11 de noviembre de 2017

UN PAÍS POLARIZADO


Por: Octavio Díaz García de León

      A un año del cambio del gobierno federal se perciben síntomas de enojo y división en la sociedad mexicana y sus élites. Pareciera que los consensos se han roto y se siente una efervescencia negativa en el ambiente. Lo peor que podría pasar es que el encono se transformara en violencia y eso no debemos permitirlo.

     Este sexenio inició con muy buenos augurios. La oposición a AMLO hizo posible que el PRI regresara a los Pinos. Las élites y una parte de la población, después de 12 años de gobiernos panistas, le apostaron a un regreso del PRI, partido que vendió bien la idea de que ellos sí sabían gobernar, ante la debacle de la candidatura del PAN y la posibilidad de que AMLO ganara. A estas alturas del sexenio, los bajos índices de popularidad del presidente Peña parecen indicar que hubo una gran decepción.

      El presidente Peña fue elegido con un mandato menos cuestionado que el de Calderón y logró armar el Pacto por México con todos los partidos para impulsar una agenda reformista de gran calado. Tan exitoso fue el arranque de su administración que un posible bombazo en enero de 2013 en las oficinas centrales de PEMEX,  el cual  cobró 32 vidas y 121 heridos, pasó desapercibido (La versión oficial fue que se trató de una explosión derivada de una fuga de gas) (https://octaviodiazgl.blogspot.mx/2013/02/la-tragedia-en-el-edificio-de-pemex.html). La luna de miel de esta administración acabó entre el 26 de septiembre de 2014 con la tragedia de Ayotzinapa y el 9 de noviembre de ese año al darse a conocer la existencia de la “Casa Blanca de Las Lomas”, propiedad de la primera dama. A partir de allí, la polarización y el encono contra el gobierno se han agudizado y los medios de comunicación y las redes sociales han dado cuenta del malestar de un gran segmento de la población.

     Luego del éxito del Pacto, ahora también la clase política está enfrentada. El Congreso, paralizado, es incapaz de nombrar a funcionarios clave del gobierno: los de la PGR y el Sistema Anticorrupción. Los partidos, por su parte, están en crisis.  

    El PAN no supo procesar el caso de Margarita Zavala quien, con su salida, ha provocado el enojo y el posible abandono del PAN de sus seguidores. Ricardo Anaya logrará su objetivo de ser candidato a la presidencia, por un partido dividido, aunque en alianza con el PRD y MC. El PRI ya está por designar a su candidato y eso generará tensión y divisiones, aunque ese partido tiene sus formas de procesar las disidencias y poco sale a la luz pública. Tradicionalmente se han dividido entre políticos y tecnócratas y todo parece indicar que ganarán los tecnócratas con la candidatura de Meade.  Falta ver que harán los otros, cuyas figuras emblemáticas Beltrones y Gamboa podrían poner nuevamente en riesgo la unidad al interior de ese partido. En MORENA, pese al gran control que ejerce AMLO, Monreal podría representar una fractura y la inconformidad por el reparto de puestos ya los enfrenta. Por lo que respecta al PRD, la desbandada de miembros de ese partido hacia MORENA, muestra las divisiones a su interior.

      Pero hay otro fenómeno que llama la atención: la polarización en las redes sociales. Preocupa el tono agresivo y fanático que manifiestan, por ejemplo, quienes apoyan a los diferentes partidos y candidatos en Twitter.

     Como pequeña muestra, hace poco le di un retuit  a una entrevista que el periódico  español,  El País,  le hizo a Roger Bartra (https://elpais.com/internacional/2017/11/07/mexico/1510095586_738424.html) y cuyo encabezado decía “López Obrador representa la nostalgia por el viejo PRI”. Inmediatamente una tuitera me contestó: “Digan lo que digan los defensores a ultranza del neoliberalismo, no hay prueba fehaciente que sustente esas patrañas. El D.F. fue gobernado por AMLO de la mejor forma q se ha hecho en los últimos 50 años… Es la UNICA opción viable hoy por hoy”. Salvo el gobierno de Ebrard, los demás gobiernos del PRD en la CDMX, incluido el de AMLO, han sido bastante malos, pero acusar a Roger Bartra de defensor a ultranza del neoliberalismo se me hizo un exceso.    El Dr. Bartra es una de las voces más lúcidas de la izquierda mexicana, habiendo militado en el partido comunista y hasta en la guerrilla, además de ser un extraordinario conocedor de la  política de nuestro país (http://www.elfinanciero.com.mx/retrato-hablado/yo-naci-en-la-izquierda.html). Esta muestra (Aunque hay otros tuiteros seguidores de AMLO que son mucho peores) nos da idea del paupérrimo nivel de discusión en redes sociales, el fanatismo, la ignorancia y, sobre todo, la violencia.  

    La polarización que estamos viviendo nos podría llevar a confrontaciones internas que recuerdan la época más trágica de México: la secesión de Texas en 1836 y la invasión norteamericana en 1847 que nos encontró siendo un país sumamente dividido, con un pésimo gobierno, el de Santa Anna, e incapaz de defender lo más elemental: su territorio. Ante un cambio de gobierno, lo peor que nos puede pasar es que no sepamos conciliar nuestras diferencias y pasemos de enfrentarnos en redes sociales a hacerlo en las calles


Las opiniones vertidas en esta columna son exclusivamente a título personal y no representan puntos de vista de ninguna institución.


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3 de noviembre de 2017

SERVIR AL PAÍS Y NO A INTERESES PARTICULARES

LA SILLA ROTA


Por: Octavio Díaz García de León

     La reciente renuncia del Procurador General de la República, el despido del Fiscal Especial en materia de Delitos Electorales y la falta del Fiscal Anticorrupción han debilitado a la PGR de tal forma que están provocando una crisis institucional en el peor momento posible: en vísperas de elecciones, ante el inminente cambio de la Administración Federal y ante casos muy sonados de corrupción. En esta coyuntura se vuelve indispensable tener instituciones fuertes que permitan asegurar un cambio de gobierno sin sobresaltos por lo que esperamos se resuelva pronto dicha problemática.

     En el fondo de esta crisis en la PGR está el tema de la independencia de los funcionarios que ocupen los puestos antes mencionados. El Procurador Cervantes no duró ni un año en el puesto, en el transcurso del cual, algunos críticos pusieron en duda su independencia del presidente de la república y por lo cual, argumentaban, no era un candidato viable para luego pasar a encabezar la nueva Fiscalía General de la República ya que se busca precisamente que quien la dirija pueda actuar de manera imparcial sin importar a quien afecte.

     Los miembros del Congreso, quienes son responsables de nombrar a estos funcionarios, no se han puesto de acuerdo sobre las personas idóneas para cubrir los cargos en la PGR y también han afectado al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) el cual sigue sin tener a todos sus integrantes, algunos de ellos clave, como el antes mencionado Fiscal Anticorrupción, los 18 magistrados anticorrupción y los titulares de órganos internos de control en organismos autónomos, entre otros. Además, se aproxima el cambio del Auditor Superior de la Federación, pieza clave en el SNA y es posible que también se pudiera entrampar el nombramiento de su sucesor.

     Desafortunadamente el nombramiento de estos funcionarios depende de la aprobación del Congreso y está sujeto a negociaciones cupulares entre partidos políticos y con la Presidencia de la República. Si lo que se busca es que los nombrados tengan autonomía para ejercer sus funciones, difícilmente se logrará encontrar a las personas idóneas si dependen de una negociación política y no de sus propios méritos.

     Y aquí está el problema. Los funcionarios que ocupen estos puestos no deben dar gusto a quienes los nombran sino a la población que van a servir. Si los criterios de selección no son aquellos que permitan escoger a las personas con el mejor perfil para desempeñar su trabajo, se corre el riesgo de que quienes lleguen a esos puestos carezcan de las capacidades necesarias y por tanto basen sus decisiones de trabajo en cuidar los apoyos políticos que los llevaron al cargo.  

     La actuación imparcial de las instituciones pasa por la independencia de los individuos que son parte de ellas. Es decir, los funcionarios que las integran deben mostrar que son capaces de tomar decisiones sin importar que intereses afecten o a que personajes toquen. Para ello deben tener no solo los conocimientos suficientes para desempeñar su puesto, sino procurar el bien general de la sociedad y no poner por delante los intereses de personas, grupos o partidos.

    Desafortunadamente en la etapa en que nos encontramos de la evolución democrática de nuestro país, aún estamos lejos de tener estos funcionarios modelo. Aún no tenemos una democracia lo suficientemente madura que permita tener gobiernos más profesionales y aunque existe un servicio profesional de carrera, este no ha funcionado como debiera.

    Recordemos que venimos de un sistema político en que todas las instituciones de Estado mexicano estaban sometidas a la voluntad del presidente de la República y su voluntad era acatada por todos los que participaban en este sistema, incluidos empresarios, sindicatos, y hasta las iglesias. Él podía disponer quien iba a ser candidato de elección popular lo cual, además, garantizaba el ser elegido al no existir una oposición viable. Por ello, la lealtad de todos los así nombrados no era hacia la población a la que se suponía debían servir, sino para cuidar los intereses del presidente en turno y su grupo. Este sistema tenía grietas y deficiencias, pero estuvo cerca de ser “la dictadura perfecta” como la caracterizó Vargas Llosa.

    Con los avances hacia la democracia, hubo la ilusión de que habría algo más cercano al modelo teórico de gobierno que nos hemos dado y donde se podría contar con una verdadera independencia de los tres poderes, en donde los representantes populares estuvieran verdaderamente al servicio de sus representados y se tuvieran las demás bondades de un sistema democrático maduro. Pero aún no llegamos a esa etapa. El poder presidencial se debilitó, pero en su lugar ha surgido el poder de una pequeña élite política que dirige a los partidos o bien en algunos de ellos, en donde todas las decisiones se concentran en una persona.  

    ¿Cómo hacer para que los funcionarios respondan al interés público, procuren el bien común y estén verdaderamente al servicio de la población y no de unos cuantos? Se ha intentado con la promulgación de la Ley del Servicio Profesional de Carrera que tiene casi 15 años; se han creado cada vez más organismos constitucionalmente autónomos, buscando hacerlos más profesionales y desligarlos de los altibajos políticos. Sin embargo, en este último caso, mientras los integrantes de sus órganos de gobierno sean elegidos por un Congreso que vela más por los intereses partidistas y no los de la población, estos organismos carecerán de la independencia necesaria que requieren.

     No hay soluciones fáciles para lograr que los funcionarios respondan a la población y no a sus padrinos políticos. Se podrían establecer métodos de selección rigurosamente meritocráticos, como por ejemplo los que se llevan a cabo para seleccionar comisionados en el Instituto Federal de Telecomunicaciones o en la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) (Aunque también han sido sujetos de críticas). En estos procesos se debería privilegiar la experiencia, los conocimientos, habilidades directivas y sobre todo la honestidad con que se han conducido en su vida profesional y evitar en lo posible que tengan conflictos de interés de cualquier tipo.

     Un aspecto que ayuda a lograr la imparcialidad y garantizar la independencia es la transparencia y la rendición de cuentas en donde las decisiones se toman a la vista de todos. Otro buen ejemplo de esta transparencia son las sesiones de los comisionados de la COFECE que, si bien aún no se hacen públicas en tiempo real, por lo menos se pueden escuchar los audios de las mismas. Estos mecanismos se deberían aplicar a otras instituciones en donde se toman decisiones que afectan la vida del país.  

     Para que los gobiernos de nuestro país mejoren en su eficacia y eficiencia y disminuya la corrupción, los funcionarios deben de dejar de pensar en cómo favorecer sus intereses personales o los de sus familiares, amigos o los partidos a los que pertenecen. Para su nombramiento se deben encontrar criterios de selección imparciales que pongan a las mejores personas y se les debe exigir que actúen apegados a la Ley y en pro de la comunidad.  Todo ello urge ponerlo en práctica en los puestos clave de la PGR y el Sistema Nacional Anticorrupción. También se debe revisar el funcionamiento de los servicios profesionales de carrera e implementarlos donde haga falta. Solo con funcionarios que pongan por delante los intereses de la sociedad será que mejoren los resultados del gobierno y disminuya la corrupción.


Las opiniones vertidas en esta columna son exclusivamente a título personal y no representan puntos de vista de ninguna institución.


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SE REQUIEREN FUNCIONARIOS AL SERVICIO DEL PAÍS


Por: Octavio Díaz García de León

    La reciente renuncia del Procurador General de la República, el despido del Fiscal Especial en materia de Delitos Electorales y la falta del Fiscal Anticorrupción han debilitado a la PGR de tal forma que están provocando una crisis institucional en el peor momento posible: en vísperas de elecciones, ante el inminente cambio de la Administración Federal y ante casos muy sonados de corrupción. En esta coyuntura se vuelve indispensable tener instituciones fuertes que permitan asegurar un cambio de gobierno sin sobresaltos por lo que esperamos se resuelva pronto dicha problemática.

     En el fondo de esta crisis en la PGR está el tema de la independencia de los funcionarios que ocupen los puestos antes mencionados. Los miembros del Congreso, quienes son responsables de nombrar a estos funcionarios, no se han puesto de acuerdo sobre las personas idóneas para cubrir los cargos en la PGR y también han afectado al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) el cual sigue sin tener a todos sus integrantes, algunos de ellos clave, como el antes mencionado Fiscal Anticorrupción, los 18 magistrados anticorrupción y los titulares de órganos internos de control en organismos autónomos, entre otros. Además, se aproxima el cambio del Auditor Superior de la Federación, pieza clave en el SNA y es posible que también se pudiera entrampar el nombramiento de su sucesor.

    Desafortunadamente el nombramiento de estos funcionarios depende de la aprobación del Congreso y está sujeto a negociaciones cupulares entre partidos políticos y con la Presidencia de la República. Si lo que se busca es que los nombrados tengan autonomía para ejercer sus funciones, difícilmente se logrará encontrar a las personas idóneas si dependen de una negociación política y no de sus propios méritos.

    Y aquí está el problema. Los funcionarios que ocupen estos puestos no deben dar gusto a quienes los nombran sino a la población que van a servir. Si los criterios de selección no son aquellos que permitan escoger a las personas con el mejor perfil para desempeñar su trabajo, se corre el riesgo de que quienes lleguen a esos puestos carezcan de las capacidades necesarias y por tanto basen sus decisiones de trabajo en cuidar los apoyos políticos que los llevaron al cargo.  

    Desafortunadamente en la etapa en que nos encontramos de la evolución democrática de nuestro país, aún estamos lejos de tener funcionarios modelo. Aún no tenemos una democracia lo suficientemente madura que permita tener gobiernos más profesionales y aunque existe un servicio profesional de carrera, este no ha funcionado como debiera.

    Con los avances hacia la democracia, hubo la ilusión de que habría algo más cercano al modelo teórico de gobierno que nos hemos dado y donde se podría contar con una verdadera independencia de los tres poderes, en donde los representantes populares estuvieran verdaderamente al servicio de sus representados y se tuvieran las demás bondades de un sistema democrático maduro. Pero aún no llegamos a esa etapa.

    ¿Cómo hacer para que los funcionarios respondan al interés público, procuren el bien común y estén verdaderamente al servicio de la población y no de unos cuantos? Se ha intentado con la promulgación de la Ley del Servicio Profesional de Carrera que tiene casi 15 años; se han creado cada vez más organismos constitucionalmente autónomos, buscando hacerlos más profesionales y desligarlos de los altibajos políticos.

    No hay soluciones fáciles para lograr que los funcionarios respondan a la población y no a sus padrinos políticos. Se podrían establecer métodos de selección rigurosamente meritocráticos, como por ejemplo los que se llevan a cabo para seleccionar comisionados en el Instituto Federal de Telecomunicaciones o en la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE). En estos procesos se debería privilegiar la experiencia, los conocimientos, habilidades directivas y sobre todo la honestidad con que se han conducido en su vida profesional y evitar en lo posible que tengan conflictos de interés de cualquier tipo.

     Un aspecto que ayuda a lograr la imparcialidad y garantizar la independencia es la transparencia y la rendición de cuentas en donde las decisiones se toman a la vista de todos. Otro buen ejemplo de esta transparencia son las sesiones de los comisionados de la COFECE que, si bien aún no se hacen públicas en tiempo real, por lo menos se pueden escuchar los audios de las mismas. Estos mecanismos se deberían aplicar a otras instituciones en donde se toman decisiones que afectan la vida del país.  

    Para que los gobiernos de nuestro país mejoren en su eficacia y eficiencia y disminuya la corrupción, los funcionarios deben de dejar de pensar en cómo favorecer sus intereses personales o los de sus familiares, amigos o los partidos a los que pertenecen. Para su nombramiento se deben encontrar criterios de selección imparciales que pongan a las mejores personas y se les debe exigir que actúen apegados a la Ley y en pro de la comunidad.  Todo ello urge ponerlo en práctica en los puestos clave de la PGR y el Sistema Nacional Anticorrupción. También se debe revisar el funcionamiento de los servicios profesionales de carrera e implementarlos donde haga falta. Solo con funcionarios que pongan por delante los intereses de la sociedad será que mejoren los resultados del gobierno y disminuya la corrupción.


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29 de octubre de 2017

VECINOS DISTANTES

Por: Octavio Díaz García de León

     Donald Trump inició su campaña presidencial en junio de 2015 con un discurso de odio hacia los mexicanos. Desde entonces no ha hecho más que reiterarlo. Desde su amenaza de construir un muro entre los dos países y decir que lo van a pagar los mexicanos hasta hacer que Estados Unidos se salga del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN). Al finalizar la cuarta ronda de negociaciones del TLCAN, está a punto de lograrlo y tratará de echarnos la culpa, ya que están proponiendo cláusulas que resultan inaceptables tanto para Canadá como para México. Mientras tanto, la construcción del muro avanza, todavía pagado por los americanos, pero no tardará en intentar que lo pague nuestro país.

     Por más que nos quieran vender la idea de que no cumplirá sus amenazas, de que en el fondo es puro bluff, de que son tácticas de negociación, o de que escuchará razones, lo cierto es que Trump odia a México y a los mexicanos y seguirá hasta donde pueda llegar.  Lo peor que podemos hacer es engañarnos y pensar que en el fondo es una buena persona. Pero esto no quiere decir que representa lo que piensa la mayoría de los americanos. Su posición refleja el odio de una minoría racista que se ha apoderado de las conciencias de americanos blancos, pobres, con poca educación y que son presa fácil de su discurso racista y populista. Es tiempo de buscar a los aliados de México en aquel país para estrechar relaciones entre ambos pueblos, no entre gobiernos.

     Las relaciones entre los dos países no han sido fáciles desde que somos naciones independientes. Sin embargo, a raíz de la firma del TLCAN vivimos una especie de luna de miel. Hay que recordar que Estados Unidos, cuando era presidente Clinton, evitó que México entrara en suspensión de pagos a raíz de la debacle de 1994, cuando el gobierno de Salinas de Gortari dejó una deuda que se volvió impagable para su sucesor el presidente Zedillo y que ocasionó una enorme devaluación del peso, desató una terrible inflación y ocasionó la quiebra de los bancos, mientras que cientos de miles de personas perdieron sus viviendas por volverse impagables los créditos.

      No es que Estados Unidos se haya portado como hermana de la caridad al rescatar a México, ya que el dinero prestado estaba respaldado con ingresos petroleros los cuales quedaron hipotecados hasta que se solventó dicha deuda. El resto de la historia ya la conocen: el rescate de los bancos se convirtió en el FOBAPROA, que seguiremos pagando por muchos años y la banca se quedó en manos de extranjeros en su mayor parte. Pero, por lo menos, hubo apoyos concretos de los americanos ante los problemas auto infligidos por los malos manejos de los gobiernos mexicanos de aquél entonces.

      Antes del TLCAN, veníamos de décadas de una relación distante y muy difícil que retrató muy bien el periodista Alan Riding en su libro escrito a principios de la década de los ochenta y que llamó “Vecinos Distantes”. Curiosamente, los problemas que él describió, siguen siendo prácticamente los mismos: el narcotráfico; la corrupción; la emigración ilegal de mexicanos a Estados Unidos; el petróleo, entre otros. Poco se ha resuelto de los problemas bilaterales desde entonces.

      Estados Unidos se está transformando de manera importante. Existe un asalto al poder por parte de grupos empresariales conservadores que han impulsado una agenda que beneficia a sus intereses en detrimento de la mayoría de los americanos incluyendo una agenda racista y antiinmigrante. Han sido lo suficientemente hábiles para comprar conciencias y modificar la opinión pública a su favor haciendo uso de los enormes recursos económicos con los que cuentan. Trump es un buen ejemplo de estos intereses.

     Afortunadamente, quienes apoyan esta agenda radical, aún son una minoría. Por ello, la sociedad civil mexicana debe tender puentes con los amigos que tiene en ese país. Lo importante ya no es la relación entre gobiernos, que siempre ha sido difícil, sino una relación directa entre las dos sociedades incluyendo a la comunidad americana radicada en nuestro país y a los turistas que vienen de allá.

     En cuanto a la relación entre gobiernos, se debe poner toda la agenda bilateral en la mesa de negociación, no solo la comercial. Si Trump quiere perjudicarnos, habrá que dejar de cooperar en todos los temas sensibles para los americanos. Por ejemplo, terminar con la Iniciativa Mérida y las acciones conjuntas contra el narcotráfico; endurecer la frontera para evitar el paso de armas; perseguir el lavado de dinero para debilitar las redes de suministro de armas; expulsar a  las decenas de agentes anti drogas que operan en nuestro territorio; prohibir el uso de sus equipos de inteligencia aquí; detener la cooperación  para frenar la inmigración ilegal de Centroamericanos; y dejar de  alinearnos  con las posiciones de aquél país en materia de relaciones exteriores (Caso Corea del Norte). Si el gobierno de Estados Unidos ha dejado de ser amigo del nuestro, es tiempo también de reenfocar la relación entre gobiernos, pero en paralelo, fortalecer los vínculos entre ambas sociedades porque como vecinos, es más lo que nos une que lo que nos separa.  


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GRAN PRUEBA PARA MARGARITA ZAVALA


LA SILLA ROTA
Por: Octavio Díaz García de León

    Margarita Zavala renunció al PAN después de 33 años de militancia en ese partido, y el pasado jueves 12 de octubre se registró como aspirante a la presidencia de México mediante una candidatura independiente. En 120 días tendrá que reunir cerca de un millón de firmas para lograr estar en la boleta electoral.

     Este acontecimiento estuvo lleno de polémica. Algunos comentaristas y articulistas dijeron que su salida del PAN iba a favorecer al PRI; otros que a AMLO; algunos más dijeron que no iba a afectar en nada al Frente (PAN+PRD+MC) o al PAN, desdeñando su salida como irrelevante; hubo quienes la acusaron de mezquindad, exceso de ambición, impreparación y otra serie de epítetos. En suma, a una parte de la comentocracia de la CDMX no le gustó lo que hizo Margarita. Pocos le dieron el beneficio de la duda o le aceptaron su derecho a tener una aspiración legítima a la presidencia.
  
    En algunos casos me sorprendió la virulencia de los comentarios, como por ejemplo, el de Jesús Silva-Herzog Márquez en el periódico Reforma (Ver artículo), donde la acusa de falta de méritos, de una precampaña fallida, de falta de inteligencia estratégica, de balbuciente e incoherente en entrevistas,  como diciendo que cómo se atreve a tener aspiraciones presidenciales ante tantos defectos que le encuentra (Como si otros precandidatos no los tuvieran). Hubo otros que le criticaron a Margarita su falta de docilidad para acatar las decisiones del líder de su partido, crítica que se parece a las que los partidarios de AMLO hicieron ante la rebeldía de Monreal, que no quiso aceptar el dedazo de su líder cuando nombró a Sheinbaum como su candidata a la CDMX.

    Pero también hubo opiniones a favor, como por ejemplo el  artículo de Luis Antonio Espino publicado en Letras Libres (Ver artículo)  quien puso al desnudo lo mezquino de los argumentos de quienes intentaron linchar mediáticamente a Margarita. 

    Sin duda la abogada Zavala tiene sus defectos, pero también tiene sus méritos. Un importante segmento del electorado, que seguramente no piensa como los comentaristas de CDMX, ha encontrado algo que les gusta de ella y que la ha posicionado consistentemente en el primer o segundo lugar de las preferencias electorales. 

    Desde que en julio de 2015 anunció su precandidatura presidencial, Margarita se lanzó a una precampaña que la llevó por todo el país en busca de apoyos y algo ha de haber encontrado en el camino pues las encuestas la colocaron consistentemente en un segundo lugar o en empate técnico por el primer lugar con AMLO en las preferencias de los votantes. Aún a pesar de ello, no encontró eco dentro de su partido a la popularidad que sí encontró en las calles. Síntoma de una situación anómala al interior del PAN que así excluía a una de sus mejores cartas al negarle recursos, apoyos o ya de perdida, unas reglas justas de competencia interna para que todos los aspirantes pudieran medir sus tiempos.

    Abandonar al PAN no ha de haber sido una decisión fácil para Margarita pues allí adentro, en teoría, hubiera tenido todas las ventajas que conlleva el tener el apoyo de un partido que ya ha ganado dos veces la presidencia de la república y cuenta con estructura, organización, conocimiento de marca, militantes, recursos públicos y millones de spots en medios de comunicación, aspectos que su presidente Anaya sí ha aprovechado para proyectar su propia candidatura. (¿Sería por eso que se salió Margarita, que en el PAN todo el apoyo era para la precampaña de Anaya y para nadie más?)

    Sin duda algo habrá visto Margarita al interior del PAN que la orilló a abandonar ese partido y tomar la vía más difícil para intentar ganar la presidencia ya que debe conseguir cerca de 8,000 firmas diarias durante 120 días, repartidas por todo el territorio nacional, lo cual requiere una infraestructura y una logística que involucra a decenas de miles de voluntarios. Si la misma tarea se les pusiera a los partidos, habría algunos que simplemente no podrían cumplir con este requisito. A los candidatos independientes se les pusieron unas reglas que más bien están hechas para descarrilarlos. Los partidos políticos aceptaron las candidaturas independientes, pero sin muchas ganas de que se materialicen.

    ¿Por qué la alta intención de voto por la candidatura de Margarita Zavala que se ha manifestado en las encuestas de los últimos años, inclusive antes de que anunciara sus intenciones de aspirar a la presidencia?  Se me ocurren algunas razones. Ella no es una política que ha andado en todos los puestos que ha podido, al acecho del siguiente “hueso”. Su forma de vida es acorde con sus ingresos de clase media y está a la vista de quien quiera darse una vuelta por la colonia Las Águilas en la CDMX. Puede ser también la sencillez y calor humano con la que se desempeñó como primera dama. Quizá podría ser que su espontaneidad y lo sencillo de su mensaje la hace conectar con las personas comunes y corrientes, en contraste con el populismo de unos, la arrogancia tecnócrata de otros o las promesas huecas de los políticos típicos.

    Margarita habla de valores tradicionales, familiares y católicos, que apelan a un segmento importante de la población, pero, además, lo predica con el ejemplo, es decir, es una persona congruente.  Por otra parte, concuerdo con lo que dice Espino en su artículo: el apoyo que el electorado le da a Margarita tiene que ver también con la aprobación que aún tiene la gestión del ex presidente Calderón entre un segmento muy importante del electorado en todo el país.

    Margarita no es una política típica, aunque haya tenido una larga carrera dentro del PAN, y en eso se diferencia mucho hasta de su esposo. Tuvo que diferir sus aspiraciones para privilegiar la carrera política de su marido y no interferir con esa trayectoria. Este es un dilema que otras damas brillantes como Hillary Clinton, han estado dispuestas a asimilar:  posponer sus propias aspiraciones para apoyar el proyecto del esposo. Pero no es un fenómeno único de ellas. Muchas mujeres inteligentes y preparadas han preferido sacrificar sus propias carreras profesionales para atender a una familia desde el hogar o para apoyar a su pareja como una especie de “cuarto de junto”. Pero eso no quiere decir que estas mujeres, llegado el momento oportuno, no tengan derecho a salir a luchar por sus otros intereses personales.

    La salida de Margarita del PAN enriquece la contienda electoral al darle al electorado una alternativa que no le hubiera dado el PAN, ya que la dirigencia de ese partido prefirió seguir la estrategia de unir a tres partidos muy disímbolos, con lo cual, probablemente se decidirá cupularmente a su candidato, mismo que difícilmente hubiera sido Margarita, ya que el presidente del PAN, como ya vimos, tiene sus propias aspiraciones y, si armó el famoso Frente, no fue porque estaba pensando en darle la candidatura ni a Miguel Ángel Mancera ni a Margarita Zavala, sino quedarse con ella.

   ¿Ganará Margarita las elecciones? Hay muchos opinadores que la dan por muerta sin más elementos que sus propios deseos y preferencias o basados en encuestas que reflejan solo como está la situación al día de hoy. En realidad, nada estará definido hasta el 1 de julio cuando se depositen los votos en las urnas. Para la abogada Zavala, sin partido político que la apoye, será una campaña cuesta arriba; primero porque para ser candidata independiente tendrá que conseguir su millón de firmas; luego, porque seguramente en las campañas influirá mucho la mercadotecnia y eso requiere mucho dinero. Por lo pronto, quienes tienen el dinero son los partidos.  Pero ya demostraron el Bronco y Kumamoto que aún con poco dinero es posible encabezar un movimiento nacional opuesto a los partidos, por lo que no hay que descartarla de antemano.


Las opiniones vertidas en esta columna son exclusivamente a título personal y no representan puntos de vista de ninguna institución.

13 de octubre de 2017

MARGARITA ZAVALA, CANDIDATA INDEPENDIENTE


Por: Octavio Díaz García de León

    Margarita Zavala renunció al PAN después de 33 años de militancia en ese partido (Entró a los 16 años). Desde que en julio de 2015 se anunció como aspirante a la candidatura presidencial, se lanzó a una precampaña que la llevó por todo el país en busca de apoyos y algo ha de haber encontrado en el camino pues las encuestas la colocan consistentemente en un segundo lugar o en empate técnico con AMLO en las preferencias de los votantes. El pasado jueves 12 se registró ya como aspirante a la presidencia de México por una candidatura independiente. Tendrá que reunir más de 800 mil firmas para lograrlo.

     Abandonar al PAN no ha de haber sido una decisión fácil pues allí adentro, en teoría, hubiera tenido todas las ventajas que conlleva el tener el apoyo de un partido que ya ha ganado dos veces la presidencia de la república y cuenta con estructura, organización, conocimiento de marca, militantes, recursos públicos y millones de spots en medios de comunicación, aspectos que su presidente Anaya sí ha aprovechado para proyectar su propia candidatura. (¿Sería por eso que se salió Margarita, que en el PAN todo el apoyo era para la precampaña de Anaya y para nadie más?)

     Pero Margarita ya ha vivido esto al lado de su esposo. Hay que recordar que el presidente Fox le pidió al entonces secretario de Energía, Felipe Calderón, dejar sus aspiraciones presidenciales o dejar el gabinete. Calderón optó por dejar el gabinete para lanzarse a una campaña en condiciones muy desventajosas, pero pudo imponerse primero, al precandidato del presidente, Fox, el gris secretario de Gobernación, Santiago Creel, para luego ganarle a AMLO en la contienda presidencial.

     Me ha sorprendido la virulencia de las reacciones contra la salida de Margarita del PAN por un amplio segmento de articulistas y comentaristas. Por ejemplo, el de Jesús Silva-Herzog Márquez en el periódico Reforma,    (http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=121542), donde la acusa de falta de méritos, de una precampaña fallida, de falta de inteligencia estratégica, de balbuciente e incoherente en entrevistas. Opiniones a las que no aporta datos más allá de la anécdota. Hubo otras voces que le criticaron a Margarita su falta de docilidad para acatar las decisiones del líder de su partido, crítica que se parece a las que los partidarios de AMLO hicieron ante la rebeldía de Monreal, que no quiso aceptar el dedazo de su líder, quien nombró a Sheinbaum como su candidata a la CDMX.

     Pero también hubo quien puso al desnudo lo mezquino de los argumentos de quienes intentaron linchar mediáticamente a Margarita.  Tal es el caso del ingenioso   artículo de Luis Antonio Espino en Letras Libres (http://www.letraslibres.com/mexico/politica/como-escribir-una-columna-anti-margarita-zavala-en-10-simples-pasos).

     Sin duda la abogada Zavala tiene sus defectos, aunque no creo que mayores que otros precandidatos que se perfilan y desde luego, también tiene sus méritos. Un importante segmento del electorado, que seguramente no piensa como los comentaristas de la ciudad de México, ha encontrado algo que les gusta de ella y que la ha posicionado consistentemente en el primer o segundo lugar de las preferencias electorales.  

     ¿Qué explica el fenómeno de la alta intención de voto por la candidatura de Margarita Zavala?  Se me ocurren algunas razones. No es una política que ha andado en todos los puestos que ha podido, al acecho del siguiente “hueso”. Su forma de vida es acorde con sus ingresos de clase media y está a la vista de quien quiera darse una vuelta por Las Águilas en la CDMX. Puede ser también la sencillez y calor humano con la que se desempeñó como primera dama. Su espontaneidad y lo sencillo de su mensaje la hace conectar con las personas comunes y corrientes, en contraste con el populismo de unos, la arrogancia tecnócrata de otros o las promesas huecas de los políticos tradicionales.

     No es una política típica y en eso se diferencia mucho, hasta de su esposo. Habla de valores tradicionales, familiares y católicos, que apelan a un segmento importante de la población, pero, además, lo predica con el ejemplo, es decir, es una persona congruente.  Y concuerdo con lo que dice Espino en su artículo: un segmento muy importante del electorado, refleja en el apoyo que le da a Margarita, la aprobación que tiene todavía la gestión del expresidente Calderón, en todo el país.

     La salida de Margarita del PAN enriquece la contienda electoral al darle al electorado una alternativa que no le hubiera dado el PAN, ya que la dirigencia de ese partido prefirió seguir la estrategia de unir a tres partidos muy disímbolos, con lo cual probablemente se decidirá cupularmente a su candidato y no a través de una consulta a la militancia de los tres partidos.

     ¿Ganará Margarita las elecciones? Nadie lo sabe, aunque haya quien opine al respecto. Seguramente en las campañas influirá mucho la mercadotecnia y eso requiere mucho dinero; por lo pronto, quienes tienen el dinero son los partidos. Si bien ya demostró el Bronco que se puede ganar una campaña a base de redes sociales y un poco de ayuda de amigos empresarios, para Margarita será una campaña cuesta arriba. Lo que no hay que hacer, es descartarla de antemano.

Las opiniones vertidas en esta columna son exclusivamente a título personal y no representan puntos de vista de ninguna institución.


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7 de octubre de 2017

DESCENTRALIZAR, NO RECONSTRUIR

LA SILLA ROTA

Por: Octavio Díaz García de León
@octaviodiazg

     El sismo del pasado 19 de septiembre tocó una fibra muy sensible en la capital, por ocurrir precisamente en el 32 aniversario del terremoto de 1985 y por los daños que provocó, que, si bien no fueron tan importantes como los de aquel año, sí fueron significativos. La respuesta de la población de la ciudad de México (CDMX) nuevamente fue admirable y los sitios de desastre se vieron rebasados por el número de voluntarios que acudieron. Las historias de heroísmo, entrega y participación se repitieron nuevamente. De igual forma, la ayuda empezó a fluir de manera generosa de todas partes de la ciudad y del resto de la república. Sin embargo, una vez más se notó que no existe un protocolo adecuado para atender este tipo de emergencias y las autoridades dieron muestra de improvisación, falta de equipo adecuado y no supieron que hacer con la avalancha de donativos y voluntarios.  

      Ahora sigue el largo proceso de rehacer la vida de todos los afectados física y emocionalmente y el encontrar a los responsables de los daños en inmuebles, que pudieron ser evitables. Nuevamente el protagonista más dañino en las tragedias de los inmuebles derrumbados o afectados sigue siendo la corrupción. El cambio de uso de suelo que han permitido los gobiernos en turno, con el consecuente aumento de densidad poblacional, ha generado gran cantidad de construcción de edificios sin asegurar el acceso a servicios, vialidades, estacionamientos y en algunos casos, sin respetar las normas de construcción.  Sobre esto último, la Procuraduría de la CDMX ya abrió más de 140 investigaciones para deslindar responsabilidades, pero mientras no se detenga el crecimiento desmedido de la ciudad, no haya mecanismos para erradicar la corrupción y supervisar adecuadamente las obras, las tragedias seguirán ocurriendo.

      Hace algunas semanas la delegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, en una plática dentro de un foro cerrado, decía que en su delegación estaba erradicada la corrupción. Ante el derrumbe de una escuela que tenía irregularidades en la construcción, causando la muerte de 32 niños y 5 adultos y otros edificios como el Campus del Tecnológico de Monterrey que fueron afectados en su demarcación, tendrá que revisar si verdaderamente su delegación está libre de corrupción.  Y eso mismo tendrán que hacer otros delegados y el propio gobierno de la CDMX, ante tantas muestras de irregularidades.

      La Dra. Ana Lucía Hill, experta en materia de protección civil, me decía hace tiempo que el origen de estas tragedias está en permitir asentamientos en lugares de alto riesgo. Por ejemplo, en el lecho de un río aparentemente seco, en la ladera de un cerro sin estabilidad de suelo, en una barranca, o como la CDMX, en una zona que fue un lago y tiene ahora un suelo fangoso y poco estable, que además es muy propensa a sufrir terremotos e inundaciones, está en un valle que acumula contaminación que mata en el largo plazo y al pie de una zona volcánica, por lo que es inevitable que ocurran tragedias como la que acabamos de vivir. Ir contra la naturaleza tiene su costo y desafortunadamente la zona metropolitana de la CDMX con sus 20 millones de habitantes es un área de alto riesgo y solo es cuestión de tiempo de que ocurra una tragedia mayor.

     Por lo pronto el costo de reparación de los daños causados en CDMX y los demás estados afectados se estima en alrededor de 40 mil millones de pesos, mismos que sin necesidad de pasar por las discusiones absurdas que se han dado en estos días entre los partidos políticos, pueden salir del presupuesto 2018 que asciende a 5.2 billones de pesos ya que solo representa el 0.8% del mismo. Sin embargo, ahora el reto será usar mejor esos recursos y no es reconstruyendo en los mismos lugares afectados como se aprovechará mejor el dinero.

      La CDMX está en el límite de sustentabilidad desde hace décadas. Por ello y por el riesgo que representa vivir en esta ciudad, debería pensarse en un agresivo programa de descentralización. El gobierno federal debería poner el ejemplo y enviar secretarías y paraestatales fuera de la CDMX. Por ejemplo, ahora que se afectó la sede de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes debería aprovecharse para instalarla en otra ciudad. Luego deberían seguir el mismo camino los bancos, aseguradoras, corporativos de empresas y tantas otras fuentes de empleo, las cuales se podrían trasladar a ciudades más pequeñas con mejor calidad de vida y, sobre todo, con menor riesgo para sus habitantes.

    El caso del INEGI, que se fue a Aguascalientes a raíz del sismo de 1985, es un caso de éxito. No solo se llevó a aquella ciudad a alrededor de 3 mil familias, sino que se convirtió en fuente de empleo y derrama económica para una ciudad que en aquella época no tenía muchas opciones. La calidad de vida de que disfrutan los colaboradores de INEGI no solo se da en términos de estar en una ciudad segura, con todos los servicios, mejores incluso que en CDMX (Por ejemplo, el tratamiento de la basura es mucho mejor), vialidades desahogadas, estacionamientos abundantes y muchas otras ventajas, sino que una administración inteligente del INEGI permite que sus empleados trabajen de las 8:00 A.M. a las 4:30 P.M. por lo  los trabajadores aprovechan las tardes para estudiar, hacer deporte, estar con sus familias y disfrutar tiempo libre. ¿Qué no se podría repetir esa experiencia en otras dependencias del gobierno federal, empezando por los organismos autónomos como BANXICO, INAI, IFT, COFECE, CONEVAL, INEE, y el INE? Si a los altos funcionarios de estas instituciones les preocupa la cercanía con el presidente de la República y otros colegas de alto nivel, eso se resuelve con pequeñas oficinas alternas en la CDMX y uso de tecnología para evitar desplazamientos. El INEGI tiene décadas siguiendo este esquema con una reducida oficina alterna y un avanzado sistema de videoconferencia que le permite minimizar la presencia de los miembros de su Junta de Gobierno en la CDMX.

    Otro aspecto que se puede usar es la tecnología de información y comunicaciones que no requiere presencia física en oficinas. Por ejemplo, el Instituto Federal de Telecomunicaciones tiene un programa muy exitoso de trabajo en casa.  Con este enfoque las personas ya ni siquiera tienen que estar en la misma ciudad para trabajar.

     La CDMX por su parte podría cambiar su vocación de ser la sede del gobierno federal y estar lleno de corporativos, empresas prestadoras de servicios e incluso industria (Que afortunadamente hay cada vez menos) y transformarse en un centro cultural. Con sus numerosos museos, salas de concierto, restaurantes, centros comerciales y otros atractivos, la capital se podría convertir en una ciudad turística, más peatonal, con más uso de bicicletas y orientada al turismo que va y viene, pero no reside aquí.

     Antes de que la Ciudad de México sufra una tragedia mayor que podría darse pronto si ocurre el macro sismo que se espera por la fricción acumulada en una franja de la placa tectónica que está a un lado del estado de Guerrero; antes de que lluvias aún más intensas acaben anegando la ciudad y el lago que fue regrese por sus fueros; antes de que vuelva a surgir un volcán como el Xitle en esa sierra que es una zona volcánica activa  (http://www.repsa.unam.mx/documentos/Siebe_2009_volcan_xitle.pdf); antes de que el tráfico, la contaminación, la falta de agua potable y la inseguridad hagan crisis por el crecimiento de la densidad poblacional; antes de que todo eso ocurra,  sería bueno aprovechar esta coyuntura para reducir el tamaño de la CDMX con un proceso acelerado de descentralización.

    No es reconstruyendo en los mismos lugares donde se derrumbaron edificios, ni seguir saturando a la CDMX con nuevas construcciones como se va a lograr solucionar los problemas de la CDMX. Es tiempo de emigrar a otras ciudades antes de que una nueva tragedia nos incluya entre sus víctimas.



    

CIRCO DE DOS PISTAS


                                                                           Por: Octavio Díaz García de León

      Después de sismos, huracanes, inundaciones y nuevas erupciones del Popocatépetl durante septiembre, octubre tampoco inicia bien: un desquiciado causa la mayor masacre con arma de fuego en la historia de los Estados Unidos; el gobierno de España se lanza con todo contra el intento independentista de Cataluña y aquí en México se calienta la carrera presidencial con la salida del PAN de Margarita Zavala, la implosión inminente de ese partido que tratará de llevar a Anaya o a Mancera como candidato,  el probable destape de Meade y la felicidad de AMLO ante el desplome de sus rivales. Pero esto último será para otro artículo. Veamos aquí los dos primeros.

     Morir en Las Vegas. Un concierto de música “country” atrae a más de 22 mil espectadores en Las Vegas. También atrae a un tipo solitario, que le gustaba apostar fuerte, sabía pilotear aviones, era un contador jubilado y no se metía en problemas con nadie. Una persona acerca de la cual un observador agudo, también hubiera podido escribir un libro como el que escribió Hannah Arendt acerca del anodino, pero mega genocida nazi Adolf Eichmann y llamarse también como el de Arendt: “La Banalidad del Mal”.

     Stephen Paddock podría haber pasado por el vecino de cualquiera, el empleado sin chiste, el burócrata mediocre, el cuentachiles típico. Pero la mente de este psicópata nos tenía preparada una sorpresa. Sabemos que había comprado por lo menos 47 armas de fuego y explosivos. El contador tomó una suite en el hotel con vista hacia el lugar del concierto, llevó consigo 16 armas largas que por cierto nadie en el hotel notó o se le hizo extraño que tuviera ese arsenal en su cuarto, miles de cartuchos y algunos explosivos. Ya instalado en su suite puso cámaras con lo que podía observar si alguien se acercaba a su cuarto. El día del concierto, como a las 10 de la noche, empezó a disparar sobre la multitud.

    ¿Por qué? Nadie sabe las razones. Pero lo hizo porque podía hacerlo. Porque pudo comprar armas largas, municiones y explosivos sin ninguna limitación. Porque todo ello es perfectamente legal en Estados Unidos. Porque lo protege la Segunda Enmienda de la Constitución de ese país. Porque la Asociación Nacional del Rifle piensa que todos deberían tener armas y el derecho a portarlas en cualquier parte. Porque el presidente Trump y principalmente los legisladores del partido Republicano creen que todos sus conciudadanos deberían tener armas y usarlas para defenderse (De que enemigo imaginario, no lo sé). Porque la venta de armas es un gran negocio para los fabricantes y por supuesto no les importa que se usen para matar personas. Porque numerosos centros de investigación, periodistas y líderes de opinión, comprados por los intereses de los traficantes de armas, publican con frecuencia que es bueno para el ciudadano común y corriente, para el ama de casa, para el estudiante, tener armas de fuego, armas largas como cuernos de chivo, todas ellas muy apropiadas para el hogar del americano típico. 
     
    Gracias a esas amplias libertades que los asesinos en potencia gozan en el vecino país, el contador Paddock pudo matar a 58 personas y herir a otras 527 quienes nada más estuvieron en el lugar y la hora equivocados, a la vista de las armas del Sr. Paddock. Por lo pronto, las acciones de las empresas fabricantes de armas subieron de manera importante. ¡Qué gran país es Estados Unidos que privilegia tanto la libertad de que todos tengan armas, para que psicópatas puedan matar inocentes!

Independizarse de España. Y no, no es deja-vu por las fiestas patrias que acabamos de pasar. En pleno siglo XXI hay quien quiera independizarse de España. Pero no se trata de una colonia en Ultramar que se cansó de enviar oro y plata de sus minas o que perdió a su población indígena víctima de la explotación a manos de los españoles. Se trata de Cataluña. La comunidad más próspera de España, cuyos líderes desean plena autonomía para ahora así librarse de la molesta interferencia del gobierno central y su Rey. (Se parece a los gobiernos estatales de México; lo bueno es que aquí no se quieren separar todavía, pero sí que los dejen “hacer”.)  

     Los líderes catalanes han logrado persuadir a una parte importante de sus conciudanos (Aunque quizá no a la mayoría) que, sin España, estarán mejor. Sin tener una propuesta clara de la nación que serían separados de España, en la mejor práctica de los populistas, apelan a los sentimientos de la población. Hacen creer que mágicamente, con la independencia, estarán mejor que antes. Que, levantando fronteras, barreras al comercio, saliendo de España y de la Unión Europea y otras barbaridades, estarán mejor.  Se equivocan.

     Al Rey Felipe VI y al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, por supuesto que no les ha hecho gracia y ante el referéndum convocado por el presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, han hecho todo por detenerlo debido a su carácter ilegal. Desafortunadamente el gobierno español cayó en la trampa de la violencia y ahora se ha hecho de cientos de mártires innecesarios. Ojalá que predomine la cordura y que no se rompa la unidad de España.



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