27 de septiembre de 2026

INTELIGENCIA PARA LA GESTIÓN PÚBLICA

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La inteligencia suele asociarse con la seguridad nacional y la seguridad pública, pero su lógica es igualmente útil para empresas y gobiernos: reunir información, contrastarla y convertirla en conocimiento para anticipar riesgos. En el sector privado puede servir para estar alerta contra la competencia o para descubrir fraudes. En el sector público, una de sus aplicaciones está en la identificación de riesgos en contrataciones públicas, donde una revisión preventiva puede detectar señales de alerta.

 Riesgos en contrataciones públicas

    Cuando se realizan licitaciones públicas y las convocatorias para dichas licitaciones no están elaboradas de manera adecuada, pueden llegar a participar empresas fantasma, empresas fachada, intermediarios, empresas con vínculos entre sí, empresas que siempre se ven favorecidas por los funcionarios de las instituciones, empresas quebradas o sin el personal para hacer el trabajo. También se pueden identificar vínculos con funcionarios, licitaciones dirigidas y otros riesgos de corrupción.

 Casos del pasado

    El periodismo de investigación ha venido haciendo uso de estas herramientas y ha descubierto importantes casos de corrupción en el gobierno. Por ejemplo, la Estafa Maestra documentó contratos por 7,670 millones de pesos canalizados por 11 dependencias federales y ocho universidades; 128 de las 186 empresas investigadas presentaban irregularidades graves o carecían de capacidad para prestar los servicios. Más recientemente, Fantasmas del Erario, de Quinto Elemento Lab y el Observatorio de la Corrupción e Impunidad, identificó 3,529 contratos otorgados entre 2002 y 2022 a 834 empresas que facturaron operaciones simuladas por 11,492 millones de pesos. El caso de la Casa Blanca de Peña Nieto exhibió, en otro plano, los riesgos derivados de la cercanía entre altos funcionarios y contratistas gubernamentales con el consecuente conflicto de interés.

 Casos recientes: INE y Olinia

    Los riesgos no son únicamente las empresas fantasma. En 2024, el periódico Reforma cuestionó el contrato del INE con la empresa Bell-Krom para producir 25,302 chamarras de identificación para capacitadores electorales por 18 millones de pesos pese a que otra propuesta rondaba los 8 millones. La empresa terminó entregando únicamente 1,606 prendas dentro del plazo y, según la investigación, había distribuido la fabricación entre ocho pequeños talleres cuya propiedad no acreditó, realizando una subcontratación prohibida. El propio Instituto documentó después el incumplimiento y rescindió el contrato.

    Algo similar ocurrió con el carro eléctrico del gobierno, Olinia. En 2025, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación contrató por 5.9 millones de pesos a Rocketel, empresa conocida por servicios de telefonía y sin trayectoria conocida en la industria automotriz, para la conceptualización y coordinación del proyecto del automóvil eléctrico. La investigación de El CEO señaló además que la contratación se realizó mediante invitación restringida. Fotografías difundidas en redes mostraron un domicilio de la empresa que resultó ser una casa, lo que hizo dudar sobre su capacidad técnica. Aunque eso no demuestra irregularidades, combinando la falta de experiencia de la empresa y una asignación restringida, sí podría ser una señal de alarma.

 Qué puede aportar la inteligencia

    La inteligencia puede provenir de varias fuentes: la OSINT— inteligencia de fuentes abiertas— permite revisar registros públicos, antecedentes corporativos, sanciones, contratos, litigios, socios y experiencia. La exploración de presencia en la internet y redes sociales ayuda a comprobar si la huella digital de una empresa es congruente con la capacidad que declara. GEOINT— inteligencia geográfica— e IMINT— inteligencia de imágenes— permiten contrastar domicilios, instalaciones, obras o evidencia fotográfica. FININT— inteligencia financiera— ayuda a detectar riesgos financieros.  HUMINT —inteligencia humana— puede revelar conflictos de interés, acuerdos verbales u otras prácticas ocultas. También son útiles el análisis documental, el análisis de contratos y el análisis de vínculos, los cuales pueden revelar competencia simulada, sobrecostos, fraccionamiento, criterios de evaluación dirigidos, redes entre personas, empresas y representantes, beneficiarios comunes, prestanombres y proveedores relacionados. Además, se pueden potenciar estos métodos con inteligencia artificial.

     Estas herramientas aplicadas con una metodología sistemática permiten que las autoridades eviten contratar empresas incumplidas o fantasma. Un buen diseño de las bases de licitación, el aplicar controles de confianza al personal que realiza las contrataciones y otras medidas de prevención, evitan la comisión de actos de corrupción y/o delitos. También evitan el daño reputacional hacia los funcionarios de las instancias de gobierno,  pues se ha visto como el periodismo de investigación puede descubrir casos de corrupción.

 De la auditoría reactiva a la preventiva

    Las auditorías tradicionales revisan hechos consumados, mientras la inteligencia aplicada a la gestión pública es preventiva.  Las fianzas y requisitos administrativos que se solicitan en las licitaciones son necesarios, pero no suficientes, para disminuir los riesgos de una mala contratación. Si bien, la inteligencia no pretende sustituir controles jurídicos ni suponer culpabilidades, busca encontrar información que permita identificar riesgos para concentrar la prevención en estas áreas. El objetivo es detectar antes lo que, con demasiada frecuencia, se descubre cuando el recurso público ya se perdió.

12 de septiembre de 2026

EQUILIBRIOS DIFÍCILES

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La presidenta Sheinbaum ha conseguido, hasta ahora, administrar una relación particularmente difícil con Estados Unidos. En una relación asimétrica, su estrategia ha sido evitar la confrontación innecesaria, mantener abiertos los canales de negociación y hacer concesiones cuando es necesario.  Ese equilibrio ha producido resultados, pero no se trata de una estabilidad permanente. Basta con que haya un sobresalto en alguno de los temas sensibles para que la relación vuelva a tensarse.

 Comercio: avances dentro de una negociación incierta

    El frente comercial ofrece un ejemplo más claro. La revisión conjunta del T-MEC sigue abierta y las conversaciones abarcan asuntos particularmente delicados para México, entre ellos acero y aluminio, automóviles, reglas de origen, agricultura, trabajo y seguridad económica. Hasta ahora, México ha logrado mantener negociaciones sin ruptura con Washington, en contraste con la escalada que ha marcado la relación entre Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el éxito de la estrategia mexicana se medirá por la preservación del acceso al mercado estadounidense y por las condiciones que finalmente se acuerden.

 Migración: menor presión

   La migración también ha perdido parte de la importancia que llegó a tener en la agenda bilateral. El endurecimiento de la política estadounidense y las acciones mexicanas para contener los flujos hacia el norte han reducido la presión política inmediata sobre este tema. Para el gobierno mexicano, eso libera espacio de negociación. Pero se trata de un equilibrio dependiente de decisiones que México no controla por completo: un nuevo aumento de los flujos migratorios o un cambio en la política interna de Estados Unidos podría devolver el asunto al centro de la relación en muy poco tiempo.

 Estabilidad política

   En el ámbito interno, el gobierno mexicano cuenta con una posición política dominante y con capacidad suficiente para tomar decisiones y no enfrenta, por ahora, un movimiento antisistema de alcance nacional capaz de poner en riesgo  la continuidad del Estado, aunque existe malestar social, violencia regional y una elevada concentración del poder político. Esta estabilidad facilita la interlocución con Washington, porque Estados Unidos encuentra a un gobierno con quien negociar. Sin embargo, la concentración del poder en la presidencia y el partido dominante genera riesgos: cuando se debilitan los contrapesos institucionales, disminuye la capacidad de corregir errores y aumenta la posibilidad de tomar decisiones equivocadas.

Economía estable en el corto plazo con fragilidad estructural

    La economía presenta una señal parecida: estabilidad en el corto plazo, pero fragilidad estructural. El segundo trimestre de 2026 mostró una expansión, pero el crecimiento de los últimos ocho años ha sido insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante y ampliar la base fiscal. A ello se suma una informalidad laboral que todavía comprende a más de la mitad de la población ocupada. Mientras aumentan las necesidades de gasto  por pensiones, programas sociales, salud, seguridad, infraestructura y servicio de la deuda, el margen presupuestal se vuelve más estrecho. Para sostener este modelo se requiere una economía que crezca, invierta y recaude más.

 Seguridad: el principal punto de tensión

     El punto de mayor riesgo sigue siendo la seguridad. Las organizaciones criminales han desarrollado capacidades económicas, territoriales y políticas que rebasan el problema tradicional de la delincuencia. Su presencia afecta la inversión, encarece el transporte de mercancías, deteriora la vida cotidiana y, en algunas regiones, desplaza al Estado. Todo ello en medio de advertencias de Estados Unidos que no tolerará que actores políticos mexicanos sean cómplices de la delincuencia.

El caso Rocha Moya

  El caso de Rubén Rocha Moya ilustra esa vulnerabilidad. En abril, fiscales federales estadounidenses acusaron al gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios de delitos relacionados con narcotráfico. Rocha se separó temporalmente del cargo, regresó después de 112 días de licencia y volvió a solicitar licencia indefinida poco más de un día después.  Se ha especulado que el Gobierno de México negoció separarlo del cargo a cambio de evitar su extradición, por lo que  su regreso provocó una crisis que se manifestó a través del rechazo de la presidenta Sheinbaum y de su propio partido. Esta situación mostró como un caso de seguridad puede convertirse, en cuestión de horas, en un problema que afecte los frágiles equilibrios construidos.

  Equilibrio, posible, pero frágil

     Por ello, el equilibrio que ha construido Sheinbaum debe entenderse solo como un punto de partida. México necesita mantener una relación funcional más sólida con Estados Unidos, pero también fortalecer las condiciones internas que le permitan mejorar: seguridad, crecimiento, energía confiable, infraestructura, capital humano, certeza jurídica y contrapesos institucionales. Sin estos elementos, no habrá avances duraderos para el país. Los equilibrios pueden servir para ganar tiempo, pero lo importante será obtener resultados permanentes que beneficien a México.

EL RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Por: Octavio Díaz García de León

    En julio de 2026, las empresas OpenAI y Hugging Face dieron a conocer un incidente de seguridad ocurrido durante una evaluación interna de capacidades cibernéticas. Un conjunto de modelos de inteligencia artificial, que estaba sometido a una evaluación para ver si podía vencer un ambiente de ciberseguridad, logró salir del entorno aislado en el que estaba siendo evaluado y atacar la infraestructura de Hugging Face en busca de cumplir el objetivo de la prueba. Todo ello sin intervención humana. Esto no significa que estemos ante una rebelión de robots. Pero sí muestra que algunas herramientas de inteligencia artificial pueden recibir un objetivo y por sí mismas,  planear, utilizar herramientas digitales, escribir código de computación, ejecutar instrucciones y adaptarse a obstáculos para lograr una meta.

 Qué es la inteligencia artificial 

    La inteligencia artificial es un conjunto de sistemas capaces de realizar tareas que antes asociábamos sólo con la inteligencia humana: entender lenguaje, reconocer imágenes, identificar patrones, traducir textos, resolver problemas, generar contenidos, programar, diagnosticar, clasificar información, tomar decisiones e incluso moverse y operar como humanos. El campo de la inteligencia artificial no es nuevo. Personas como el filósofo alemán Leibnitz en el siglo XVIII pensaron en programas y dispositivos que pudieran hacer tareas pensantes. Pero fue hasta mediados del siglo pasado cuando Alan Turing planteó el problema clave de si una máquina podía imitar el pensamiento humano,  al grado de ser indistinguible de una persona,  y a partir de allí empezó a tomar un gran impulso este campo.  

 Bases filosóficas de la inteligencia artificial

    Uno de los debates de fondo en la inteligencia artificial es cómo se produce el conocimiento. Existen dos grandes formas de entender la inteligencia: por un lado, la razón, asociada a la capacidad de ordenar ideas y llegar a conclusiones mediante reglas lógicas; por otro, la experiencia, entendida como el aprendizaje que surge de observar el mundo. Durante buena parte del siglo XX, la inteligencia artificial siguió una ruta racionalista: se pensaba que bastaba con programar reglas claras para simular el razonamiento humano. Este enfoque permitió avances importantes, como los primeros sistemas expertos y programas capaces de jugar ajedrez. Sin embargo, con el tiempo se hizo evidente que la realidad es demasiado compleja para reducirla a reglas fijas. Por ello, la investigación se desplazó hacia modelos capaces de aprender a partir de grandes cantidades de datos. La inteligencia artificial actual combina ambas tradiciones: razona con estructuras lógicas, pero aprende principalmente mediante la experiencia acumulada en datos.

 ¿Deberíamos tener miedo a la inteligencia artificial?

     Es necesario entenderla y prever su impacto en la sociedad, pero no temerle como para paralizarnos. La historia muestra que toda tecnología poderosa tiene usos positivos y riesgos evidentes. La energía nuclear puede producir electricidad o destruir ciudades. La biotecnología puede curar enfermedades o producir armas biológicas. La inteligencia artificial entra en esa misma categoría de tecnologías de doble uso. Puede aumentar la productividad, mejorar diagnósticos médicos, personalizar la educación, acelerar investigaciones científicas, automatizar trámites, traducir idiomas, detectar fraudes y apoyar a empresas. Pero también puede tener su lado oscuro al utilizarse para vigilar ciudadanos, manipular elecciones, cometer delitos cibernéticos, desplazar empleos, producir desinformación o tomar decisiones injustas si se alimenta con datos sesgados. Por eso, el problema no es la existencia de la inteligencia artificial. El problema es cómo se diseña, quién la controla, con qué límites opera y para qué fines se utiliza.

 El impacto en el trabajo

     Uno de los efectos más importantes será laboral. La inteligencia artificial no sólo afectará trabajos manuales o repetitivos. También alcanzará actividades profesionales que antes parecían protegidas: abogados, contadores, médicos, ingenieros, periodistas, programadores, diseñadores, analistas financieros, profesores y consultores. Muchas tareas que requieren educación universitaria ya pueden ser asistidas o parcialmente automatizadas. Pero el riesgo es que sustituya a quienes no aprendan a trabajar con ella.

  El nuevo valor humano

     Ante esta tecnología, el valor del ser humano no estará en competir con la computadora en velocidad de cálculo, memoria o procesamiento de datos sino en formular buenas preguntas, interpretar resultados, verificar información, tomar decisiones prudentes, asumir responsabilidad, entender contextos y distinguir entre lo técnicamente posible y lo socialmente deseable. Para ello debemos entender la tecnología digital; aprender a verificar los resultados; proteger la información; regular su desarrollo sin obstaculizarla; y repensar la educación, la cual enfrenta una revolución.

 México frente a la inteligencia artificial

     México no puede darse el lujo de mirar esta revolución desde la distancia porque inevitablemente será usuario masivo de estas herramientas. El riesgo no es sólo que se pierdan empleos. También lo es quedarse rezagado. Si otros países usan inteligencia artificial para elevar productividad, mejorar servicios públicos y formar trabajadores más preparados, la brecha tecnológica se ampliará.