24 de diciembre de 2010

GORBACHEV: LIBERTADOR INVOLUNTARIO


La caída del imperio soviético mostró la inviabilidad  del comunismo como una alternativa de organización social y económica de pueblos y naciones. El profesor Francis Fukuyama, en su libro “El Fin de la Historia y el Último Hombre”  diría que  las ideologías utópicas,  como el comunismo marxista,  han muerto y que lo que predominará hacia el futuro es el liberalismo democrático. El fin del imperio soviético fue prácticamente incruento. Ello se debió al impulso reformista y modernizador que intentó en vano  Mikhail Gorbachev, el último Secretario General del Partido Comunista de la Unión  Soviética, para tratar de salvar un sistema en el que creía firmemente pero que estaba ya en ruinas. Sus acciones o ausencia de ellas  resultaron, de manera inesperada, ser la puntilla que acabó con el comunismo soviético. El fin de este sistema se fue incubando a través de los años debido a su incapacidad para satisfacer las necesidades de la población. La insatisfacción de la gente crecía cuando veían el nivel de vida que tenían los países capitalistas y las carencias que ellos padecían. Los regímenes comunistas recurrieron a un estado policial para sostener sus gobiernos, el cual  suprimía libertades tales como la posibilidad de viajar a países del oeste,  e impulsaron una guerra ideológica por todo el mundo para tratar de imponer el sistema comunista, aspecto que  los llevó a enfrentarse con Estados Unidos y sus aliados y que tuvieron  al mundo por 45 años al borde de la guerra nuclear.

 Cuando Gorbachev accede al poder es un líder relativamente joven, comparado con sus antecesores que eran ya ancianos cuando llegaron al poder. Para modernizar el sistema comunista y darle viabilidad propone dos importantes líneas de acción: la llamada Perestroika que consistía en lograr  una modernización del sistema económico, y la Glasnost que pretendía otorgar una mayor libertad y apertura política. Tenía también una visión  muy diferente hacia los países satélites de la URSS. Bajo la doctrina de sus predecesores   los países de Europa del Este se consideraban  parte del imperio soviético y  sus gobernantes  simples representantes del gobierno de la URSS. Gorbachev  pensaba que los gobiernos de estos países debían  hacerse responsables del bienestar de sus pueblos y de resolver cada quien  sus problemas económicos. La URSS ya no tenía el dinero que por muchos años permitió  mantener a flote las  economías de esos países. Asimismo Gorbachev ya no estaba dispuesto a usar al ejército soviético para sostener a los regímenes de los países de Europa del  Este, los cuales  eran gobernados por odiados dictadores. Entre ellos  Todor Zhivkov en Bulgaria y Janos Kadar en Hungría que tenían ya más de 20 años en el poder. Erich Honecker, en  la Alemania del Este  quien estaba en el poder desde 1971 y Nicolae Ceausescu en Rumania desde 1965. Todos estos gobiernos se sostenían gracias al ejército soviético  y a enormes y crueles policías secretas, como la Stasi en Alemania del Este o la Securitate en Rumania. Cuando a finales de los ochentas la situación económica y de opresión en los  países del Este se hizo insostenible,   miles  de personas arriesgaban sus vidas todos los días para escapar hacia el oeste.  El final se precipitó cuando Hungría, habiendo ya derrocado a su dictador, permitió a finales de 1989 el libre tránsito hacia el oeste. Por allí empezaron a escapar en masa los alemanes del este, quienes luego lo hicieron también a través de Checoslovaquia. La decisión de Gorbachev de no utilizar al ejército soviético para sostener los regímenes de los países de Europa del Este precipitó el fin de estas dictaduras. El 9 de noviembre de 1989 cae el muro de Berlín y en unos cuantos meses cae también el régimen comunista de Alemania del Este,   iniciándose la reunificación de las dos Alemanias. Luego siguieron las caídas de los demás regímenes  en el resto de los países de Europa del Este, de una manera relativamente incruenta, excepto en  Rumania donde el odiado dictador y su esposa fueron fusilados. Al poco tiempo le llegó el turno al propio Gorbachev quien fue derrocado y así acabó  el comunismo en la  Europa del Este y Rusia.
El comunismo se niega a desaparecer por completo y pervive  en Cuba, China y Corea del Norte y recientemente ha habido  brotes que se ostentan como simpatizantes de esta ideología en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Pero gracias a Gorbachev, aunque nunca fue su intención,  se cerró el capítulo de las  luchas ideológicas del Siglo XX lo que  ha permitido que miles de millones de personas en todo el mundo hayan mejorado sus niveles de vida.

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