7 de junio de 2026

EDGAR MORIN: EL DESAFÍO DE LA COMPLEJIDAD

 

Por: Octavio Díaz García de León

 

     Todos hemos experimentado situaciones que nos recuerdan que la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta. A veces tomamos una decisión convencidos de que producirá un resultado determinado y terminamos enfrentando consecuencias inesperadas. La vida cotidiana está llena de acontecimientos donde intervienen múltiples factores, interacciones y el azar. Comprender por qué ocurren y cómo se relacionan entre sí es una tarea mucho más difícil de lo que suponemos.

 La búsqueda de un método para comprender la realidad

    El pasado 3 de junio falleció en París el filósofo, sociólogo y antropólogo francés Edgar Morin, uno de los pensadores más influyentes de los siglos XX y XXI. De origen sefardí, Morin dedicó buena parte de su larga vida intelectual a desarrollar una forma distinta de comprender la realidad, convencido de que los enfoques tradicionales fragmentaban el conocimiento y resultaban insuficientes para explicar el mundo. Su legado más importante consiste en haber impulsado lo que llamó el “pensamiento complejo”, una propuesta destinada a entender los fenómenos humanos, sociales y naturales a partir de sus relaciones e interdependencias.

 La muerte como punto de partida

    Ante el fallecimiento prematuro de su madre cuando él tenía diez años y que le afectó profundamente, su preocupación filosófica inicial fue la muerte. Morin observó una paradoja fundamental: el ser humano comparte con todos los seres vivos la certeza de la muerte, pero es el único que posee plena conciencia de ella. Esta conciencia lo lleva a construir complejos sistemas religiosos, filosóficos y culturales destinados a explicar, negar o trascender ese destino inevitable.

 El proyecto intelectual de Edgar Morin

     Más tarde, su pensamiento fue evolucionando al ir recurriendo a disciplinas muy diversas. En su libro autobiográfico Mis demonios, explica cómo incorporó conocimientos provenientes de la biología, la teoría de la información, la cibernética, la informática y las ciencias sociales para construir su obra más ambiciosa: El Método, una serie de seis volúmenes, considerada uno de los mayores esfuerzos intelectuales del siglo XX, para elaborar una teoría general del conocimiento que fuera capaz de superar la fragmentación disciplinaria que provoca la especialización.

 Un accidente de tránsito

    La teoría de Morin puede parecer abstracta, pero se aclara cuando se aplica a situaciones comunes. Imaginemos que una mañana salimos de casa rumbo al trabajo. Calculamos que llegaremos en treinta minutos, como siempre. Sin embargo, unas cuadras adelante descubrimos que hubo un accidente. El tránsito se detiene. Decidimos tomar una ruta diferente, pero cientos de conductores hacen exactamente lo mismo. Las calles secundarias se congestionan. Finalmente llegamos tarde a una reunión importante, la reunión se pospone y afecta a otros proyectos.

 Principios para interpretar la complejidad

   Morin propone una serie de principios que, desde mi punto de vista, están basados en la teoría de sistemas y nos ayuden a entender esta situación compleja:

 El principio sistémico señala que el retraso no puede explicarse únicamente por el accidente. Intervinieron la infraestructura vial, las decisiones de cientos de conductores, los horarios laborales, la programación de los semáforos y muchos otros factores. El resultado surge del sistema completo y no de un único elemento.

 El principio hologramático sostiene que cada conductor forma parte del embotellamiento, pero al mismo tiempo el embotellamiento se expresa en cada conductor. La totalidad está presente en cada una de sus partes.

 El principio de retroalimentación muestra cómo los intentos de evitar el embotellamiento generan nuevas congestiones. Los efectos regresan sobre las causas y las transforman.  

 El principio recursivo indica que el tráfico modifica las decisiones de las personas y que esas decisiones vuelven a modificar el tráfico. El producto se convierte a su vez en productor.

 El principio dialógico revela que orden y desorden coexisten permanentemente. La ciudad cuenta con reglas, semáforos y sistemas de planeación, pero basta un accidente para introducir el caos. Ambos elementos son necesarios para comprender lo que ocurre.

 Finalmente, el principio de incertidumbre recuerda que nadie puede prever con exactitud las consecuencias de un hecho aparentemente menor. Un accidente puede provocar apenas unos minutos de retraso o desencadenar una cadena de acontecimientos que afecte a miles de personas durante todo el día.

  Por ello, una explicación simple como “llegué tarde porque hubo un accidente” resulta insuficiente. La realidad está formada por redes de relaciones e interacciones que producen consecuencias inesperadas y difíciles de anticipar.

 El legado de Morin

    Edgar Morin no resolvió todos los problemas que plantea la complejidad. Sin embargo, nos invita a abandonar las explicaciones simplistas y a reconocer que el mundo está formado por múltiples relaciones, influencias recíprocas e incertidumbres. Su obra nos recuerda que comprender exige conectar, relacionar y contextualizar.

    El mundo intelectual pierde a uno de sus grandes pensadores, pero su legado seguirá guiando a quienes buscan comprender una realidad que es mucho más compleja de lo que parece.

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