Por: Octavio Díaz García de León
“El mexicano no quiere ser ni indio ni español.
Tampoco quiere descender de ellos. Los niega.
Y no se afirma en tanto que mestizo
sino como abstracción: es un hombre.
Se vuelve hijo de la nada.
Él empieza en sí mismo”
Octavio Paz (El Laberinto de la Soledad)
El encontrar que es la mexicanidad ha sido una de las grandes
preocupaciones intelectuales de los mexicanos. Es la consecuencia de una historia marcada por
la Conquista, la fusión de pueblos, la herencia virreinal, la independencia y
el prolongado esfuerzo por construir una nación unificada a partir de una
realidad plural.
Construcción de la identidad
nacional
Durante el virreinato se fue configurando una sociedad nueva, en la que
el español se consolidó como lengua predominante, enriquecida por vocablos
indígenas, mientras que el catolicismo se extendió mediante un amplio proceso
de sincretismo religioso. Esto lo vislumbraron intelectuales del siglo XVI como
Sor Juana Inés de la Cruz quien escribió los poemas mas hermosos del idioma
español, a la vez que escribió poemas en náhuatl.
La independencia no resolvió el problema de la identidad nacional. En
sus primeras etapas, el movimiento insurgente fue una reacción a la invasión
napoleónica de España y en defensa de la monarquía española, antes de
transformarse en un proyecto político emancipador, encabezado por criollos que
buscaban autonomía y poder propio.
Tras la consumación de la independencia, México buscó distanciarse del
pasado virreinal. Aun así, innumerables
instituciones virreinales que reconocían diferencias y privilegios a los
diferentes grupos que integraban la sociedad novohispana, prevalecieron hasta
la Reforma de los liberales a mediados del siglo XIX, cuando se impuso una concepción igualitaria y
abstracta del ciudadano. Como señala Octavio Paz: “La República no está
compuesta por criollos, indios y mestizos […] sino por hombres, a secas. Y a
solas.” Esta idea refleja la aspiración liberal de eliminar distinciones
legales basadas en origen étnico o condición social.
El mestizaje como
explicación de la nación
A partir del siglo XX y hasta el presente, una de las interpretaciones
más influyentes de lo que define la mexicanidad ha sido la del mestizaje, que
tiene un fuerte contenido racial al referirse a la fusión de dos “razas”: indígenas y europeos. Así, el mestizo fue
elevado a figura central de la nación. Esta narrativa fue promovida como eje de
cohesión e identidad pero a costa de minimizar la pluralidad étnica y cultural
del país.
El problema del
concepto de raza
El concepto de “raza” que en su origen sustentaba el concepto de mestizo, presenta problemas fundamentales. Surgido en
el siglo XIX, este término fue utilizado para clasificar a los seres humanos
según características físicas. Sin embargo, la genética contemporánea ha desacreditado
esa visión. A nivel de ADN, los seres humanos compartimos aproximadamente más
del 99.9% de su material genético, lo que invalida cualquier jerarquización
racial. Hoy se reconoce que se trata de una construcción social e ideológica,
históricamente empleada para justificar el colonialismo y, en casos extremos,
políticas genocidas como las impulsadas por Hitler durante el nazismo.
Vasconcelos y la “raza
cósmica”
José Vasconcelos llevó la idea del mestizaje a su formulación más
ambiciosa con el concepto de la “raza cósmica”. En esa visión, el mestizaje no
era solo una realidad histórica, sino el anuncio de una nueva síntesis
civilizatoria y ofrecía una narrativa optimista de integración nacional. Ahora, la discusión contemporánea sobre la
mexicanidad ha evolucionado hacia el reconocimiento de la pluralidad cultural:
desde los pueblos indígenas hasta las comunidades menonitas y mormonas, que
conservan prácticas culturales propias.
Diversidad cultural y
derechos humanos
El reconocimiento de la diversidad cultural no implica la aceptación
irrestricta de todas las prácticas sociales ni aceptar sin más cualquier
práctica en nombre de la tradición. En un Estado moderno, el respeto a los
derechos humanos constituye un límite infranqueable. No pueden justificarse
prácticas que vulneren derechos fundamentales bajo el argumento de usos y
costumbres. La diversidad merece respeto; la violación de derechos, no.
Hacia una nueva
concepción de lo mexicano
La mexicanidad no puede definirse únicamente en función del pasado. Una
nación no se explica únicamente por su origen; también se define por el
proyecto de futuro que es capaz de construir. El mexicano deberá ser, ante
todo, un ciudadano cosmopolita: abierto al mundo, receptivo a las ideas
científicas y tecnológicas, y comprometido con la democracia, la libertad y el
desarrollo de su comunidad.
México continúa buscando una identidad que no excluya, sino que
integre; que no se ancle en el pasado, sino que proyecte una visión moderna
hacia el futuro. La mexicanidad no debería entenderse como una esencia fija ni
como una herencia racial, sino como una tarea colectiva: la de articular
memoria, ciudadanía, diversidad y futuro dentro de un moderno proyecto
nacional.
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