16 de diciembre de 2017

ANAYA AL FRENTE


Por: Octavio Díaz García de León

    Ya podemos anticipar quienes estarán en la boleta electoral como candidatos a la presidencia. No hay sorpresas. Si bien el PRI con sus rituales de misterio hizo pensar en que varias personas tenían posibilidades, al final, el haber escogido a José Antonio Meade no sorprendió a casi nadie.  De AMLO ni que decir. Allí no necesitan rituales de ningún tipo pues se hace lo que dice su caudillo. Y el anuncio de que Ricardo Anaya será el candidato de “Por México al Frente”, después de un proceso interno que tiene asegurado, tampoco resultó novedad. Anaya tenía ya varios años en campaña.

      El panorama para los independientes es más difícil. El más aventajado es Jaime Rodríguez “El Bronco” quien ya completó el total de firmas requeridas y le sigue Zavala con cerca del 50%. Son los únicos con posibilidades. Pero hay dos problemas: el Bronco solo lleva tres de los 17 estados que se requieren y Zavala igual. Además, el primero tiene la mitad de las firmas en validación y la segunda una tercera parte. A dos meses de que se cierre el proceso, podrían quedar fuera, aunque el primero ya está muy cerca de lograrlo.

    El último de los precandidatos en formalizar sus aspiraciones fue Ricardo Anaya. Renunció a la presidencia del PAN para buscar la candidatura de su partido y con ello la del Frente. Así fueron los acuerdos entre los partidos de la coalición PAN, PRD y MC. La candidatura presidencial la tendrá el partido más grande de los tres, el PAN.

     Lo interesante de Anaya es como ha ido desactivando a sus rivales. Primero a Margarita, quien al ver cerradas sus aspiraciones dentro del PAN, se fue por la vía independiente. Luego a Mancera, quien apenas había recibido el apoyo de todos los notables del PRD en su aspiración a la candidatura presidencial, para que en unos pocos días lo dejaran fuera y se retire pacíficamente a seguir gobernando la CDMX.

     También hay que recordar que mandó al exilio (A su tierra, Chihuahua) a Gustavo Madero. Moreno Valle ni siquiera va a participar en la interna del PAN. Habrá contienda interna simbólica en el PAN pues seguramente Anaya triunfará, aunque Derbez ya declinó participar, parece que Ruffo tampoco entrará y quedando solo Romero Hicks de comparsa.

     Anaya será un candidato con buena oratoria, capacidad de debate y una imagen joven y fresca. Es abogado por la Universidad Autónoma de Querétaro, Maestro en Derecho Fiscal por la Universidad del Valle de México y Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, además, en videos, se le ha visto hablar con fluidez en inglés y francés, por lo que cuenta con una preparación sólida.

     En contra tendrá que su experiencia en el gobierno ha sido muy reducida. Su puesto más alto fue como subsecretario de Turismo en el sexenio de Calderón, pero solo unos meses. También en su camino hacia la candidatura se ha hecho de muchos enemigos que resienten su ambición y poco escrúpulo para dejar fuera a sus rivales.

    Pero no cabe duda que el Frente es una fuerza a tener en cuenta y Anaya un operador político sumamente habilidoso. Así lo ha demostrado con su capacidad para armar una coalición entre tres partidos que tienen tantas diferencias ideológicas, con un enorme pragmatismo en donde solo cuenta la posibilidad de ganar. Lo demás pasa a segundo término: ideología y militantes.

     La propuesta de Anaya de la renta universal para todos los mexicanos fue tachada de populismo, pero más bien es una propuesta ultra liberal. Si en lugar de dar subsidios a clientelas como se ha venido haciendo a través de los programas de apoyo social vigentes, se pasa a repartir esos recursos en efectivo a todos, sería mucho más eficiente el uso de recursos públicos. Sería convertir en realidad aquella añeja propuesta de Gabriel Zaid. gar a ese extremo pero de ser asios. Se ve muy dif

     En las primeras encuestas más o menos confiables, se percibe que será una lucha muy pareja entre las tres fuerzas partidistas y en un distante cuarto lugar, Margarita, si es que llega a la boleta electoral. Pero aún no han empezado las campañas y todo puede pasar.

     AMLO puede seguir la vía de autodestrucción que ha seguido en el pasado. Meade tendría que pintar su raya y desprenderse del lastre que es ser candidato del PRI, cuando la gente identifica a ese partido con corrupción, ineficacia en el combate a la inseguridad, falta de resultados en materia económica y finanzas públicas fuera de control.

     Anaya ya pintó su raya con Calderón y Fox para quitarse los negativos de ambas administraciones del PAN y tiene propuestas interesantes. Además, tiene toda la libertad para lanzarse contra el PRI y MORENA, aunque haya apoyado el Pacto por México y todas las reformas del presidente Peña.

     Quién sabe, dada la habilidad política de Anaya, no es difícil que pronto pudiera estar al frente… en las encuestas. Pero aún estamos muy lejos de las elecciones del 1 de julio.

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8 de diciembre de 2017

EL PRI PROPONE A MEADE DE CANDIDATO


Por: Octavio Díaz García de León


     Al presidente Peña Nieto le gusta jugar al ajedrez tal y como se le vio en una foto de mayo pasado y juega  con una apertura de peón de dama que es una apertura cerrada. ¿Porqué peón de dama? Porque el candidato al que escoge no es un político tradicional; siempre ha sido funcionario pero nunca ha tenido un puesto de elección popular. La dama, la pieza mas poderosa, lo protege,  pero ante políticos mas avezados, le espera un juego cerrado. José Antonio Meade ha entrado al juego.

    Hubo que dejar atrás a otros aspirantes fuertes como Osorio, Narro, Nuño y De la Madrid y lo primero que hace Meade es una operación cicatriz con ellos. Me puedo imaginar la conversación: “¿Qué quieres hacer cuando yo sea presidente? ¿Dónde te ves?  ¿Cómo quieres sumarte a mi proyecto? No te preocupes por tu gente, tendrán cabida. Si me apoyas y gano, habrá espacio para todos.”

     Falta conciliar al sector duro del PRI: a Manlio, Gamboa y otros. Pero seguro se sumarán. Así ha sido siempre. Acoger también a los de Atlacomulco, que aunque pueden regresar a su Estado y ser incorporados por Del Mazo, ya se estaban acostumbrando a la CDMX.

     Sumar al PANAL como ya se le vio  invitando a Luis Castro  a un buen café en una librería de las que le gustan a Castro y prometiendo quizá  liberar a la Maestra; sumar al Verde, ofreciéndole una muy buena opción a Manlio y a su yerno Escudero; sumar, sumar,sumar….

    Pero bueno, si se está en campaña, se trata de prometer y eso como sabemos, no empobrece. Falta ver el dar, que sí puede ser oneroso.

    Se puede pensar en el presidente Peña como estratega con quizá tres asesores que son gran maestros de la política: Arturo Montiel, Carlos Salinas de Gortari y Luis Videgaray. Pero en la soledad de Los Pinos la decisión fue suya. ¿Fue buena jugada?

    Ha impulsado como candidato a un tecnócrata con credenciales académicas muy relevantes: economista (ITAM), abogado (UNAM) y doctorado en economía en Yale, (también el alma mater de Zedillo. ¿Habrá escogido a otro Zedillo?)  Cinco veces secretario, dos en gobiernos panistas y tres en el gobierno del PRI con Peña Nieto,  con resultados aceptables. Atrae a un segmento del PAN, a los tecnócrtas del PRI, a los empresarios, tiene buen cartel afuera del país, no está “quemado”. Suena bien.

    ¿Podrá convertirse en político o ya lo es? Las campañas de mercadotecnia hacen milagros. Lo importante es que no tenga muchos negativos. Y parece que en lo personal no lo tiene. Una casa normal para su sueldo, una esposa profesionista y con intereses culturales, una familia integrada. Vaya, hasta va a misa los domingos.

    Deben haber hecho un muy buen “vetting” porque saben que sus adversartios irán con todo para encontrarle cadáveres en el closet. Seguramente no los tiene o no se hubieran arriesgado a sacarlo de candidato.

   ¿Puede ser un buen presidente? Por lo menos ha encabezado cuatro secretarías distintas y conoce lo suficiente de como se conduce un gobierno. Nadie de sus adversarios tiene esa ventaja (o desventaja si se piensa que la gente no está contenta con la conducción del gobierno).

    Ya le empezaron a pegar. Jorge Castañeda salió con una campaña agresiva: el lado flaco de Meade son sus complicidades, Castañeda dixit, con este gobierno y con el  anterior de Calderón. Si vio algo mal, no dijo nada,  o en el peor de los casos, lo encubrió.

    La duda de todos: ¿Le podrá ganar a AMLO? Porque Anaya, del PAN,  trae un hoyo en el flanco,  con Margarita cavando su tumba. Mancera tuvo la idea del Frente, dice,  pero lo dejarán fuera y entonces el también quizá tratará de cavar la tumba de Anaya. Por ello se perfila como una batalla entre dos,: AMLO y Meade,  mientras los demás se destrozan entre sí. Ya el cálculo solo se hace en quien la va a quitar mas votos a quien.

    La otra duda que corroe: ¿Si gana, meterá a la cárcel a los corruptos o será su tapadera? ¿Será capaz de mejorar la seguridad o el narco seguirá comiendo espacios? ¿Podrá sacar adelante al país a pesar de Trump, sin TLCAN y con la  reforma fiscal de aquél país? Todavía nadie sabe que va hacer sobre estos  temas, que son los que mas preocupan.

    Por lo pronto,  el peón blanco de dama está al centro del tablero. Siguen las negras.

 







2 de diciembre de 2017

VIGILAR LOS TOPES DE GASTO ELECTORAL


Por: Octavio Díaz García de León

     Se aproximan las elecciones del 2018 y el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene ante sí un gran reto para sacar adelante un proceso electoral que se espera muy reñido y donde seguramente habrá reclamos de todo tipo.

    En las contiendas cerradas y ásperas, el árbitro siempre tiende a ser muy cuestionado, por lo que el INE estará en la mira si no logra darle certeza al proceso electoral.

     Pero en esta tarea no va solo el INE y eso no hay que perderlo de vistaes establecidos por la Ley. pero rasnparencia al gasto de partidos y candidatos y asegurar que no se exceden los lse en lo p. La Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FEPADE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y otras instituciones del Estado mexicano también juegan un papel clave en garantizar elecciones limpias.

     Hay un aspecto de especial importancia para garantizar la credibilidad de las próximas elecciones: el que haya transparencia y rendición de cuentas por parte de los actores políticos en materia de financiamiento y gasto de las campañas y que se cumpla con las disposiciones legales.

     Los ciudadanos perciben que lo que reportan los partidos y candidatos se encuentra muy por abajo del nivel real de ingresos y gastos que tienen. Por ello, la legitimidad de las recientes elecciones en Coahuila y el Estado de México fueron puestas en duda debido a los supuestos gastos excesivos de campaña y el uso de recursos públicos para apoyarlas.  

     Y es que en estos tiempos en que las campañas de mercadotecnia son las que más influyen en el electorado, la cantidad de recursos que se les dedique pueden ser determinantes para definir una elección a favor de un candidato.

    Actualmente la legislación obliga a todos los partidos y a los candidatos independientes a registrar sus ingresos y gastos en un sistema de cómputo que permite darles seguimiento. Además, los proveedores de los partidos tienen obligación también de registrarse ante el INE para darle mayor transparencia a los gastos realizados.

    Por su parte, el INE cuenta con una Unidad de Fiscalización que audita los gastos y los ingresos de los partidos mediante auditorías a la documentación entregada.

     Por cierto, el presidente del INE acaba de proponer a un nuevo titular de dicha Unidad que fue cuestionado en algunos medios de comunicación
(http://www.jornada.unam.mx/2017/11/29/politica/010n1pol). Sería importante que quien llegue a ese puesto genere la mayor confianza posible entre los ciudadanos  

    El esquema de registro de ingresos, origen de los mismos, gasto y destino, aunado a las facultades de fiscalización, provee un esquema aparentemente sólido para cuidar que no se excedan de los límites que establece la Ley. Digo aparentemente, porque si todos hacen trampa y recurren a métodos sofisticados para ocultarlo, las capacidades de fiscalización del INE se quedarán cortas.

    ¿Cómo hacer entonces para vigilar de una manera eficaz que no se excedan los límites de ingreso y gasto que prevé la Ley? ¿Como superar la desconfianza de los ciudadanos que perciben que no se cumple con la Ley en esta materia?

     El problema mayor no es con el gasto que se registra en los sistemas de cómputo del INE ni con los proveedores que lo hacen ya que una tarea adecuada de revisión garantizará que, aunque la Unidad de Fiscalización tenga alcances limitados, la mayor parte del gasto registrado por lo menos siga la normatividad que exige la Ley.

     El problema es que existe un componente ilícito, que, como en los casos de corrupción, se trata de actos clandestinos hechos para no ser detectados por auditorías normales y que pasan desapercibidas porque ni siquiera están al alcance de los fiscalizadores. Por ejemplo, la entrega de recursos en efectivo no reportados, a los actores políticos; ese dinero difícilmente se detecta con una revisión de auditoría.

    ¿Cómo seguirle la huella a todo el dinero o a las aportaciones en especie que fluyen hacia las campañas y que no se reportan? ¿Qué hacer en el caso de uso, coacción y compra del voto con recursos públicos de los tres órdenes de gobierno?

    La tarea de garantizar que no se excedan los ingresos y gastos no es una responsabilidad única del INE. Debido a la naturaleza del fenómeno, se requiere que la FEPADE y la PGR, como instancias investigadoras apliquen toda la capacidad que tienen para perseguir este tipo de delitos electorales.  Se requieren capacidades policíacas de investigación para encontrar los movimientos clandestinos de dinero.

    Seguir la huella de los recursos ilícitos usados en las campañas electorales es muy difícil. Sin embargo, los ciudadanos perciben que los partidos gastan más de lo autorizado. Cambiar esa percepción requiere operativos que den más confianza a los ciudadanos. Pero esto rebasa las capacidades de fiscalización que tiene actualmente el INE y requiere técnicas de investigación que van más allá de las auditorías; se requieren técnicas de investigación criminal y de lavado de dinero para lo cual es necesario que las instituciones que tienen esas capacidades hagan su tarea. Está en juego la credibilidad de un proceso electoral que se prevé muy competido en 2018.
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FISCALIZAR LAS ELECCIONES

LA SILLA ROTA

Por: Octavio Díaz García de León

     Se aproximan las elecciones del 2018 y el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene ante sí un gran reto para sacar adelante un proceso electoral que se espera muy reñido y donde seguramente habrá reclamos de todo tipo. En las contiendas cerradas y ásperas, el árbitro siempre tiende a ser muy cuestionado, por lo que el INE estará en la mira si no logra darle certeza al proceso electoral. Pero en esta tarea no va solo el INE y eso no hay que perderlo de vistaes establecidos por la Ley. pero rasnparencia al gasto de partidos y candidatos y asegurar que no se exceden los lse en lo p. La Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (FEPADE), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y otras instituciones del Estado mexicano también juegan un papel clave en garantizar elecciones limpias.

     Hay un aspecto de especial importancia para garantizar la credibilidad de las próximas elecciones: el que haya transparencia y rendición de cuentas por parte de los actores políticos en materia de financiamiento y gasto de las campañas y que se cumpla con las disposiciones legales. Los ciudadanos perciben que lo que reportan los partidos y candidatos se encuentra muy por abajo del nivel real de ingresos y gastos que tienen. Por ello, la legitimidad de las recientes elecciones en Coahuila y el Estado de México fueron puestas en duda debido a los supuestos gastos excesivos de campaña y el uso de recursos públicos para apoyarlas, aunque el TEPJF haya determinado que el PRI no rebasó los topes de campaña y haya confirmado la elección de los candidatos de este partido en ambos estados.  

    Y es que en estos tiempos en que las campañas de mercadotecnia son las que más influyen en el electorado, la cantidad de recursos que se les dedique pueden ser determinantes para definir una elección a favor de un candidato. Esto, aunado a otros métodos ya tradicionales de fraude electoral como compra de voto y uso de recursos públicos para coaccionar a los votantes, serán los factores contra los que las autoridades electorales deberán luchar.  

    Actualmente la legislación obliga a todos los partidos y a los candidatos independientes a registrar sus ingresos y gastos en un sistema de cómputo que permite darles seguimiento. Además, los proveedores de los partidos tienen obligación también de registrarse ante el INE para darle mayor transparencia a los gastos realizados. Por su parte, el INE cuenta con una Unidad de Fiscalización que audita los gastos y los ingresos de los partidos mediante auditorías a la documentación entregada. Por cierto, el presidente del INE acaba de proponer a un nuevo titular de dicha Unidad que fue cuestionado en un medio de comunicación
(http://www.jornada.unam.mx/2017/11/29/politica/010n1pol). Sería importante que quien llegue a ese puesto genere la mayor confianza posible entre los ciudadanos  

    El esquema de registro de ingresos, origen de los mismos, gasto y destino, aunado a las facultades de fiscalización, provee un esquema aparentemente sólido para cuidar que no se excedan de los límites que establece la Ley. Digo aparentemente, porque si todos hacen trampa y recurren a métodos sofisticados para ocultarlo, las capacidades de fiscalización del INE se quedarán cortas.  Todos aquellos gastos que los partidos no registran en los sistemas son por naturaleza difíciles de rastrear y se requieren herramientas que van más allá de los métodos de auditoría normales.

     ¿Cómo hacer entonces para vigilar de una manera eficaz que no se excedan los límites de ingreso y gasto que prevé la Ley? ¿Como superar la desconfianza de los ciudadanos que perciben que no se cumple con la Ley en esta materia?

      El problema mayor no es con el gasto que se registra en los sistemas de cómputo del INE ni con los proveedores que lo hacen ya que una tarea adecuada de revisión garantizará que, aunque la Unidad de Fiscalización tenga alcances limitados, la mayor parte del gasto registrado por lo menos siga la normatividad que exige la Ley. El problema es que existe un componente ilícito, que, como en los casos de corrupción, se trata de actos clandestinos hechos para no ser detectados por auditorías normales y que pasan desapercibidas porque ni siquiera están al alcance de los fiscalizadores. Por ejemplo, la entrega de recursos en efectivo no reportados, a los actores políticos; ese dinero difícilmente se detecta con una revisión de auditoría.

     ¿Cómo seguirle la huella a todo el dinero o a las aportaciones en especie que fluyen hacia las campañas y que no se reportan? ¿Qué hacer en el caso de uso, coacción y compra del voto con recursos públicos de los tres órdenes de gobierno?

     La tarea de garantizar que no se excedan los ingresos y gastos no es una responsabilidad única del INE. Debido a la naturaleza del fenómeno, se requiere que la FEPADE y la PGR, como instancias investigadoras apliquen toda la capacidad que tienen para perseguir este tipo de delitos electorales.  Se requieren capacidades policíacas de investigación para encontrar los movimientos clandestinos de dinero.

     Ante el tamaño del reto, es necesario que todas las instancias encargadas de vigilar los procesos electorales actúen de manera coordinada y pidan la participación de la sociedad civil, instancias internacionales de observación electoral y agencias de otros países que ayuden en los procesos de revisión y fiscalización.

 Algunas ideas que el INE podría establecer o solicitar para fortalecer la fiscalización de los recursos de las campañas podrían ser:

1.    Reforzar vigilancia. La Unidad de Fiscalización del INE y la FEPADE deben recibir recursos de emergencia para el proceso electoral, cubrir vacantes a la brevedad y establecer programas de contratación temporal.

2.    Transparencia. No solo hacer pública información de ingresos y gastos de partidos y candidatos independientes, sino tener una estrategia de transparencia proactiva.

3.    Compromiso. Comprometer a líderes de partidos a firmar en público un compromiso por la legalidad y mantenerles al tanto de cualquier irregularidad detectada para que tomen medidas correctivas.

4.    Denuncias. Fortalecer el sistema de denuncias públicas para que toda la población coadyuve en el proceso de vigilancia.

5.    Usuario simulado. Utilizar estos esquemas para detectar posibles irregularidades en procesos de alto riesgo.

6.    Auxiliares. Contratar un gran número de observadores que ayuden a vigilar el flujo de los recursos en la elección. Pueden ser voluntarios reclutados en instituciones de educación superior.

7.    Independencia. Garantizar la absoluta independencia a los titulares de las instituciones encargadas de vigilar los recursos y libertad para actuar plenamente sin estar sujetos a la presión de los sujetos obligados.

8.    Blindaje electoral. Establecer convenios con los gobiernos federal y estatales para que sus órganos internos de control establezcan programas específicos para vigilar el que no se usen recursos públicos en las campañas. Estos programas a su vez deberán ser auditados para garantizar su eficacia.

9.    Blindaje contra la delincuencia. Solicitar el apoyo de las fuerzas armadas y las de seguridad pública junto con los organismos de inteligencia del Estado para vigilar con operativos especiales que no haya aportaciones del narcotráfico en áreas sensibles del país.

10. Blindar proveedores. Identificar a todos los proveedores de espectaculares, despensas, propaganda, material publicitario, transporte, eventos y otros sectores que participen en el proceso electoral y firmar un convenio con ellos comprometiéndolos a vigilar el proceso y denunciar cualquier gasto de procedencia ilícita.

11. Esfuerzo coordinado. Es necesario que las instituciones del Estado mexicano que puedan colaborar en prevenir los actos ilícitos de financiamiento y gasto de campaña, contribuyan con programas dedicados a este propósito. Deberían participar la Unidad de Inteligencia Financiera, la Auditoría Superior de la Federación y sus equivalentes estatales, la Secretaría de la Función Pública y sus equivalentes a través de sus órganos internos de control y el Sistema de Administración Tributaria (SAT), entre otros.

12. Testigos sociales. Contratar testigos sociales en cada una de las entidades federativas, pagados por el INE, con la tarea específica de seguir el gasto de las campañas.

13. Lavado de dinero. El INE deberá cooperar muy de cerca con el SAT, la UIF, PGR, colegios de notarios e instancias internacionales para detectar esquemas de lavado de dinero relacionados con actividades electorales.

14. Apoyo internacional. Buscar un organismo internacional fiscalizador que apoye en las labores de vigilancia de ingreso y gasto, junto con observadores internacionales del proceso para que participen en eacultad, modificar la legislacirificar que no est supervisando que funcionen adecuadamente.l proceso electoral.

15. Control interno. Fortalecer los mecanismos de control interno de los sujetos obligados, supervisando que funcionen adecuadamente.



    Seguir la huella de los recursos ilícitos usados en las campañas electorales es muy difícil. Sin embargo, los ciudadanos perciben que los partidos gastan más de lo autorizado. Cambiar esa percepción requiere operativos que den más confianza a los ciudadanos. Pero esto rebasa las capacidades de fiscalización que tiene actualmente el INE y requiere técnicas de investigación que van más allá de las auditorías; se requieren técnicas de investigación criminal y de lavado de dinero para lo cual es necesario que las instituciones que tienen esas capacidades hagan su tarea. Está en juego la credibilidad de un proceso electoral que se prevé muy competido en 2018. 

25 de noviembre de 2017

UNO PUEDE HACER LA DIFERENCIA


Por: Octavio Díaz García de León

Para el Dr. Santaella

    En mi colaboración anterior mencionaba que es necesario no resignarse y protestar cuando los bienes y servicios que recibimos tanto del gobierno como del sector privado no reúnen las características que deberían tener. O bien, cuando vemos cosas que están mal, no quedarse callados ni caer en la indiferencia o resignación.

    Sin embargo, hay sectores de nuestra sociedad que han hecho de la protesta una forma de vida. Recurren a formas de reclamo que en ocasiones son violentas y en la mayoría de los casos perjudican al resto de la sociedad con sus acciones. Son formas organizadas de chantaje para beneficiar los intereses de unos cuantos en detrimento de los demás.

     Es necesario entonces diferenciar entre las protestas y reclamos legítimos y aquellos que se organizan para satisfacer intereses particulares. Algunas autoridades de nuestro país han acostumbrado a grupos clientelares a darles todo lo que piden. Estos grupos ya conocen el camino y saben que, mediante manifestaciones, obstaculización a las vías de comunicación, toma de instalaciones y otros métodos violentos, pueden presionar para pedir prebendas a cambio de apoyos políticos. Este clientelismo basado en la extorsión y la dádiva de recursos públicos no es el que va a mejorar al país pues solo beneficia a unos cuantos. Como ejemplo de estos grupos están: “Los 400 pueblos”, Antorcha Campesina, la CNTE, el SME y un largo etcétera.

    ¿Cómo entonces protestar de manera legítima y no ser confundidos con los protestantes profesionales? ¿Cómo ir más allá de la protesta para que las cosas cambien?

     Un primer principio podría ser el protestar sin hacer daño a los demás. Los protestantes profesionales o incluso en ocasiones los que lo hacen con razón, no piensan en cómo afectan a los demás (Los primeros lo hacen a propósito). Inclusive una causa que puede ser justa, se vuelve impopular por las afectaciones que produce. Muestra de ello son las decenas de manifestaciones diarias que ocurren en la CDMX y que hacen más difícil la vida de todos en esa ciudad.

    Otra forma de hacerlo, que no necesita grandes movilizaciones sociales, requiere que las personas vayan cambiando las cosas por pequeñas que sean. Requiere pequeños héroes que de manera cotidiana luchen en su ámbito de acción por cambiar lo que no está bien.  Thomas Carlyle decía que “De nada le sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pero siempre le es posible mejorarlos.”  También decía que “El hablar que no termina en acción, mejor suprimirlo.” Para él los motores de la historia son los individuos a través de su acción; son quienes la escriben con sus actos. (Ver   http://stasiotika.blogspot.mx/2010/03/los-heroes-de-thomas-carlyle.html). 

   Así surgen individuos paradigmáticos que han señalado el rumbo a la humanidad. Por ejemplo, Sócrates, Buda, Confucio, Jesús, Mahoma o bien en tiempos más cercanos, personajes de acción como Napoleón, Churchill y Deng Xiaoping por nombrar algunos.  Pero no es necesario ser como estas figuras emblemáticas, sino imitarlas en pequeñas dosis. En la medida cotidiana de lo que cada uno tiene que enfrentar para mejorar lo que nos rodea.

    En México también tenemos a nuestros propios héroes que han sellado el destino de nuestro país con su influencia. Por ejemplo, Hidalgo, Iturbide, Juárez, Díaz y Madero, entre otros.  En ese sentido, no cabe duda que la influencia individual es capaz de forjar una nación. En una escala más cercana, en el artículo pasado mencionaba yo a María Elena Morera y Alejandro Martí, pero también hay muchas personas que de manera casi anónima luchan por cambiar las cosas en su entorno. Por ejemplo, fundaciones como “Unidos… Asociación Pro-Trasplante de Médula Ósea Francisco Casares Cortina, A.C.” o bien, la tarea que hace la familia Quintanar aquí en Aguascalientes con su casa hogar, en donde acoge a niños que viven en condiciones de violencia en sus hogares y les da sustento y formación.

    Hay otros ejemplos de valentía y coraje de personas que no están dispuestas a aceptar una injusticia. Así son los padres de familia que tienen años buscando a sus hijos desparecidos luchando contra amenazas y adversidades, o bien heroínas como Marisela Escobedo, asesinada a las puertas del Palacio de Gobierno de Chihuahua.

    A veces luchar contra lo que está mal requiere grandes sacrificios. Pero no se trata de eso. Se trata de realizar pequeños actos de mejora en nuestro entorno, los cuales, por pequeños que sean, se van sumando para hacer la diferencia. Por ejemplo, impedir que otros tiren basura en su calle, reclamar cuando un auto se estaciona mal, el peatón que regaña al automovilista que casi lo atropella, el pasajero que protesta ante el chofer del transporte público por manejar irresponsablemente. Esas pequeñas acciones de no resignación a la larga inciden positivamente en mejorar la convivencia.

     No hay que resignarse a lo que está mal, sino protestar cuando sea necesario para mejorar las cosas y no hacerlo a costa de los demás. Pero no basta protestar sino, con pequeñas acciones, mejorar lo que esté a nuestro alcance.  Si cada uno pasara a la acción en lugar de quejarse, tendríamos un país muy diferente.




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16 de noviembre de 2017

NO HAY QUE RESIGNARSE

LA SILLA ROTA


Por: Octavio Díaz García de León


Hay un rasgo en el comportamiento de nuestra sociedad que me llama la atención y es posible que, usted lector, haya observado. Los mexicanos tenemos una tendencia a la resignación. Claro, sin generalizar, porque siempre hay notables excepciones. Desafortunadamente la resignación, para efectos sociales, es negativa porque  impide cambiar las cosas que no están bien. Por ejemplo, acceder a mejores servicios públicos, reducir la corrupción, mejorar la seguridad pública, etc. Lo peor es que la resignación también produce frustración que luego se expresa en formas destructivas.

     Seguramente usted tendrá muchos ejemplos en su vida cotidiana de este fenómeno. Ante servicios malos, abusos de  autoridad o prepotencia de personas que deberían atender bien a otras, las personas que reciben los malos tratos tienden a quedarse calladas, aceptar la situación y no chistar.

     En otros países, las actitudes de las personas son diferentes y reclaman si algo no está bien.  En Estados Unidos, por ejemplo, una persona que no respeta una fila o que realiza acciones prohibidas como tirar la basura en la calle no teme recibir el reclamo de una autoridad que es imposible que esté en todas partes. Los que lo rodean, ciudadnos comunes, son quienes le reclaman y obligan a que respete la ley o las reglas de convivencia y de ser necesario, lo denuncian.  Recuerdo que cuando estudiaba en Estados Unidos, los profesores no tenían que cuidar a sus alumnos en los exámenes: se salían y nadie copiaba o hacía trampa, porque sus propios compañeros no vacilaban en denunciar a quienes lo hicieran.

     Pero en México, no es el caso. Usted puede ir al IMSS, al ISSSTE, o a un hospital de la SS los cuales, al estar saturados, lo pueden hacer esperar largas horas (A veces hasta meses) sin que haya quejas manfiestas, a pesar de que es un servicio que los derechohabientes pagan mensualmente y que no es barato. O bien se paga impuestos puntualmente y no se hace nada cuando ese dinero se pierde en corrupción y malos servicios. Pero los ejemplos no ocurren solo con instancias de gobierno. Se va a un restaurante con mala comida y mal servicio y aún así se deja propina y lo peor, hasta se regresa al mismo lugar; o un médico particular cita a la misma hora a 5 ó más  pacientes  haciéndolos esperar a todos innecesariamente sin que nadie diga nada y también regresan con él; o las escuelas particulares  pueden subir la colegiatura cada año todo lo que quieran sin ninguna justificación y sin embargo, los papás dejarán allí a los hijos; o  se pueden vender “litros” de gasolina de 900 ml sin que nadie proteste y se regresa a la misma gasolinera para que lo vuelvan a asaltar (Con las computadoras de viaje de los carros es fácil verificar cuanto  roban).

     No creo  que la resignación sea un rasgo cultural del mexicano pero sí es un rasgo que se encuentra con frecuencia. Es raro encontrar  reacciones contra  los malos tratos, injusticias, abusos o contra los malos bienes y servicios recibidos. En todo caso, es una reacción tímida y  las más de las veces indirecta, ya que si acaso, la queja se hace con los amigos y familia, pero no ante quien debería resolver la exigencia.  

     Creo que es tiempo, primero, de ser conscientes de que el quedarse callado no ayuda a nadie y solo perpetúa situaciones que no se deben dar. Tampoco se trata de hacer protestas como los protestantes profesionales que todos los días organizan 10 o 20 marchas por la CDMX y cuyo único efecto es molestar a los demás sin lograr mucho.  Debería ser una protesta bien encausada, con buenas razones o la ley en la mano para exigir lo que por derecho corresponde recibir. Se debe dejar de actuar pasivamente en situaciones que no son aceptables por pequeñas y cotidianas que sean. Acostumbrarse a lo malo, “al cabo que no se puede hacer nada”, es condenarse a no mejorar las cosas.

¿Por qué sucede esto? Aventuro algunas explicaciones:

1.    Da miedo reclamar. Se suele pensar que alguien, la entidad  o la persona criticada, tiene tal poder que podrá tomar represalias por un reclamo. Por ello se prefiere “no hacer olas”.
2.    No pasa nada. Se piensa que es inútil quejarse, que nadie hará caso y que las cosas no cambiarán por quejarse.

3.    Es mejor algo que nada. La actitud es de  agradecer que se tiene  el servicio por malo que sea. Podría no tenerse.

4.    Así funciona el sistema. Se echa la culpa al “sistema”. Si todo está mal. ¿Por qué pensar que algo se podrá corregir? Nada se puede hacer.

5.    Por complicidad. Se protege a quien actúa mal por solidaridad mal entendida, porque se admira a la persona que abusa, o por tratarse de una amistad.  

    Seguramente hay otras racionalizaciones de porqué se justifica la inacción ante situaciones que no se deben tolerar.

    Esta actitud en algunos casos tiene su razón de ser. Por ejemplo, la mayoría de las personas víctimas de un delito prefieren no denunciarlo, ya sea porque piensan que es una pérdida de tiempo o que será peor ir a denunciar, pues se puede ser víctima de represalias ya que a veces las propias autoridades son cómplices. Estos temores han sido confirmados por la experiencia.    

    Pero las personas que están dispuestas a no quedarse calladas han hecho una gran diferencia para el país. Por ejemplo, el activismo de María Elena Morera, Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí, entre otros, ante  las tragedias personales que sufrieron, se convirtieron en portavoces de otros que prefieren callar y han demostrado que la acción individual y desinteresada puede presionar lo suficiente para lograr cambios de fondo.

    Lo mismo ocurre con el tema de la corrupción. Protestas de ciudadanos,  periodistas,  académicos y ONG’s que han estado dispuestas a denunciar casos de corrupción,  están obligando a las autoridades a tomar acción ante las fechorías de  ex gobernadores corruptos y de otros funcionarios que se han enriquecido al amparo de sus puestos. El Sistema Nacional Anticorrupción es una muestra de lo que puede lograr una sociedad que no se resigna y está dispuesta a actuar.

    También ocurrió en el ámbito electoral, tras décadas en que la población se resignó a aceptar los designios de la clase política que se perpetuaba en el poder a base de que ganara el mismo partido con fraude y compra de voto, se pasó a tener un sistema electoral más transparente y competitivo que ha permitido transitar hacia  la democracia, porque hubo personas que no estuvieron dispuestas a tolerar esas conductas.

    No siempre se requiere la acción de las masas para lograr grandes cambios. A veces el testimonio valiente de un padre de familia que no se queda callado ante la violación que sufrió su hija a manos de cuatro delincuentes juniors o las madres que protestan por el asesinato de sus hijas, a riesgo de sus  vidas, hacen la diferencia.

     En los gobiernos existen mecanismos para quejarse y presentar denuncias. Hay que hacerlo aportando todos los elementos que permitan castigar al culpable y luego, darle seguimiento a la denuncia. Si quien se supone que debe investigar no lo hace, también debe ser denunciado a su vez.

    Si la sociedad no se vuelve exigente con los servicios que recibe, nunca mejorarán las cosas. Está en nuestras manos hacerlo. No se vale decir “al cabo que nadie hace nada” cuando  quienes deberíamos hacer algo, somos nosotros mismos. Además, los pequeños triunfos irán retroalimentándose de una forma positiva hasta lograr impactar en gran parte de la sociedad. Es tiempo de no resignarse y pasar a la acción para cambiar lo que no está bien.



                                           Twitter: @octaviodiazg

PROTESTAR PARA MEJORAR


Por: Octavio Díaz García de León

      Hay un rasgo en el comportamiento de nuestra sociedad que me llama la atención y es posible que, usted lector, haya observado. Los mexicanos tenemos una tendencia a la resignación. Claro, sin generalizar, porque siempre hay notables excepciones. Desafortunadamente la resignación, para efectos sociales, es negativa porque  impide cambiar las cosas que no están bien. Por ejemplo, acceder a mejores servicios públicos, reducir la corrupción, mejorar la seguridad pública, etc. Lo peor es que la resignación también produce frustración que luego se expresa en formas destructivas.

     Seguramente usted tendrá muchos ejemplos en su vida cotidiana de este fenómeno. Por ejemplo, usted puede ir al IMSS, al ISSSTE los cuales, al estar saturados, lo pueden hacer esperar largas horas (A veces hasta meses) sin que haya quejas manfiestas, a pesar de que es un servicio que los derechohabientes pagan mensualmente y que no es barato. O bien se paga impuestos puntualmente y no se hace nada cuando ese dinero se pierde en corrupción y malos servicios. Pero los ejemplos no ocurren solo con instancias de gobierno. Se va a un restaurante con mala comida y mal servicio y aún así se deja propina y lo peor, hasta se regresa al mismo lugar; o un médico particular cita a la misma hora a 5 ó más  pacientes  haciéndolos esperar a todos innecesariamente sin que nadie diga nada y también regresan con él; o las escuelas particulares  pueden subir la colegiatura cada año todo lo que quieran sin ninguna justificación y sin embargo, los papás dejarán allí a los hijos; o  se pueden vender “litros” de gasolina de 900 ml sin que nadie proteste y se regresa a la misma gasolinera para que lo vuelvan a asaltar (Con las computadoras de viaje de los carros es fácil verificar cuanto  roban).

     No creo  que la resignación sea un rasgo cultural del mexicano pero sí es un rasgo que se encuentra con frecuencia. Es raro encontrar  reacciones contra  los malos tratos, injusticias, abusos o contra los malos bienes y servicios recibidos. En todo caso, es una reacción tímida y  las más de las veces indirecta, ya que si acaso, la queja se hace con los amigos y familia, pero no ante quien debería resolver la exigencia. Debería darse una protesta bien encausada, con buenas razones o la ley en la mano para exigir lo que por derecho corresponde recibir. Acostumbrarse a lo malo, “al cabo que no se puede hacer nada”, es condenarse a no mejorar las cosas.

    ¿Por qué sucede esto? Aventuro algunas explicaciones:

1.    Da miedo reclamar. Se suele pensar que alguien, la entidad  o la persona criticada, tiene tal poder que podrá tomar represalias por un reclamo. Por ello se prefiere “no hacer olas”.

2.    No pasa nada. Se piensa que es inútil quejarse, que nadie hará caso y que las cosas no cambiarán por quejarse.

3.    Es mejor algo que nada. La actitud es de  agradecer que se tiene  el servicio por malo que sea. Podría no tenerse.

4.    Así funciona el sistema. Se echa la culpa al “sistema”. Si todo está mal. ¿Por qué pensar que algo se podrá corregir? Nada se puede hacer.

5.    Por complicidad. Se protege a quien actúa mal por solidaridad mal entendida, porque se admira a la persona que abusa, o por tratarase de una amistad.  

     Seguramente hay otras racionalizaciones de porqué se justifica la inacción ante situaciones que no se deben tolerar.

     Esta actitud en algunos casos tiene su razón de ser. Por ejemplo, la mayoría de las personas víctimas de un delito prefieren no denunciarlo, ya sea porque piensan que es una pérdida de tiempo o que será peor ir a denunciar, pues se puede ser víctima de represalias ya que a veces las propias autoridades son cómplices. Estos temores han sido confirmados por la experiencia.    

    Pero las personas que están dispuestas a no quedrase calladas han hecho una gran diferencia para el país. Por ejemplo, el activismo de María Elena Morera, Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí, entre otros, ante  las tragedias personales que sufrieron, se convirtieron en portavoces de otros que prefieren callar y han demostrado que la acción individual y desinteresada puede presionar lo suficiente para lograr cambios de fondo.

    No siempre se requiere la acción de las masas para lograr grandes cambios. A veces el testimonio valiente de un padre de familia que no se queda callado ante la violación que sufrió su hija a manos de cuatro delincuentes juniors o las madres que protestan por el asesinato de sus hijas, a riesgo de sus  vidas, hacen la diferencia.

    En los gobiernos existen mecanismos para quejarse y presentar denuncias. Hay que hacerlo aportando todos los elementos que permitan castigar al culpable y luego, darle seguimiento a la denuncia. Si quien se supone que debe investigar no lo hace, también debe ser denunciado a su vez.

    Si la sociedad no se vuelve exigente con los servicios que recibe, nunca mejorarán las cosas. Está en nuestras manos hacerlo. No se vale decir “al cabo que nadie hace nada” cuando  quienes deberíamos hacer algo, somos nosotros mismos. Además, los pequeños triunfos irán retroalimentándose de una forma positiva hasta lograr impactar en gran parte de la sociedad. Es tiempo de no resignarse y pasar a la acción para cambiar lo que no está bien.


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