2 de diciembre de 2011

CORRUPCIÓN Y TRÁFICO DE ARMAS


La organización Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) informa que el gasto militar mundial en 2010 ascendió a $1,630 mil millones de dólares, equivalente a $236 dólares por cada habitante del planeta. Esto es lamentable porque el gasto militar, cuando se usa, solo sirve para provocar muertes, dañar a las personas y destruir infraestructura y propiedades; cuando no se utiliza, es un gasto inútil que los gobiernos podrían destinar a mejorar la calidad de vida de las personas. Esto no quiere decir que no haya casos en que se justifica el gasto, como en el caso de México, en donde es necesario fortalecer a policías y militares porque se combate a una delincuencia excesivamente armada por los traficantes de armas. Si este flujo de armas hacia los delincuentes se detuviera, no sólo pararían las muertes provocadas por ellos, sino que disminuiría la necesidad de que nuestro país gaste en defenderse.

Por lo que se refiere a la producción de armas, SIPRI monitorea a los 100 mayores fabricantes en el mundo y reporta que para 2009 el valor de la producción en este grupo ascendió a $401 mil millones de dólares. La mayor parte de los fabricantes son de Estados Unidos y Europa Occidental, aunque existen otros países con industria armamentista tales como Israel, Japón, India y Rusia. No existen datos para China pero se estima que también es una productora importante. La industria de armamento comprende la producción de armas convencionales tales como pistolas, rifles, ametralladoras, artillería, vehículos blindados, tanques, proyectiles, barcos de guerra, submarinos, aviones caza, bombarderos y helicópteros. Otro segmento comprende sistemas de alta tecnología en comunicaciones, radares, ciberguerra y aeroespacial entre otros. Incluye también las armas de destrucción masiva, tales como armas nucleares, químicas y biológicas. La gama de productos militares es amplia e incluso muchos de ellos tienen uso dual, es decir, aplicaciones civiles que no causan daño. La industria militar representa un gran negocio y millones de personas en todo el mundo viven de ella.

Aunque significativo, el tráfico de armas en el mundo es una fracción pequeña del comercio global. Sin embargo, de acuerdo a estimaciones de Transparencia Internacional, este tráfico de armas origina hasta un 40% del total de la corrupción en el mundo. Este problema tiene diversas causas. Entre ellas, el que la industria armamentista está muy ligada a los gobiernos. En Estados Unidos es evidente el problema. Los ejecutivos de las empresas se convierten en funcionarios del gobierno dentro de las áreas de Defensa, desde donde otorgan grandes contratos a sus ex empresas y promueven el gasto en estos rubros. Luego cuando dejan de estar en el gobierno, se convierten en altos ejecutivos de las empresas a las que favorecieron. Dentro del Congreso de ese país, los intereses de los militares y sus proveedores también tienen una influencia muy importante, asegurando grandes presupuestos para proyectos costosos no siempre relevantes para la seguridad nacional de ese país. Por otra parte los Estados Unidos siempre enfrentan amenazas mundiales, reales o percibidas, lo que mantiene vivo el gasto militar excesivo. Del poderío de estos intereses advertía ya en 1960 el Presidente Eisenhower, quien se quejaba de que su país obedeciera a los intereses del complejo industrial militar. Otro factor que favorece la corrupción es la secrecía con la que se manejan estos contratos ya que se invoca a la seguridad nacional para no revelar detalles. También el que estos proyectos generan altos márgenes de ganancia que permiten repartir “comisiones” y sobornos. Otro aspecto es la complejidad técnica de las operaciones aunado a lo reducido del mercado, lo cual crea ligas entre pocos compradores y vendedores. Todos estos factores contribuyen a la gran corrupción que se da en el tráfico de armas.

Existen dos casos muy sonados de corrupción que involucraron a la empresa británica BAE, la segunda productora de armamento más grande del mundo. Uno es el proyecto Al Yamamah firmado en el año de 1985, en donde la empresa realizó una venta de equipo militar a Arabia Saudita, por más de $40 mil millones de dólares; para obtenerla, se estima que le dio alrededor de mil millones de dólares en sobornos al Príncipe Bandar de la familia real Saudí, incluyendo un avión Airbus para su uso privado. El otro caso fue la venta de armas a Sudáfrica después de que terminara el régimen del Apartheid y que en lugar de que ese país destinara dinero a mejorar sus condiciones de vida, se gastó $11 mil millones de dólares en equipo militar, que en su mayor parte proveyó BAE. En este caso la Oficina Antifraude de la Gran Bretaña, detectó sobornos por 207 millones de dólares que esta empresa dio a individuos conectados con el Ministerio de Defensa de Sudáfrica.

El tráfico de armas es un gran negocio pero conlleva una enorme corrupción. Ya se trate del tráfico que alimenta a la delincuencia organizada y que tanto afecta a nuestro país, como cualquier otro tráfico de armas que solo sirve para la muerte y la destrucción. Por ello, lo mejor es acabar totalmente con este tráfico de armas.
Estoy en: www.heraldoags.com/columnas/todo-terreno.html. Twitter: @octaviodiazg,  Correo: octaviodiazgl@yahoo.com.mx.

No hay comentarios:

Publicar un comentario