21 de septiembre de 2018

RECORDANDO AL MOVIMIENTO DEL 68




Por: Octavio Díaz García de León.

     La idea:  Se cumplen cincuenta años del movimiento del 68 que culminó en la matanza del 2 de octubre. Un capítulo lamentable en la historia de nuestro país, especialmente por la fuerza utilizada por el gobierno para desmantelar dicho movimiento. A todos los que vivimos ese año, nos marcó de alguna forma. Lo importante es que la represión contra la oposición política legítima no se repita y que las vías democráticas permanezcan abiertas.

    En el verano de 1968 pasé unas vacaciones en la ciudad de México.  Se percibía  peligroso el acercarse a la ciudad universitaria, especialmente por el despliegue de soldados por todas partes. Había mucha tensión y preocupación entre los habitantes de la ciudad.

    Mi tío, Porfirio García de León, entonces director del plantel número 9 de la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM y ex rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, acompañó al rector Barros Sierra en la marcha del 1 de agosto del 68 junto con otros 100,000 participantes. Mi tío, a pesar de que caminaba con muletas, lo hacía con una agilidad asombrosa y estuvo todo el trayecto cerca de Barros Sierra, en esa marcha histórica en defensa de la UNAM, ante la presencia ominosa del Ejército que apuntaba con sus armas a los manifestantes.

    Mamá interrogaba al tío Porfirio por teléfono y él se mantenía discreto: la Dirección Federal de Seguridad (DFS) lo espiaba y tenía intervenido su teléfono. De hecho, cualquier militante de la izquierda (Él militaba en el Partido Popular Socialista, fundado por Lombardo Toledano) lo hacía sospechoso de ser enemigo del gobierno de Díaz Ordaz.

    Efectivamente lo espiaban, como años después lo pude constatar al obtener su expediente de los archivos de la DFS, los cuales estuvieron abiertos al público en los sexenios de Fox y Calderón. En este sexenio que termina, Osorio Chong y Eugenio Ímaz (Director General del CISEN) decidieron cerrar los archivos de la DFS al público. Ojalá el presidente López Obrador los abra de nuevo.

    Acabaron mis vacaciones en el D.F. y regresé a la escuela a principios de septiembre. A los pocos días se formó un comité de huelga en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) a donde pertenecía la escuela preparatoria donde estudiaba. Impulsado por una de las maestras que me vio cara de que no causaría mucho daño, me nombraron representante de mi salón. No recuerdo en que acabó mi efímero paso por ese comité de huelga, pero a los pocos días la UACH y el resto de las universidades del país entraron en suspensión de labores.

    Recuerdo que uno de los líderes de este movimiento en la UACH era Marco Rascón quien, en las elecciones pasadas de julio, fue candidato a jefe de gobierno de la CDMX por el Partido Humanista. Su entonces esposa nos daba clase de historia, estaba muy guapa, iba de minifalda (La memoria es muy selectiva) y nos decía que ya venía la revolución. No era de extrañarse. Los movimientos de inspiración cubano-comunista estaban en auge y Marco Rascón sería partícipe en ellos.  

     Había una gran efervescencia política en Chihuahua a raíz de movimientos guerrilleros inspirados en la Revolución Cubana. Uno de estos grupos encabezado por el profesor rural Arturo Gámiz asaltó al cuartel de Ciudad Madera el 23 de septiembre de 1965. Allí murieron él, otros siete guerrilleros y seis soldados. El evento dejó una gran impresión en la sociedad chihuahuense.

     Luego del 68 se formaron otros grupos guerrilleros en el estado tal como el que asaltó tres bancos en la ciudad de Chihuahua en enero de 1972 y donde participó Rascón. Varios de los guerrilleros perdieron la vida al enfrentarse con soldados disfrazados de civil (Probablemente la DFS los había infiltrado). Uno de ellos fue asesinado por la policía judicial o elementos de la DFS en la cárcel. Recuerdo ver llegar a la preparatoria a policías judiciales a llevarse a compañeros detenidos a raíz de estos asaltos.

    Si bien en Chihuahua el 68 se vivió de manera menos intensa que en el D.F., algunos universitarios se radicalizaron para unirse a guerrillas que intentaron derrocar al régimen del PRI por la vía armada. Echeverría acabaría con ellos ya fuera matándolos, exiliándolos, apresándolos o cooptándolos. La mayoría, en esta última categoría.

    Uno de los peores aspectos del 68 fue el uso del Ejército Mexicano para acabar con el movimiento estudiantil. Me quedan las imágenes, conocidas tiempo después, del Ejército entrando a bayoneta calada a Tlatelolco acompañados de tanquetas, arremetiendo contra una multitud desarmada y respondiendo el fuego contra soldados o paramilitares disfrazados de civiles, disparando hacia ellos y la multitud, desde el edificio Chihuahua, en una emboscada perversa orquestada por el propio gobierno.

    Lamentablemente los culpables quedaron en la total impunidad. Entre ellos, uno de los principales responsables, fue elegido como presidente.  Luis Echeverría, para alejar sus culpas, sumió al país en el caos del populismo y la irresponsabilidad económica.  

    No se debe permitir que nuevamente un gobierno trate de acabar con la oposición por la fuerza. Sobre todo, que el Ejército no se vuelva a usar contra los opositores legítimos del gobierno y que no se vuelva a recurrir al populismo para disfrazar de progresista a un régimen autoritario y represor como lo fue el de Echeverría. _______________________________________________________________
      http://www.heraldo.mx/tag/todo-terreno/                   Twitter: @octaviodiazg

No hay comentarios:

Publicar un comentario