14 de mayo de 2026

PARÁBOLA DE LAS CUCARACHAS Y LA SOBERANÍA

 

Por: Octavio Díaz García de León


     Supongamos que su vecino le dice que hay una plaga de cucarachas en su casa y que ha detectado que vienen de la casa que usted habita. Usted ya había notado su presencia desde tiempo atrás, pero decidió no fumigar porque considera que hacerlo podría ser dañino para usted y su familia. Cuando las cucarachas se vuelven insoportables, las aplasta una por una con un zapato, sin intentar erradicar realmente el problema.

    Su actitud obedece además a una extraña convicción: cree que convivir con cucarachas es útil para mantener limpia la casa de restos de comida y sirven para alejar visitas indeseables. Así, nadie querrá acercarse demasiado a su hogar ni interferir con su vida privada. Su familia, aunque padece la infestación, guarda silencio. Le teme al jefe de familia y ha aprendido a convivir resignadamente con sus manías.

     El vecino, cansado de la situación, le advierte que, si usted no actúa, llamará a la policía para fumigar de manera forzosa. Usted responde indignado que eso sería una invasión intolerable a su propiedad privada y una violación a sus derechos y los de su familia y que no lo permitirá. Sin embargo, usted no podrá oponerse a la policía pues aparte de que ellos tienen armas, el vecino también tiene derecho a impedir que la plaga siga propagándose.

   Entonces usted decide colocar letreros defendiendo su “derecho” a vivir con cucarachas y exigiendo respeto absoluto a su propiedad, sin importar el daño que la plaga cause al vecindario o incluso a su propia familia.

    Pero como la plaga afecta a todos, el interés colectivo termina imponiéndose. Nadie pretende despojarlo de su casa; lo que buscan es eliminar aquello que pone en riesgo a todo el entorno. Y si usted insiste en proteger la infestación mientras protesta por todas partes, llegará un momento en que los demás concluirán que el problema ya no es solamente sanitario, sino también de falta juicio e irresponsabilidad suya y probablemente termine en la cárcel o un manicomio.

 El narcotráfico como plaga

    La metáfora resulta aplicable a la relación entre México y Estados Unidos frente al narcotráfico. La reciente solicitud del gobierno estadounidense para extraditar al gobernador de Sinaloa, Rocha Moya, al Senador Insunza y al presidente municipal de Culiacán, los tres en funciones y miembros destacados de MORENA, además de otros exfuncionarios públicos sinaloenses, por investigaciones relacionadas con delincuencia organizada, reflejan que Estados Unidos considera que México no ha podido —o no ha querido— combatir eficazmente a los grupos criminales que operan desde nuestro territorio.

     El mensaje de Washington es claro: el tráfico de drogas, el lavado de dinero, el trasiego de armas y las redes de corrupción afectan simultáneamente a ambos países y generan consecuencias económicas, sociales y de seguridad a escala continental.

    La reacción del gobierno mexicano se ha centrado en la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, invocar la soberanía como argumento mientras el crimen organizado continúa expandiendo su control territorial, infiltrando instituciones públicas y diversificando sus actividades hacia la extorsión, el secuestro, el robo y el homicidio, termina pareciendo más una complicidad que una solución al problema.

 La soberanía y sus límites

    Ningún Estado moderno vive aislado. Menos aún México y Estados Unidos, cuya relación es una de las más interdependientes del planeta: las remesas enviadas desde Estados Unidos a México ascendieron en 2025 a 61.8 mil millones de dólares. El comercio bilateral ronda los 840 mil millones de dólares anuales, ubicándose entre los más grandes del mundo y millones de familias mexicanas y estadounidenses dependen de esa relación económica.

        Por otra parte, resulta imposible sostener que los problemas de seguridad de uno no afectan inevitablemente al otro. Se estima que México exporta droga ilegalmente por 100 mil millones de dólares anuales hacia Estados Unidos y desde Estados Unidos ingresan ilegalmente cientos de miles de armas de fuego que fortalecen a las organizaciones criminales. Se trata de un fenómeno binacional cuya solución difícilmente puede alcanzarse mediante discursos nacionalistas o descalificaciones mutuas.

 Cooperación o confrontación

    Reducir el debate a una supuesta agresión imperialista o a una conspiración política simplifica en exceso una realidad mucho más compleja. Estados Unidos no solo persigue a personajes vinculados a MORENA; también encarceló a Genaro García Luna, quien fue una de las figuras más importantes de la estrategia de seguridad durante gobiernos anteriores. Lo que busca Washington no es exclusivamente capturar narcotraficantes, sino desmantelar las redes de corrupción política, financiera y policial que hacen posible el funcionamiento de los cárteles.

     El gobierno de México haría mejor en construir mecanismos de cooperación real con Estados Unidos, en lugar de convertir cada señalamiento en un conflicto diplomático. La alternativa no es entre soberanía o sumisión, sino entre colaboración inteligente o deterioro progresivo de la relación bilateral.

  

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