4 de agosto de 2017

LIMITAR EL CRECIMIENTO DE LA CDMX

LA SILLA ROTA OPINIÓN
Por: Octavio Díaz García de León
Twitter: @octaviodiazg

     Recientemente se dio la noticia de que se va a limitar el número de cajones de estacionamiento que tendrán los nuevos desarrollos inmobiliarios en la Ciudad de México (CDMX). La idea es que haya menos coches circulando y se supone que con esta medida se desalentará el uso del mismo. Otros efectos que tendrá esta medida es el abaratamiento del costo de construcción de la vivienda al requerirse menos cajones de estacionamiento por metro de construcción. Esto también significa un importante estímulo a los desarrolladores inmobiliarios que podrán construir vivienda de menor costo y, por lo tanto, incrementar sus ganancias.

     Esta medida, como otras que se están implementando en la CDMX pretenden que las personas dejen de usar coches y recurran a otros medios para moverse, tales como transporte público, bicicleta o a pie. Incluso en alguna nota vi que la idea es que ni siquiera salgan y mejor trabajen en casa (Espero les hayan avisado a las empresas y oficinas de gobierno). La razón es evidente. El tráfico está imposible y el crecimiento en el número de vehículos impide crear suficientes obras viales para solucionar el problema.

     Pero no estoy seguro si de verdad las personas dejarán de usar el coche con estas medidas que más bien están empeorando la situación vial al poner obstáculos a la circulación reduciendo carriles para dárselos a bicicletas y quitando estacionamientos para forzar a estacionar coches en las calles.  Lo que sí se ve más claro es el beneficio para los desarrolladores inmobiliarios al poder aumentar la densidad de vivienda en sus edificios y reducir sus costos. A ellos les resultará  más barato construir, pero eso no quiere decir que al comprador le resultará más barato ya que si la zona tiene suficiente demanda, los precios de la vivienda no bajarán. De ser así, las ganancias para el constructor serán mayores.  Lo que podría abaratar estas viviendas es que para un segmento de la población se volverá menos atractivo un edificio en donde no puedan estacionar sus coches.

    Estas medidas también incentivan el aumento de población y por ende el crecimiento de una CDMX que quizá hace ya mucho alcanzó sus límites de viabilidad para proveer servicios. Desde manejo de basura, aprovisionamiento de agua y desagüe, manejo de aguas negras, seguridad pública, transporte, fuentes de empleo y tantos otros factores que le dan calidad de vida a una ciudad.

    El uso de automóviles particulares no se hace por gusto sino porque las otras opciones son mucho peores.   Dudo  que a personas en su sano juicio les guste pasar horas en el tráfico infernal de esta ciudad; que prefieran transitar en calles llenas de baches que destrozan sus autos;  que les guste exponerse a terminar  anegadas en un charco con riesgo de ahogarse;  que piensen que es emocionante desaparecer hundidas en un socavón;  que estén esperando a que las asalten en cualquier semáforo;  que les guste pagar por gasolina muy cara desperdiciada inútilmente sin desplazarse;  que paguen con gusto  los altos costos de los seguros y el mantenimiento de sus vehículos dañados por el mal estado de las calles; que les parezca bien un reglamento de tránsito mas hecho para generar foto multas que para otra cosa. Tampoco es que los coches sean baratos y normalmente las personas hacen grandes sacrificios, aunque haya “facilidades”, para adquirirlos. A pesar de todo lo anterior, para millones de personas el auto representa la mejor alternativa de transporte.

     Y es que, si hubiese un transporte público de primer mundo, el coche pasaría a segundo término. Pero no lo hay. El Metro hace años excedió su capacidad y sus   vagones están en mal estado por falta de mantenimiento y exceso de uso; además tiene una tarifa excesivamente subsidiada que lo único que hace es agravar su situación; los metrobuses ya se saturaron y se asalta con frecuencia a los pasajeros; los taxis son caros, carecen de condiciones de limpieza y mantenimiento y no garantizan la seguridad y comodidad de los usuarios; los microbuses son una bomba de tiempo a punto de estallar. Quizá la única buena noticia reciente son los servicios tipo Uber o Cabify que vinieron a ofrecer servicios de taxi de calidad y esto no fue gracias a una medida del gobierno, sino al contrario, en contra de los intereses de funcionarios que viven de los taxistas que constituyen sus clientelas y de quienes obtienen sobornos y apoyos electorales.    

    El problema de fondo son los límites de crecimiento de la ciudad. Forzar a que siga creciendo su población mediante el aumento de densidad habitacional la acerca cada vez más al colapso. El exceso de coches es solo un síntoma de la enfermedad y no es con aspirinas que se cura un cáncer. Estas medidas en materia de construcción empeorarán el problema al ignorar el fondo del asunto.

    Quizá desde los años sesenta la CDMX se ha vuelto poco habitable por la sobrepoblación y su crecimiento imparable,  la falta continua de infraestructura urbana, la falta de seguridad pública, las miles de toneladas de basura diarias sin lugares adecuados para procesarla, las mafias que dominan gran parte de la ciudad, la delincuencia organizada que atiende al mercado de drogas más grande del país, la  ausencia de autoridad del gobierno, el clientelismo,  el desbordamiento de vehículos y la contaminación que lleva asociada, la construcción caótica y desordenada de edificios de oficina y habitacionales y la corrupción asociada a todo esto. La CDMX ha estado en crisis por décadas desde que la explosión demográfica y la inmigración explosiva del campo a la ciudad desbordó todas sus capacidades. Si a ello le sumamos desgracias naturales como terremotos e inundaciones, la CDMX tiene décadas de vivir al borde del colapso y no ha habido gobierno capaz de superarlo.

    Por ello, no es sostenible el que siga creciendo la Ciudad.  La CDMX tiene que dejar de crecer, reducir su tamaño incluso, para volverse habitable; pero no hay una sola política gubernamental en ese sentido. Todo la empuja a crecer en forma desmedida: desde la constante adición de infraestructura urbana que sin embargo siempre es insuficiente, hasta el aumento de la densidad poblacional de forma irresponsable y desmedida: donde antes había una casa unifamiliar, hoy se construyen edificios multifamiliares que saturan las colonias.

   Teniendo por todo el país ciudades de todos tamaños que compiten en infraestructura, servicios, hospitales, industria, universidades, talento y, sobre todo, con una calidad de vida muy superior a la de la CDMX como Querétaro, las empresas y el gobierno federal deberían salir de la Ciudad y ubicarse en otros lugares mucho más atractivos para no seguir agravando el problema de la CDMX.
  
    El colapso de la Ciudad de México no se resuelve con más infraestructura y más desarrollos habitacionales, aunque sea sin estacionamientos, pues esto solo atrae más personas en busca de trabajo. La solución es no permitir ya más crecimiento de la ciudad y trasladarlo a las ciudades medias. No es posible que la Secretaría de Marina, Pemex, la Secretaría de Agricultura y otras instituciones tengan oficinas en una ciudad donde no tienen operaciones o que BBVA Bancomer y HSBC hayan construido sus sedes en uno de los lugares más congestionados de la Ciudad, pudiendo haberse instalado en Querétaro, como alguna vez lo pensaron otros banqueros con mas visión. ¿Cuándo se volverá a repetir el exitoso ejemplo del INEGI que se trasladó a Aguascalientes?

   Para sobrevivir, la Ciudad de México debe detener su crecimiento desenfrenado. Un crecimiento que se ha vuelto canceroso y enferma al resto de México. No es impidiendo la libre circulación de las personas como se va a salvar esta Ciudad.



Las opiniones vertidas en esta columna son exclusivamente a título personal y no representan puntos de vista de ninguna institución.

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