecer asentamientos humanos en la Luna y Marte. Además, a través de Starlink, su red de 10 mil satélites en órbita baja, la compañía ofrece servicios de internet en prácticamente cualquier lugar del planeta.

 La creación de una fortuna sin precedentes

   La oferta pública inicial permitió a SpaceX recaudar aproximadamente 85 mil millones de dólares. Las acciones han cotizado muy por encima de su valor inicial y al momento de escribir estas líneas se encuentran un 25% arriba de dicha cotización. Esto ha hecho a Elon Musk la persona más rica del planeta gracias a sus participaciones en Tesla, SpaceX, xAI, Neuralink y X, entre otras. Esto también  creó nuevos millonarios:  4,400 empleados se convirtieron en millonarios, mientras que 400 superaron los cien millones de dólares de patrimonio. 

 Una visión forjada por la ciencia ficción

    El interés de Musk por la exploración espacial surgió desde muy joven. Durante su formación leyó extensamente a autores de ciencia ficción como Isaac Asimov, Douglas Adams y Robert Heinlein, así como a científicos como  Richard Feynman y Carl Sagan. De estas lecturas nació una visión empresarial poco convencional: identificar problemas de enorme escala y dedicar décadas a resolverlos mediante innovación tecnológica.

 Del borde de la quiebra al liderazgo mundial

    En 2008, tanto Tesla como SpaceX estuvieron al borde de la quiebra. Lejos de abandonar sus proyectos, Musk decidió invertir gran parte de su patrimonio personal para mantenerlas operando. Actualmente Tesla es el líder mundial en movilidad eléctrica y SpaceX domina buena parte del mercado global de lanzamientos espaciales, gracias al desarrollo de cohetes reutilizables que han reducido significativamente los costos de lanzamiento.

 Las claves de su éxito empresarial

  El éxito de Musk obedece a una combinación poco común de visión, disciplina y tolerancia al riesgo. Sus empresas suelen concentrarse en problemas que otros consideran demasiado difíciles para generar beneficios inmediatos. En lugar de mejorar gradualmente tecnologías existentes, Musk acostumbra a replantear los problemas desde sus fundamentos para diseñar soluciones radicalmente distintas.

  Otro factor importante es el alto grado de integración vertical de sus compañías.  Musk procura fabricar internamente una gran cantidad de componentes estratégicos, lo que le permite controlar mejor los costos, acelerar la innovación y reducir dependencias. Asimismo, sus proyectos atraen a algunos de los ingenieros, científicos y técnicos más talentosos del mundo.

  Un personaje tan admirado como controvertido

 Los logros empresariales de Musk contrastan con las polémicas que ha protagonizado. Sus posiciones sobre el papel del gobierno, la regulación económica, la libertad de expresión y el problema demográfico a cuya solución ha contribuido con 14 hijos, han generado controversia.   Musk  tiene una versión de autismo, condición que ayuda a comprender algunos de sus comportamientos controvertidos, pero no los justifica.  

  Finalmente, hay críticas hacia la extraordinaria concentración de riqueza en una sola persona, pero su riqueza está en el valor de sus acciones. Si quisiera convertirlas en dinero, perdería gran parte de ella, pues su valor está asociado a que él las posea. Esta riqueza se generó gracias a que sus productos tienen gran demanda y ha sabido aprovecharlo con su extraordinaria visión empresarial y capacidad gerencial,  creando nuevos  mercados como el de los autos eléctricos y los viajes espaciales. Además, sus empresas generan  más de 130 mil empleos directos y 600 mil indirectos.  

 ¿Qué puede aprender México?

   Nuestro país ha producido empresarios exitosos, pero no de las características de Musk. México no cuenta con un ecosistema empresarial de innovación tecnológica que combine universidades de excelencia, mano de obra calificada, capital de riesgo, seguridad jurídica, seguridad pública, protección a la innovación, tolerancia al fracaso y una cultura empresarial orientada al desarrollo tecnológico. Si México lograra crear las condiciones para que florecieran emprendedores con ese perfil, tendríamos una economía muy exitosa.

  Más allá de las opiniones que pueda suscitar Elon Musk, él demuestra que la innovación disruptiva, la visión de largo plazo y la disposición a asumir riesgos extraordinarios pueden generar transformaciones económicas de enorme magnitud.

  La historia del primer hombre que alcanzó una fortuna superior al billón de dólares no es solamente una historia sobre riqueza. Es también una historia sobre innovación, riesgo, perseverancia y la capacidad de imaginar futuros que para la mayoría de las personas parecen imposibles.

7 de junio de 2026

EDGAR MORIN: EL DESAFÍO DE LA COMPLEJIDAD

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

     Todos hemos experimentado situaciones que nos recuerdan que la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta. A veces tomamos una decisión convencidos de que producirá un resultado determinado y terminamos enfrentando consecuencias inesperadas. La vida cotidiana está llena de acontecimientos donde intervienen múltiples factores, interacciones y el azar. Comprender por qué ocurren y cómo se relacionan entre sí es una tarea mucho más difícil de lo que suponemos.

 La búsqueda de un método para comprender la realidad

    El pasado 3 de junio falleció en París el filósofo, sociólogo y antropólogo francés Edgar Morin, uno de los pensadores más influyentes de los siglos XX y XXI. De origen sefardí, Morin dedicó buena parte de su larga vida intelectual a desarrollar una forma distinta de comprender la realidad, convencido de que los enfoques tradicionales fragmentaban el conocimiento y resultaban insuficientes para explicar el mundo. Su legado más importante consiste en haber impulsado lo que llamó el “pensamiento complejo”, una propuesta destinada a entender los fenómenos humanos, sociales y naturales a partir de sus relaciones e interdependencias.

 La muerte como punto de partida

    Ante el fallecimiento prematuro de su madre cuando él tenía diez años y que le afectó profundamente, su preocupación filosófica inicial fue la muerte. Morin observó una paradoja fundamental: el ser humano comparte con todos los seres vivos la certeza de la muerte, pero es el único que posee plena conciencia de ella. Esta conciencia lo lleva a construir complejos sistemas religiosos, filosóficos y culturales destinados a explicar, negar o trascender ese destino inevitable.

 El proyecto intelectual de Edgar Morin

     Más tarde, su pensamiento fue evolucionando al ir recurriendo a disciplinas muy diversas. En su libro autobiográfico Mis demonios, explica cómo incorporó conocimientos provenientes de la biología, la teoría de la información, la cibernética, la informática y las ciencias sociales para construir su obra más ambiciosa: El Método, una serie de seis volúmenes, considerada uno de los mayores esfuerzos intelectuales del siglo XX, para elaborar una teoría general del conocimiento que fuera capaz de superar la fragmentación disciplinaria que provoca la especialización.

 Un accidente de tránsito

    La teoría de Morin puede parecer abstracta, pero se aclara cuando se aplica a situaciones comunes. Imaginemos que una mañana salimos de casa rumbo al trabajo. Calculamos que llegaremos en treinta minutos, como siempre. Sin embargo, unas cuadras adelante descubrimos que hubo un accidente. El tránsito se detiene. Decidimos tomar una ruta diferente, pero cientos de conductores hacen exactamente lo mismo. Las calles secundarias se congestionan. Finalmente llegamos tarde a una reunión importante, la reunión se pospone y afecta a otros proyectos.

 Principios para interpretar la complejidad

   Morin propone una serie de principios que, desde mi punto de vista, están basados en la teoría de sistemas y nos ayuden a entender esta situación compleja:

 El principio sistémico señala que el retraso no puede explicarse únicamente por el accidente. Intervinieron la infraestructura vial, las decisiones de cientos de conductores, los horarios laborales, la programación de los semáforos y muchos otros factores. El resultado surge del sistema completo y no de un único elemento.

 El principio hologramático sostiene que cada conductor forma parte del embotellamiento, pero al mismo tiempo el embotellamiento se expresa en cada conductor. La totalidad está presente en cada una de sus partes.

 El principio de retroalimentación muestra cómo los intentos de evitar el embotellamiento generan nuevas congestiones. Los efectos regresan sobre las causas y las transforman.  

 El principio recursivo indica que el tráfico modifica las decisiones de las personas y que esas decisiones vuelven a modificar el tráfico. El producto se convierte a su vez en productor.

 El principio dialógico revela que orden y desorden coexisten permanentemente. La ciudad cuenta con reglas, semáforos y sistemas de planeación, pero basta un accidente para introducir el caos. Ambos elementos son necesarios para comprender lo que ocurre.

 Finalmente, el principio de incertidumbre recuerda que nadie puede prever con exactitud las consecuencias de un hecho aparentemente menor. Un accidente puede provocar apenas unos minutos de retraso o desencadenar una cadena de acontecimientos que afecte a miles de personas durante todo el día.

  Por ello, una explicación simple como “llegué tarde porque hubo un accidente” resulta insuficiente. La realidad está formada por redes de relaciones e interacciones que producen consecuencias inesperadas y difíciles de anticipar.

 El legado de Morin

    Edgar Morin no resolvió todos los problemas que plantea la complejidad. Sin embargo, nos invita a abandonar las explicaciones simplistas y a reconocer que el mundo está formado por múltiples relaciones, influencias recíprocas e incertidumbres. Su obra nos recuerda que comprender exige conectar, relacionar y contextualizar.

    El mundo intelectual pierde a uno de sus grandes pensadores, pero su legado seguirá guiando a quienes buscan comprender una realidad que es mucho más compleja de lo que parece.

EMPRESARIOS E IDEOLOGÍA

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

    En los países donde existen condiciones para que los emprendedores prosperen, han surgido empresas tecnológicas de alcance mundial que han transformado la vida cotidiana de miles de millones de personas, y han sido capaces de modificar hábitos, formas de comunicación, consumo, trabajo, entretenimiento y hasta participación política.

 Del negocio a la visión del mundo

     Algunos de estos empresarios han adquirido un protagonismo que va mucho más allá de sus negocios. Elon Musk es quizá el caso más visible. La adquisición de Twitter, hoy X, le dio un foro de 600 millones de usuarios activos mensuales a los que comunica diariamente sus ideas. Así,  los grandes empresarios tecnológicos ya no son solo innovadores o inversionistas; algunos se han convertido en actores ideológicos promoviendo una determinada interpretación del mundo.

Peter Thiel y la filosofía de la innovación

    Un caso interesante es Peter Thiel. Filósofo y abogado formado en Stanford, cofundador de PayPal y cofundador de Palantir Technologies, Thiel ha sido uno de los personajes más influyentes y polémicos de Silicon Valley.  Thiel sostiene que el progreso tecnológico radical —especialmente en inteligencia artificial, biotecnología, software, energía y exploración espacial— es una de las principales vías para revitalizar a Occidente al que considera estancado por exceso de burocracia, regulación y conformismo.

     Su visión parte de la idea de que la innovación verdaderamente relevante no consiste en competir dentro de mercados existentes, sino en crear algo nuevo, dominante y difícil de replicar. Para Thiel, la competencia excesiva puede ser una forma de imitación destructiva: todos copian a todos, los márgenes se reducen y la innovación se diluye. Por eso defiende el concepto de monopolios creativos: empresas que evitan la competencia porque así resuelven problemas únicos y generan nuevas categorías de valor.

     Piensa que unas pocas personas muy talentosas pueden transformar la historia, por lo que apoya a emprendedores e innovadores disruptivos. Además, se interesa en el transhumanismo y la longevidad, financiando proyectos orientados a extender la vida humana y superar límites biológicos mediante tecnología.

 René Girard y el deseo mimético

     Una de las mayores influencias intelectuales de Thiel fue René Girard, filósofo, crítico literario y antropólogo francés que desarrolló buena parte de su carrera en Stanford. Girard desarrolló la teoría del deseo mimético, según la cual los seres humanos no desean de manera autónoma, sino que aprenden a desear imitando los deseos de otros. Esa imitación puede generar rivalidad, competencia y conflicto.

    Girard elaboró también su teoría del chivo expiatorio: las sociedades, cuando acumulan tensiones internas, tienden a canalizarlas contra individuos o grupos a los que culpan simbólicamente de sus conflictos. Ese mecanismo permite restaurar temporalmente el orden, pero lo hace a costa de una víctima.

   Thiel trasladó esa filosofía al mundo empresarial y tecnológico. Si el deseo mimético lleva a las personas y a las empresas a copiarse unas a otras, entonces la verdadera innovación exige escapar de la imitación. Las compañías más valiosas no son las que compiten haciendo lo mismo que las demás, sino las que descubren un espacio propio.

 Deconstrucción contra tecnología creativa

     Los críticos del posestructuralismo tales como Girard y Thiel sostienen que pensadores como Foucault, Derrida y Deleuze propagaron una visión donde toda verdad, institución o jerarquía se interpreta principalmente como una construcción de poder que debe ser deconstruida o cuestionada. Esto favorece el cinismo, la fragmentación social, la política identitaria y una cultura centrada más en denunciar, deslegitimar o destruir estructuras existentes que en construir proyectos duraderos.

       En contraste, la visión de Girard considera que el verdadero progreso exige escapar de la imitación destructiva para crear algo genuinamente nuevo y valioso. De ahí que Thiel interprete a Girard como una filosofía orientada a la innovación, trascendencia y creación —empresas, tecnología, ciencia, descubrimientos— mientras que gran parte de la cultura posestructuralista queda reducida a una crítica permanente, resentimiento y luchas de poder.

 El empresario como actor ideológico

      Empresarios como Thiel no solo transforman la vida material de las personas mediante sus innovaciones; también proponen una visión del mundo. En México, Ricardo Salinas Pliego lo ha intentado,  aunque con un discurso menos sofisticado intelectualmente: una defensa frontal del capitalismo, la libertad económica y la crítica a los excesos del gobierno.

 Empresas que producen ideas

    La empresa moderna, particularmente la tecnológica, ya no solo produce bienes y servicios. También produce cultura, símbolos e ideología. Sus fundadores en algunos casos son líderes de opinión que influyen en debates sobre libertad, competencia, innovación, regulación, democracia y futuro.

 Las grandes empresas tecnológicas no solo compiten por consumidores o mercados sino por definir qué entendemos por progreso, qué tipo de sociedad queremos construir y qué papel debe ocupar la iniciativa privada frente al Estado. En esa disputa, los empresarios se han convertido no solo en creadores de riqueza sino en intérpretes del futuro.