12 de septiembre de 2026

EQUILIBRIOS DIFÍCILES

 

Por: Octavio Díaz García de León


    La presidenta Sheinbaum ha conseguido, hasta ahora, administrar una relación particularmente difícil con Estados Unidos. En una relación asimétrica, su estrategia ha sido evitar la confrontación innecesaria, mantener abiertos los canales de negociación y hacer concesiones cuando es necesario.  Ese equilibrio ha producido resultados, pero no se trata de una estabilidad permanente. Basta con que haya un sobresalto en alguno de los temas sensibles para que la relación vuelva a tensarse.

 Comercio: avances dentro de una negociación incierta

    El frente comercial ofrece un ejemplo más claro. La revisión conjunta del T-MEC sigue abierta y las conversaciones abarcan asuntos particularmente delicados para México, entre ellos acero y aluminio, automóviles, reglas de origen, agricultura, trabajo y seguridad económica. Hasta ahora, México ha logrado mantener negociaciones sin ruptura con Washington, en contraste con la escalada que ha marcado la relación entre Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el éxito de la estrategia mexicana se medirá por la preservación del acceso al mercado estadounidense y por las condiciones que finalmente se acuerden.

 Migración: menor presión

   La migración también ha perdido parte de la importancia que llegó a tener en la agenda bilateral. El endurecimiento de la política estadounidense y las acciones mexicanas para contener los flujos hacia el norte han reducido la presión política inmediata sobre este tema. Para el gobierno mexicano, eso libera espacio de negociación. Pero se trata de un equilibrio dependiente de decisiones que México no controla por completo: un nuevo aumento de los flujos migratorios o un cambio en la política interna de Estados Unidos podría devolver el asunto al centro de la relación en muy poco tiempo.

 Estabilidad política

   En el ámbito interno, el gobierno mexicano cuenta con una posición política dominante y con capacidad suficiente para tomar decisiones y no enfrenta, por ahora, un movimiento antisistema de alcance nacional capaz de poner en riesgo  la continuidad del Estado, aunque existe malestar social, violencia regional y una elevada concentración del poder político. Esta estabilidad facilita la interlocución con Washington, porque Estados Unidos encuentra a un gobierno con quien negociar. Sin embargo, la concentración del poder en la presidencia y el partido dominante genera riesgos: cuando se debilitan los contrapesos institucionales, disminuye la capacidad de corregir errores y aumenta la posibilidad de tomar decisiones equivocadas.

Economía estable en el corto plazo con fragilidad estructural

    La economía presenta una señal parecida: estabilidad en el corto plazo, pero fragilidad estructural. El segundo trimestre de 2026 mostró una expansión, pero el crecimiento de los últimos ocho años ha sido insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante y ampliar la base fiscal. A ello se suma una informalidad laboral que todavía comprende a más de la mitad de la población ocupada. Mientras aumentan las necesidades de gasto  por pensiones, programas sociales, salud, seguridad, infraestructura y servicio de la deuda, el margen presupuestal se vuelve más estrecho. Para sostener este modelo se requiere una economía que crezca, invierta y recaude más.

 Seguridad: el principal punto de tensión

     El punto de mayor riesgo sigue siendo la seguridad. Las organizaciones criminales han desarrollado capacidades económicas, territoriales y políticas que rebasan el problema tradicional de la delincuencia. Su presencia afecta la inversión, encarece el transporte de mercancías, deteriora la vida cotidiana y, en algunas regiones, desplaza al Estado. Todo ello en medio de advertencias de Estados Unidos que no tolerará que actores políticos mexicanos sean cómplices de la delincuencia.

El caso Rocha Moya

  El caso de Rubén Rocha Moya ilustra esa vulnerabilidad. En abril, fiscales federales estadounidenses acusaron al gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios de delitos relacionados con narcotráfico. Rocha se separó temporalmente del cargo, regresó después de 112 días de licencia y volvió a solicitar licencia indefinida poco más de un día después.  Se ha especulado que el Gobierno de México negoció separarlo del cargo a cambio de evitar su extradición, por lo que  su regreso provocó una crisis que se manifestó a través del rechazo de la presidenta Sheinbaum y de su propio partido. Esta situación mostró como un caso de seguridad puede convertirse, en cuestión de horas, en un problema que afecte los frágiles equilibrios construidos.

  Equilibrio, posible, pero frágil

     Por ello, el equilibrio que ha construido Sheinbaum debe entenderse solo como un punto de partida. México necesita mantener una relación funcional más sólida con Estados Unidos, pero también fortalecer las condiciones internas que le permitan mejorar: seguridad, crecimiento, energía confiable, infraestructura, capital humano, certeza jurídica y contrapesos institucionales. Sin estos elementos, no habrá avances duraderos para el país. Los equilibrios pueden servir para ganar tiempo, pero lo importante será obtener resultados permanentes que beneficien a México.

EL RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 

Por: Octavio Díaz García de León

    En julio de 2026, las empresas OpenAI y Hugging Face dieron a conocer un incidente de seguridad ocurrido durante una evaluación interna de capacidades cibernéticas. Un conjunto de modelos de inteligencia artificial, que estaba sometido a una evaluación para ver si podía vencer un ambiente de ciberseguridad, logró salir del entorno aislado en el que estaba siendo evaluado y atacar la infraestructura de Hugging Face en busca de cumplir el objetivo de la prueba. Todo ello sin intervención humana. Esto no significa que estemos ante una rebelión de robots. Pero sí muestra que algunas herramientas de inteligencia artificial pueden recibir un objetivo y por sí mismas,  planear, utilizar herramientas digitales, escribir código de computación, ejecutar instrucciones y adaptarse a obstáculos para lograr una meta.

 Qué es la inteligencia artificial 

    La inteligencia artificial es un conjunto de sistemas capaces de realizar tareas que antes asociábamos sólo con la inteligencia humana: entender lenguaje, reconocer imágenes, identificar patrones, traducir textos, resolver problemas, generar contenidos, programar, diagnosticar, clasificar información, tomar decisiones e incluso moverse y operar como humanos. El campo de la inteligencia artificial no es nuevo. Personas como el filósofo alemán Leibnitz en el siglo XVIII pensaron en programas y dispositivos que pudieran hacer tareas pensantes. Pero fue hasta mediados del siglo pasado cuando Alan Turing planteó el problema clave de si una máquina podía imitar el pensamiento humano,  al grado de ser indistinguible de una persona,  y a partir de allí empezó a tomar un gran impulso este campo.  

 Bases filosóficas de la inteligencia artificial

    Uno de los debates de fondo en la inteligencia artificial es cómo se produce el conocimiento. Existen dos grandes formas de entender la inteligencia: por un lado, la razón, asociada a la capacidad de ordenar ideas y llegar a conclusiones mediante reglas lógicas; por otro, la experiencia, entendida como el aprendizaje que surge de observar el mundo. Durante buena parte del siglo XX, la inteligencia artificial siguió una ruta racionalista: se pensaba que bastaba con programar reglas claras para simular el razonamiento humano. Este enfoque permitió avances importantes, como los primeros sistemas expertos y programas capaces de jugar ajedrez. Sin embargo, con el tiempo se hizo evidente que la realidad es demasiado compleja para reducirla a reglas fijas. Por ello, la investigación se desplazó hacia modelos capaces de aprender a partir de grandes cantidades de datos. La inteligencia artificial actual combina ambas tradiciones: razona con estructuras lógicas, pero aprende principalmente mediante la experiencia acumulada en datos.

 ¿Deberíamos tener miedo a la inteligencia artificial?

     Es necesario entenderla y prever su impacto en la sociedad, pero no temerle como para paralizarnos. La historia muestra que toda tecnología poderosa tiene usos positivos y riesgos evidentes. La energía nuclear puede producir electricidad o destruir ciudades. La biotecnología puede curar enfermedades o producir armas biológicas. La inteligencia artificial entra en esa misma categoría de tecnologías de doble uso. Puede aumentar la productividad, mejorar diagnósticos médicos, personalizar la educación, acelerar investigaciones científicas, automatizar trámites, traducir idiomas, detectar fraudes y apoyar a empresas. Pero también puede tener su lado oscuro al utilizarse para vigilar ciudadanos, manipular elecciones, cometer delitos cibernéticos, desplazar empleos, producir desinformación o tomar decisiones injustas si se alimenta con datos sesgados. Por eso, el problema no es la existencia de la inteligencia artificial. El problema es cómo se diseña, quién la controla, con qué límites opera y para qué fines se utiliza.

 El impacto en el trabajo

     Uno de los efectos más importantes será laboral. La inteligencia artificial no sólo afectará trabajos manuales o repetitivos. También alcanzará actividades profesionales que antes parecían protegidas: abogados, contadores, médicos, ingenieros, periodistas, programadores, diseñadores, analistas financieros, profesores y consultores. Muchas tareas que requieren educación universitaria ya pueden ser asistidas o parcialmente automatizadas. Pero el riesgo es que sustituya a quienes no aprendan a trabajar con ella.

  El nuevo valor humano

     Ante esta tecnología, el valor del ser humano no estará en competir con la computadora en velocidad de cálculo, memoria o procesamiento de datos sino en formular buenas preguntas, interpretar resultados, verificar información, tomar decisiones prudentes, asumir responsabilidad, entender contextos y distinguir entre lo técnicamente posible y lo socialmente deseable. Para ello debemos entender la tecnología digital; aprender a verificar los resultados; proteger la información; regular su desarrollo sin obstaculizarla; y repensar la educación, la cual enfrenta una revolución.

 México frente a la inteligencia artificial

     México no puede darse el lujo de mirar esta revolución desde la distancia porque inevitablemente será usuario masivo de estas herramientas. El riesgo no es sólo que se pierdan empleos. También lo es quedarse rezagado. Si otros países usan inteligencia artificial para elevar productividad, mejorar servicios públicos y formar trabajadores más preparados, la brecha tecnológica se ampliará.