19 de enero de 2014

PUNTO DE QUIEBRE



@octaviodiazg

     En Michoacán se llegó a un punto de quiebre. Con la llegada a ese estado del Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral del Estado de Michoacán, el gobierno federal asume las funciones más importantes de gobierno en dicha entidad. No hubo necesidad de desaparecer los poderes legales, lo cual hubiera generado más confusión. Su objetivo será detener la revolución que ya está en marcha a manos de las llamadas autodefensas. Y digo revolución porque todo indica que es un movimiento con una base popular muy amplia, de levantados en armas contra quienes gobiernan de facto ese estado: los Caballeros Templarios.

     La situación no podría ser más confusa. Un levantamiento popular armado contra  delincuentes que dominan la entidad. Unos delincuentes que han cooptado a   gobiernos estatales y municipales, a los partidos políticos, a algunos empresarios,  a las fuerzas de seguridad locales y probablemente también a las federales estacionadas allí y que gobiernan el estado en condiciones de violencia y terror, extrayendo rentas y abusando de la población. Un gobierno federal que durante años no pudo hacer nada al respecto y que durante 2013 estuvo dudando sobre qué hacer.

      Lo importante es que en Michoacán se llegó finalmente a un punto de quiebre. La población que ha venido sufriendo extorsiones, secuestros, asesinatos, violaciones, cobro de piso y otros delitos además de la violencia asociada con el narcotráfico que prolifera en ese estado sin que ninguna autoridad legal haya podido evitarlo, finalmente se cansó y decidió tomar las armas en sus manos.

      Lo que hemos venido atestiguando en Michoacán me recuerda el libro de William Shirer, “Diario de Berlín”. El autor va anotando en su diario como el poder de los nazis va creciendo poco a poco y pese a que en discurso tras discurso Hitler dice que lo único que desea es la paz, en los hechos todo lo encamina hacia la guerra ante la pusilanimidad e indiferencia de los países que pudieron haberlo detenido a tiempo. Los acontecimientos de que hemos sido testigos en Michoacán han llevado esa cadena “in crescendo”. Desde mayo de 2013 he venido escribiendo en esta columna acerca de lo que ocurre a tan solo trescientos kilómetros de nosotros y como ha ido escalando esa guerra.

      ¿Cómo se llegó a este punto? Durante décadas el tráfico de drogas en Michoacán no afectó en general a la población. Incluso favoreció a amplios segmentos de la población que se beneficiaron de la producción, transporte y venta de las drogas.  Las cosas se empezaron a descomponer cuando diversas bandas de delincuentes se disputaron el territorio y la violencia asociada a esta guerra provocó daños colaterales importantes. Basta recordar la explosión de una granada en plena celebración del Grito en la plaza Ocampo de Morelia frente a palacio de Gobierno y que produjo 8 muertos y más de 130 heridos. La violencia ya no fue entre bandas de delincuentes sino contra la población civil. Por la misma época los delincuentes también cambiaron su modo de operar. El tráfico de drogas dejó de ser el único negocio y se dedicaron a otros como el secuestro, la extorsión el cobro de derechos de piso e inclusive la explotación minera ilegal, el robo de minerales y su exportación.
Si a esto le agregamos la incapacidad o complicidad de las autoridades locales, no hubo quien defendiera a un amplio sector de la clase media sobre la que se centraron los abusos y extorsiones de los delincuentes. Bastó un poco de valor, decisión y organización para poder hacer surgir un movimiento de autodefensa. El inicio de este movimiento se dio en enero de 2013 con el cambio de administración federal cuando salieron del estado las fuerzas federales que más o menos habían tratado de contener a los delincuentes,  al quedarse la población inerme en manos de policías y autoridades  ineptas o cooptadas por los delincuentes.

      Este levantamiento, a diferencia de los movimientos delincuenciales que se disfrazan de movimientos populares, tiene  líderes que dan la cara; son empresarios, profesionistas e inclusive sacerdotes con evidente apoyo popular. El gobierno federal ha enviado a un gobernador alternativo con capacidad para nombrar funcionarios, tomar decisiones; en otras palabras, gobernar. Este Comisionado para ser exitoso no puede estar divorciado de la sociedad como lo han estado las autoridades anteriores. Debe recoger y atender las demandas populares.

     Su tarea se podría resumir en este orden:

1.    Atrapar a los líderes Templarios y desaparecer su organización.

2.    Garantizar la seguridad en los municipios de forma permanente, ya que de no ser así las autodefensas volverán a surgir.

3.    Demostrar tangiblemente a las autodefensas que ya existe un estado de derecho y seguridad en la región. Hay que convencer no confrontar.

4.    Procesar judicialmente a los delincuentes y meterlos a la cárcel en penales de alta seguridad.

5.    Restablecer la autoridad legal con desaparición de poderes y nuevas elecciones a nivel municipal.

6.    Desarmar a las autodefensas y a cualquier otro grupo armado.

7.    Desaparecer poderes en el estado, convocar a elecciones y retirar al Comisionado y toda su gente.

      Hacerlo en otro orden difícilmente resolverá el problema.  Estamos en un punto de quiebre. Lo que no se resuelva en Michoacán podrá ocurrir en el resto del país.
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