Por: Octavio Díaz García de León
La inteligencia suele asociarse con la seguridad nacional y la
seguridad pública, pero su lógica es igualmente útil para empresas y gobiernos:
reunir información, contrastarla y convertirla en conocimiento para anticipar
riesgos. En el sector privado puede servir para estar alerta contra la
competencia o para descubrir fraudes. En el sector público, una de sus
aplicaciones está en la identificación de riesgos en contrataciones públicas,
donde una revisión preventiva puede detectar señales de alerta.
Cuando se realizan licitaciones públicas y las convocatorias para
dichas licitaciones no están elaboradas de manera adecuada, pueden llegar a
participar empresas fantasma, empresas fachada, intermediarios, empresas con
vínculos entre sí, empresas que siempre se ven favorecidas por los funcionarios
de las instituciones, empresas quebradas o sin el personal para hacer el
trabajo. También se pueden identificar vínculos con funcionarios, licitaciones
dirigidas y otros riesgos de corrupción.
El periodismo de investigación ha venido haciendo uso de estas
herramientas y ha descubierto importantes casos de corrupción en el gobierno. Por
ejemplo, la Estafa Maestra documentó
contratos por 7,670 millones de pesos canalizados por 11 dependencias federales
y ocho universidades; 128 de las 186 empresas investigadas presentaban
irregularidades graves o carecían de capacidad para prestar los servicios. Más
recientemente, Fantasmas del Erario, de Quinto
Elemento Lab y el Observatorio de la Corrupción e
Impunidad, identificó 3,529 contratos otorgados entre 2002 y 2022 a 834 empresas
que facturaron operaciones simuladas por 11,492 millones de pesos. El caso de
la Casa Blanca de Peña Nieto exhibió, en otro plano, los riesgos derivados de la
cercanía entre altos funcionarios y contratistas gubernamentales con el
consecuente conflicto de interés.
Los riesgos no son únicamente las empresas fantasma. En 2024, el
periódico Reforma cuestionó el contrato del INE con la empresa Bell-Krom para producir
25,302 chamarras de identificación para capacitadores electorales por 18
millones de pesos pese a que otra propuesta rondaba los 8 millones. La empresa
terminó entregando únicamente 1,606 prendas dentro del plazo y, según la
investigación, había distribuido la fabricación entre ocho pequeños talleres cuya propiedad no acreditó, realizando una subcontratación prohibida. El
propio Instituto documentó después el incumplimiento y rescindió el contrato.
La inteligencia puede provenir de varias fuentes: la
OSINT— inteligencia de
fuentes abiertas— permite revisar registros públicos, antecedentes
corporativos, sanciones, contratos, litigios, socios y experiencia. La
exploración de presencia en la internet y redes sociales ayuda a comprobar si
la huella digital de una empresa es congruente con la capacidad que declara. GEOINT— inteligencia geográfica— e
IMINT— inteligencia de imágenes— permiten contrastar domicilios, instalaciones, obras o evidencia
fotográfica. FININT— inteligencia financiera— ayuda a detectar riesgos financieros. HUMINT —inteligencia humana— puede revelar
conflictos de interés, acuerdos verbales u otras prácticas ocultas. También son
útiles el análisis documental, el análisis de contratos y el análisis de
vínculos, los cuales pueden revelar competencia simulada, sobrecostos,
fraccionamiento, criterios de evaluación dirigidos, redes entre personas,
empresas y representantes, beneficiarios comunes, prestanombres y proveedores
relacionados. Además, se pueden potenciar estos métodos con inteligencia
artificial.
Las auditorías tradicionales revisan hechos
consumados, mientras la inteligencia aplicada a la gestión pública es
preventiva. Las fianzas y requisitos
administrativos que se solicitan en las licitaciones son necesarios, pero no suficientes,
para disminuir los riesgos de una mala contratación. Si bien, la inteligencia
no pretende sustituir controles jurídicos ni suponer culpabilidades, busca encontrar
información que permita identificar riesgos para concentrar la prevención en
estas áreas. El objetivo es detectar antes lo que, con demasiada frecuencia, se
descubre cuando el recurso público ya se perdió.
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