21 de enero de 2017

TRUMP NOS MUESTRA NUESTRA REALIDAD


Por: Octavio Díaz García de León

Para consternación de México y de casi todo el resto del mundo (Rusia está feliz), este viernes 20 de enero tomó juramento como el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos, Donald John Trump, de 70 años de edad. Ese país inaugura así una nueva era en la geopolítica mundial, especialmente en la relación con su vecino del sur y la noticia no es buena para nosotros. Trump no se ha cansado de insultar a México y a los mexicanos y amenazar a nuestro país con quitarnos empleos, modificar el TLCAN para que Estados Unidos tenga más ventajas y con la deportación de millones de personas indocumentadas.  Pero no cabe duda que Trump y los americanos que lo respaldan, por minoría que sean, están en su derecho de decir lo que quieran. Nos toca a nosotros defendernos.

Desafortunadamente las posibilidades de defensa son muy reducidas. Tenemos una economía tan dependiente de los Estados Unidos que nos hace muy vulnerables a los designios de ese país. El 80% de nuestras exportaciones se han dirigido a ese país desde por lo menos 1993 y el 46% de las importaciones en 2016 provinieron de Estados Unidos. (http://www.gob.mx/se/acciones-y-programas/comercio-exterior-informacion-estadistica-y-arancelaria) Lo mismo sucede con las remesas de dinero y el turismo que en su mayor parte provienen de nuestro vecino del norte. Tampoco tenemos unas fuerzas armadas que nos permitan, ni modestamente, presentar una defensa militar, como sí la tienen los chinos y otros países que sí pueden plantear una defensa contra países más poderosos. Como decía en un artículo anterior, los americanos no han invadido de nuevo a México simplemente porque no quieren.

Nuestros problemas internos también nos debilitan. El hecho de que los niveles de inseguridad están creciendo, que el tráfico de drogas hacia Estados Unidos continúe en cantidades muy significativas, que el Estado mexicano no controle porciones del territorio nacional que se encuentran en manos de la delincuencia, que exista una  corrupción rampante, haya una  debilidad institucional, que la economía esté frágil por los altos niveles de endeudamiento, la inflación, el gasto excesivo del gobierno, la devaluación del peso y otros males internos, no nos permite presentar un frente de defensa adecuado. Además, nos encuentra divididos y con liderazgos debilitados.

No que amenace con reaparecer el fantasma de 1847 ni que sea premonitorio que el presidente de entonces sea homónimo del actual, pero nuestras debilidades hacen recordar a esa época infausta. Desde luego no está en juego nuestro territorio porque las formas del colonialismo se han civilizado, pero el daño que puede sufrir nuestro país puede darse en la forma de una posible crisis económica de grandes proporciones y una crisis humanitaria derivada de las deportaciones. La gobernabilidad de nuestro país se podría poner en riesgo.

La amenaza de Trump no es sencilla y le tocará enfrentarla en estos dos años que le restan a la administración del presidente Peña. Si bien los últimos tres cancilleres no han tenido ninguna experiencia diplomática previa, esperamos que el actual no se precipite y conduzca la relación con Estados Unidos de la mejor manera posible, aunque llega a la mesa de negociaciones con un país debilitado y con pocas fichas para negociar.

Nos enfrentamos a un escenario inédito para las últimas cuatro generaciones de mexicanos. Desde la última vez que intervinieron los Estados Unidos en nuestro país allá por la década de los años veinte del siglo pasado, México ha tenido una relación relativamente buena con nuestro vecino del norte. Las amenazas de Trump, y hay todos los indicios de que las cumplirá, nos toman mal preparados a pesar de que Trump dejó ver sus propósitos desde mediados del 2015.

Por décadas hemos escogido ser el vecino débil del sur y apostarle, a partir de la firma del TLCAN, a las buenas intenciones y la buena voluntad del vecino del norte mediante una cada vez mayor integración con ese país. Nos toma ahora por sorpresa esta nueva tendencia de las naciones desarrolladas que quieren aislarse, porque la economía globalizada no ha cumplido las expectativas de toda su población.

 México ha renunciado a jugar un papel geopolítico relevante desde que se derrumbó el Imperio de Iturbide. La invasión francesa y el Imperio de Maximiliano nos volvió a poner en el teatro del mundo para contrarrestar el creciente poder de los Estados Unidos pero la caída de este imperio nos borró del mapa geoestratégico, como posible potencia regional, para ponernos en la órbita de los Estados Unidos. Esta podría ser la oportunidad para cambiar esa situación.  

Trump es el espejo que nos muestra nuestras debilidades, carencias y dependencia. Ojalá que también sirva para mostrarnos nuestras fortalezas y de lo que somos capaces. Estados Unidos con Trump a la cabeza, estará construyendo su muro de la soledad, cortando el cordón umbilical para dejarnos navegar solos. Que mejor oportunidad para poner en orden la casa y salir adelante por nosotros mismos.

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